Entrevista con José Arregui, "franciscano sin papeles"

«La única herejía es perder el ánimo y la confianza»

"La institución eclesial está caminando en dirección contraria a la historia"

Que el Vaticano sea Estado sigue ligando a la Iglesia con el poder temporal, y eso es lo más opuesto a lo que hizo y enseñó Jesús.

(José Manuel Vidal).- «Las cartas de José Arregi» (Ediciones feadulta.com) es una selección de reflexiones «circunstanciales» algunas publicadas y otras inéditas que abordan diversos temas como Jesús, las figuras que pueden ser modelos para «los peregrinos», la ex comunión, las vocaciones, el matrimonio, el divorcio, la homosexualidad y otras cuestiones más personales. José Arregui, franciscano «sin papeles», sigue más libre que antes, opinando sobre cualquier tema que afecte a la Iglesia, a su Iglesia, de la que nunca ha salido. Ha sobrevivido, no sin heridas, a la vorágine desatada por monseñor Munilla.

Su libro, como indica en el título, ¿pretende poner las verdades de la fe al alcance de la gente de hoy? ¿Qué ofrece a la gente en busca de claves espirituales profundas?
En esas llamadas «verdades de fe» me interesa únicamente aquello que está en su origen y que es su núcleo, es decir: la confianza en Dios como Misterio último de ternura creadora, la fe en la bondad como corazón de la realidad, la esperanza contra toda esperanza en que otro mundo es posible en este mundo, la confianza en todo ser humano y en todos los seres, la confianza en su capacidad para ser buenos y felices, la convicción de que estamos inmersos en plena creación divina y de que el Espíritu de Dios sigue aleteando sobre todas las aguas y alentando en el corazón de todos los seres, la llamada a la compasión como motor primero de la transformación del mundo. Creo que la bondad creadora y creativa es lo fundamental de todas las «verdades de fe» y que eso es lo que Jesús anunció y practicó, que eso es el Misterio de Dios, y que todos estamos llamados a encarnarlo. Eso es lo que a mí me anima y creo que eso es lo que la gente busca. Eso es lo que trato de decir con las palabras más sencillas que puedo.

¿Se puede hacer eso sin caer en herejías y sin atentar contra los dogmas de la Iglesia católica?
Sinceramente, creo que los dogmas no quieren decir otra cosa que lo que acabo de decir. Los dogmas no quieren describir el Misterio de Dios, de Cristo o de la Virgen, sino abrirnos los ojos y la mente y el corazón. Los dogmas quieren sugerir lo más grande y lo más simple, que es lo más bello y lo mejor. Quieren sumergirnos en el corazón de Jesús y de su Buena Noticia, animarnos a encarnar a Dios como Jesús lo encarnó. Quieren invitarnos a inventar imágenes y palabras para volver a decir hoy lo indecible de manera que resulte estimulante y transformador. Para mí, seguir repitiendo sin más las fórmulas de los dogmas, eso es atentar contra los dogmas de la Iglesia. Y la única herejía es perder el ánimo y la confianza, y también la libertad de la palabra.

¿Se siente, por fin, libre, para poder expresar todo lo que lleva dentro?
Tal vez me siento un poco más libre. Pero es una libertad superficial. La libertad fundamental no depende de que uno dependa un poco más o menos del superior provincial o del obispo. Lo fundamental es la libertad del Espíritu de Dios que nos hace sentirnos hijas e hijos, hermanas y hermanos de todos los seres. La libertad del Espíritu que inspira y hace respirar. Yo me siento muy lejos de esa libertad del Espíritu en el corazón y en la palabra. Todos tenemos un montón de miedos, autocensuras, intereses… y yo como el que más.

¿Le duele haberse convertido en una de las ‘bestias negras’ de los talibanes católicos?
¡Esos sí que no! Ni lo siento así ni eso me duele. En realidad, apenas leo las cosas que dicen. Cuando, alguna vez, echo un vistazo por curiosidad, me sorprende el tono de algunos comentarios y me digo: «Quien escribe con tanta acritud y violencia debe de estar sufriendo dentro», y me da pena. Además, creo que hacen mucho daño a la causa que quieren defender, y eso no me da ninguna pena.

Pasada la vorágine (especialmente la mediática), ¿se arrepiente de algo?
Me arrepiento de no haber sabido evitar un poco más esa vorágine. A veces, por falta de prudencia o de control de la situación. A veces porque me cuesta decir no. Casi siempre, por estar demasiado poco desapegado del yo. Pero quiero asumir cada una de las palabras dichas y cada uno de los pasos dados, y con todo ese pasado ambiguo quiero seguir mirando adelante. Estoy en paz.

La gente le sigue, su blog es un éxito, sus libros se venden como rosquillas…¿los católicos necesitan referentes libres e independientes, que los traten como adultos?
Hay mucha gente que siente una gran necesidad de recuperar las fuentes de la espiritualidad, que es como decir, de respiro, de paz, de armonía con la naturaleza que somos y de la que formamos parte, de Dios… Y buscan referentes, maestros espirituales, es verdad. Pero también es verdad que a veces no encuentran más que lo que los medios les ofrecen en cada momento. Por supuesto, ¡Dios mío!, yo no soy ningún referente ni maestro de vida, y esto no es humildad.

¿Comparte el diagnóstico papal sobre el «laicismo agresivo» de Zapatero?
No, no lo comparto en absoluto. Hay una gran campaña neoconservadora de tipo económico y religioso, a nivel mundial y en especial a nivel del Estado español. El integrismo político y el integrismo religioso se dan la mano una vez más. Me parece infame, máxime teniendo en cuenta que, si hay algo que se pueda reprochar a Zapatero a este respecto, no es su laicismo agresivo, sino, muy al contrario, su falta de decisión a la hora de aplicar el Estado laico con todas las consecuencias, atendiendo a la realidad social, sí, pero también con claridad de criterio y valentía.

¿Debería dejar el Papa de ser Jefe de Estado?
Debería dejarlo ya, ahora mismo. No tiene sentido seguir manteniendo ese residuo medieval anacrónico, en nombre de una supuesta libertad de la Iglesia respecto de los poderes temporales. En realidad, lo que sucede es justo lo contrario: que el Vaticano sea Estado sigue ligando a la Iglesia con el poder temporal, y eso es lo más opuesto a lo que hizo y enseñó Jesús. Hace un daño inmenso a la Iglesia, a la libertad del mensaje, a la búsqueda espiritual del mundo actual, a la esperanza de liberación de la humanidad y de todas las criaturas.

¿Qué sintió al ver a las monjas fregar el altar de la Basíllica de la Sagrada Familia?
Lo he visto sólo en fotos. Me produce cierto bochorno. Es una imagen afrentosa, de otros tiempos. Esas monjas lo hacen, seguro, con la mayor generosidad, pero siguen siendo víctimas de un sistema patriarcal que las utiliza, infravalora, degrada.

¿La Iglesia tendrá que pedir pronto perdón por la marginación a la que sigue sometiendo a la mujer en su seno?
Lo debía haber hecho ya, y algún día lo hará, con siglos de retraso, eso sí, como le ha sucedido en todas las causas.

¿Será capaz la Iglesia de volver a conectar con la modernidad desde los modelos actuales de cristiandad?
La Iglesia tiene aún pendiente su aceptación de la modernidad: la razón crítica, los principios democráticos, los derechos y la igualdad de todas las personas… Pero es que, además, hoy nos encontramos en una cultura de la modernidad radicalizada en la sociedad de la información, con el estallido de la verdad y la crisis de todas las instituciones que eso conlleva. La institución eclesial está caminando en dirección contraria a la historia, y lo hace con el concurso de los grandes poderes políticos y económicos neoconservadores del mundo de hoy, calculando que el proyecto neoconservador tendrá éxito. Tiene a su disposición todos los poderes para tener éxito. Pero el éxito de ese proyecto neoconservador con el concurso de la Iglesia sería un terrible fracaso de la Iglesia, del Evangelio, de los cristianos.

¿Para cuándo otra primavera eclesial, como la del postconcilio?
Todavía queda invierno por delante. Tal vez no llegará la primavera sino después de que mueran del todo los restos institucionales de una Iglesia empeñada en seguir anclada en el pasado. El Espíritu sigue soplando. El Espíritu es primavera.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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