El Papa dice que no se puede negociar sobre la fe como en política

El Papa dice que no se puede negociar sobre la fe como en política
. EFE/Archivo

Benedicto XVI dijo hoy que el camino hacia la unidad de los cristianos sigue teniendo puntos «difíciles», pero «no se detiene», y argumentó que no se puede negociar sobre la fe como si fuera un asunto político.

El Papa recibió hoy en el Vaticano a los participantes en la sesión plenaria del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos con motivo del 50 aniversario de su creación, ante los que reiteró el «compromiso» de la Iglesia Católica en trabajar en aras de la unidad de los seguidores de Cristo, separados desde hace casi mil años.

El papa Ratzinger reconoció que sigue habiendo «situaciones problemáticas o puntos difíciles» en el diálogo ecuménico, pero subrayó que eso no significa que el camino, sobre todo en Occidente, haya perdido «impulso».

El Obispo de Roma aseguró que la Iglesia Católica «prosigue con pasión el diálogo, buscando profundizar de manera seria y rigurosa en el común patrimonio teológico, litúrgico y espiritual y afrontar con serenidad y compromiso los elementos que aún nos dividen».

«La meta del camino ecuménico continúa inmutada, como el fuerte compromiso para lograrla. No se trata de un compromiso político en el que entra en juego la habilidad de negociar o la mayor capacidad de encontrar compromisos y a través de buenos mediadores y de un cierto tiempo llegar a acuerdos aceptables», afirmó Benedicto XVI.

El Papa agregó que en la fe no se da esa capacidad negociadora existente en la política y que para que avance el diálogo ecuménico es necesaria la plegaria y la penitencia.

El Pontífice teólogo subrayó que la unidad de los cristianos «no la hacen» ellos, sino que llegará desde Dios. No obstante, ello -precisó- no impide que disminuya el compromiso de los cristianos para que se produzca cuando antes.

Oriente y Occidente se separaron con el cisma de 1054, con las excomuniones del papa León IX y del patriarca Miguel Celurario. Desde entonces han pasado casi mil años de incomprensiones y recelos.

Les separan razones teológicas, como el rechazo de los ortodoxos al primado de la Iglesia de Roma y la negativa de la infalibilidad del Papa.

Los ortodoxos no reconocen la validez de los sacramentos católicos, al contrario que la Iglesia católica que sí admite, desde el Vaticano II, los de la Iglesia ortodoxa.

Los ortodoxos culpan a Roma de proselitismo y de intentar expandirse en territorios hasta ahora bajo su control.

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