(Santiago Agrelo).-La muerte nos agobia, y la soledad se nos ha pegado como una piel a la piel. Ésta es la noche del hombre, intuida por el sentido y experimentada por el corazón mucho antes de que fuese formulada por el discurso: ¡Estamos solos! La soledad es un gusano que devora nuestra dicha, mientras teje la seda que nos envuelve en un presente sin futuro.
«El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro, al amanecer, cuando aún estaba oscuro».
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