De su despedida lúcida y evangélica, me duele especialmente es afrase en la que dice que "en la iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos"
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(José Manuel Vidal).-Se va el teólogo franciscano José Arregui. Se va «con dolor y vértigo, pero con paz». Se va sin reproches. Deseándole lo mejor al «hermano obispo José Ignacio Munilla». Se va sin hacer sangre. Y podía haberla hecho. Y mucha, me consta. Se va con espíritu franciscano. Con espíritu franciscano profético, se va haciendo un servicio al Evangelio: denunciando el sistema, la falta de libertad en la Iglesia, en la que presumimos que «la verdad nos hace libres». Se va un gran teólogo. Valiente y crítico. Gana Munilla o eso parece. En el fondo, pierde el obispo de San Sebastián, porque pierde la libertad y pierde la Iglesia entera.
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