El 12 de febrero, presentación oficial en Burgos

La Epifanía de Iesu Communio

«Hay tiempo de callar y tiempo de hablar»

«Vosotras podrías dar la respuesta evangelizadora a los jóvenes de nuestro tiempo»

(Joaquín Luis Ortega, Diario de Burgos).- Epifanía es un vocablo griego que equivale a manifestación. Es el término que mejor se ajusta a la presencia de las Hermanas de Iesu Communio, el sábado 12, para celebrar en la catedral una Eucaristía de acción de gracias, expresión de su eclesialidad y del arranque de su nuevo instituto, recién aprobado por la Santa Sede.

Digamos que será una presentación en sociedad y que, como es de esperar, acabará con esas madejas de misterios, fantasías y secretos que se han tejido últimamente entorno a Lerma y a La Aguilera. Iesu Communio ha guardado un silencio encomiable hasta su reconocimiento papal. Recibido este, se rompió con un comunicado colectivo y oficial.

Después, la madre Verónica ha escrito a sus hermanas Clarisas una carta de familia que parecía indispensable y que ha resultado altamente ejemplar. Así las cosas, la ceremonia de Burgos será una manifestación de la existencia eclesial de Iesu Communio y de su tarea en la Iglesia. Las hermanas de Lerma-La Aguilera han seguido la pauta bíblica: «Hay tiempo de callar y tiempo de hablar», que dice el libro del Eclesiastés.

Con la celebración del día 12 estamos ante un hecho nuevo y renovador. La historia – y también la de la Iglesia – se repite. La vida monástica ha ido creciendo y renovándose al compás de los tiempos. Tras el monacato en los desiertos, vinieron las órdenes de benedictinos y cistercienses, siempre en la lejanía de las montañas y de los valles.

Ya en la Edad Media, por obra y gracia de Francisco de Asís y de Domingo de Guzmán, los mendicantes se instalaron en el corazón de las ciudades y poblados. Otras innovaciones, tras el Concilio de Trento, en el siglo XVI, fueron aportando fórmulas de vida religiosa masculina y femenina al hilo de la sensibilidad de cada época. ¿No tiene la nuestra perfiles propios (especialmente en el mundo femenino), como para que surjan nuevos modelos?

Ya en 1982, Juan Pablo II, en su discurso a las monjas de clausura de toda España reunidas en el Carmelo de Ávila, les dijo cosas como estas: «Vuestros monasterios son comunidades de oración y podrían ser también centros de acogida, sobre todo para jóvenes» o «Vosotras podrías dar la respuesta evangelizadora a los jóvenes de nuestro tiempo».

En esa línea evangelizadora ha venido moviéndose, en los largos años de gestación, la fundación de Sor Verónica. Lo mismo que en esa línea se movieron antaño otros fundadores ribereños. La historia, también la de la Iglesia, se repite. Es el caso de Domingo de Guzmán o de Caleruega y el del ya beato cardenal Sancha, nacido en Quintana del Pidio, entre Lerma y La Aguilera. Con la diferencia de que hoy, en la Iglesia, se siente intensamente la necesidad de una nueva evangelización. Así lo pensó Juan Pablo II y Benedicto XVI ha escrito: «Existimos para evangelizar». En este contexto eclesial, la ceremonia de la catedral será emotiva y cálida. Con permiso, claro, del frío catedralicio que, por desgracia, se ha hecho ya proverbial.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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