«La alegría y la satisfacción del corazón hacen que me crea el misionero más feliz del mundo»
(S. J. S., en Tibidabo). Gandhi se preguntaba sobre la fuente del heroísmo de este misionero belga, que renueva el gesto de Vicente de Paúl, yendo a compartir el destino de los leprosos de las islas Hawai. Víctima de la lepra, muere en 1889. En aquella época, de grandes avances misioneros y coloniales, su figura y su heroísmo destacan poco, pero ha sido todo un símbolo y un estímulo para la Iglesia y la sociedad del siglo XX. El apóstol de Molokai acaba de ser canonizado por Benedicto XVI.
Bernard Couronne traza en esta Vida del Padre Damián el itinerario espiritual que llevó a Damián de Veuster, joven misionero de Flandes, a seguir su ardor por el evangelio hasta la identificación con los más desheredados, en cuerpo y alma, de su tiempo. Enfermo, condenado, dos años antes de su muerte, el P. Damián escribe: «La alegría y la satisfacción del corazón hacen que me crea el misionero más feliz del mundo».
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