Algunos sólo quieren "gestos útiles y prácticos" en la Iglesia

¡Pobre Judas!

"Me da pena Judas. Yo también he sido Judas en algunas ocasiones"

"Los cientos de miles de cristianos que lavan los pies de Jesús en los pobres del mundo, llena "toda la casa" (la Iglesia) de un extraordinario olor"

(Francisco Rafael de Pascual, monje Cisterciense).- En la ópera Jesus Christ Superstar los fariseos, subidos a unos andamios (los andamios del poder, de la autoridad científica y religiosa, de los votos comprados- cantan con voz emotivamente grave: – ¡Pobre Judas, pobre Judas…! (desde hace más de treinta años oigo esta ópera todos los martes santos).

Judas aparece en los tres relatos evangélicos de estos días -lunes, martes y miércoles-. No como protagonista, sino en el trasfondo, en contrapunto, descolocado.

1. Judas en casa de Lázaro, Marta y María, en la cena que le ofrecen a Jesús estos tres amigos por el don de la resurrección. Desentona, porque no ha captado que en torno a Jesús todo es gratitud y gratuidad, y hasta el relato erótico de una mujer secando con sus cabellos los pies de su amigo y derramando perfume sobre él se le escapa.

Hay quienes en la Iglesia sólo quieren «gestos útiles y prácticos», que reporten beneficios (en número y seguidores, en ruido y bullicios, en obras de misericordia reconocidas…). La entrega amorosa de cada día, celibataria o no, parece que no tiene sentido. Sólo lo que brota del amor tiene sentido en la Iglesia. Para mí, los cientos de miles de cristianos que lavan los pies de Jesús en los pobres del mundo, llena «toda la casa» (la Iglesia) de un extraordinario olor. Lo percibo, lo siento, lo veo, me estimula a dar todo lo que tengo.

2. Judas en la cena de Jesús. Cena que el Maestro ha preparado primorosamente, sin que se le escape un detalle. Lo ha hecho él personalmente, sin delegaciones ni normas preestablecidas en los rituales. Es una cena para amigos y se va a dar él mismo en ella, totalmente: eso es la eucaristía. Pero Judas sólo participa en el ritual, está ausente, sólo el tiempo justo, tiene cosas que hacer, y desaparece sin haberse enterado de lo que ha sucedido. Otros asuntos, en los que tiene puesta su atención, le reclaman. La cena pascual no le ha servido de nada: ni le ha sorprendido, con sus maravillosos detalles, ni le ha cambiado, porque, en realidad, no estaba atento ni sentía necesidad de cambiar.

3. Judas en el relato de la Pasión: traidor decepcionado. Jesús no ha respondido a sus expectativas. Utiliza el beso para señalar a Jesús. Especialista en conducta equívocas, aparentemente buenas, pero dañinas. Obra en la noche, se hace seguir de correveydiles a sueldo, de oportunistas y «mandados»; en realidad es utilizado. Su fin es la frustración, el autoaniquilamiento, la desesperación y la muerte en soledad.

Por eso me da pena Judas. Yo también he sido Judas en algunas ocasiones. Todos podemos reconocernos a veces en Judas. Hay algunos Judas entre nosotros.

Ya lo he dicho: Judas que no comprenden lo gratuito y todo lo quieren justificable (aunque sea con citas bíblicas, patrísticas y de derecho «canónico»).

Judas que siempre tienen algo más importante que hacer que estar con Jesús y agradecerle su cena, disfrutando de una agradable sobremesa en compañía de los demás. Judas que se decepcionan porque no consiguen lo que pretenden, aunque piensen que es lo mejor, y no dudan en aliarse con una cohorte de mandados serviles y vocingleros a sueldo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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