Juan Antonio Espinosa, cantautor cristiano

«Las canciones tienen que surgir del pueblo, no de la jerarquía»

"La involución de la Iglesia también se nota en la música"

Donde se levanta un pueblo exigiendo libertad, están la voz de Dios y el Espíritu empujando fuerte

(Jesús Bastante).- Es el autor de éxitos como «Alegre la mañana» y tantas otras canciones que hicieron época en la Iglesia, y que aún hoy resuenan en todas las parroquias de España e Iberoamérica. Pese a todo, Juan Antonio Espinosa, cantautor cristiano, sostiene que «no considero que mis canciones sean mías: ha habido tal encuentro en ellas, el pueblo las he hecho tan suyas, que son las canciones de la asamblea». «Las canciones tienen que surgir del pueblo, no de la jerarquía«, insiste.

«No se puede sepultar la luz«, es la canción con la que arranca esta entrevista. Habrán visto cómo arrancamos hoy de una manera distinta, con más alegría y buen rollo que en otras ocasiones. Juan Antonio Espinosa, muy buenos días y bienvenido a Religión Digital. Es una canción que además, en fechas como la de hoy, (la entrevista se hizo el 25 de marzo, un día después del trigésimo primer aniversario de la muerte de Monseñor Romero), tiene mucho que ver con América.

-Sí, esta canción la compuse en el Perú y se hizo especialmente fuerte por el asesinato de Romero, de Ignacio Ellacuría y sus compañeros. Se ha convertido casi en un himno de las comunidades cristianas populares de toda América Latina, y también aquí en España.

-La fe en Iberoamérica tiene muchísimo que ver con personajes como Monseñor Óscar Romero o Ellacuría; el obispo Gerardi, que fue de los últimos masacrados por luchar por la libertad…

Yo he estado alejado mientras cantaba, porque escuchar a Juan Antonio en directo es un lujo. Y esa letra es un grito…De un pueblo que, pese a todo, no deja de cantar.
-Precisamente tuve la suerte de tener como profesor de Teología a Ignacio Ellacuría. Nos daba Historia de la Salvación y Salvación en la Historia. Y esa corriente de Teología de la Liberación que empatiza con las primeras vivencias del Pueblo de Israel, actualmente sigue teniendo un significado especial, al menos para algunos de nosotros. Cuando se levanta un pueblo exigiendo libertad, ahí está la voz de Dios y está el Espíritu, empujando fuerte.

-¿Siempre en pos de la libertad? La que nos haga verdaderos, igual que la verdad nos hará libres…
-Totalmente.

-Juan Antonio Espinosa viene a presentarnos varios proyectos. El principal es Canciones de un pueblo caminante, que creo que ya está editado en Estados Unidos.
-Sí, han sacado una antología de tres cedés que hemos titulado así a nivel genérico, porque siempre el camino y el pueblo están presentes en mis canciones. Fundamental. Tal vez una de las vivencias más profundas que debemos al Concilio Vaticano II sea descubrirnos no sólo como Iglesia, sino como Pueblo de Dios. Y que la liturgia sea la celebración de la fe de ese Pueblo de Dios.

-Y siempre en camino, a diferencia de lo que a veces parece nuestra reciente Historia: que ni acabamos de ser pueblo, ni seguimos el camino. Tal vez estemos anquilosados…
-Sí, y el camino siempre nos está hablando de ir hacia adelante. Hacia atrás, sería involución.

-Ni para coger impulso…(risas).
-Nada, nada: siempre hacia adelante.

-Conocerán muchísimas canciones de Juan Antonio Espinosa. Por supuesto, Alegre la mañana es la que todo el mundo ha cantado alguna vez, incluso fuera del ambiente religioso.
-…Danos un corazón grande para amar hombres nuevos…Ven con nosotros a caminar, Santa María, ven…
Muchas de esas canciones se han hecho muy populares y en diferentes partes: acá en España, en Latinoamérica, en Japón, traducidas al italiano…Han sido canciones que han reflejado mucho esa vivencia que tan fuerte se sintió con el Concilio Vaticano II y que, desgraciadamente, en estos tiempos que corren ya se han perdido. De la fe comunitaria, que la fe que había en el pueblo, hemos vuelto casi al siglo XIX, cuando la fe se vivía a nivel personal. Y desde luego que el nivel personal es fundamental, pero la celebración de la eucaristía es más importante. Claro que esta palabra ya ha pasado al olvido: ahora tenemos misas a ultranza, que han perdido el significado que tuvieron en el Concilio Vaticano. Los actuales son tiempos menos airosos…

-¿Se nota esta involución, si la queremos llamar así, en la música? La música como motor de evangelización, de celebración de la palabra, de complemento de la liturgia…
-Sí. Yo creo que tal vez nosotros tuvimos la suerte de sentirnos pueblo oprimido. Y el Pueblo de Israel, cuando se sintió oprimido, en su marcha por Egipto, descubrió al Dios liberador.
Según, a través de los siglos y por desgracia, nos hemos ido metiendo en nuestras casas, hemos ido recluyéndonos, cada uno intentando resolver su problemita, con su fe personal, con su Dios, hemos ido perdiendo la vivencia fundamental del cristianismo de Jesús de Nazaret.

-Y de pensar que sólo allá donde dos o más se reúnen en su nombre, es donde está Él… Si pretendemos hacer un Dios para cada uno de nosotros, el pueblo desaparece, y el camino también. Pero tú hablas del camino, no eres pesimista. El planteamiento del escenario parece que es así, pero tus canciones no. Tus letras, tu forma de afrontar esto a través de la música, son muy optimistas, rezuman ese evangelio de la propuesta y de la alegría.
-El último disco, sacado aquí en España con 61 nuevos temas, lo he titulado Testigos de Jesús, y va precisamente en esa línea: Ser testigos de Jesús de Nazaret, ser los que anuncian el Reino. Hacer religiones más allá de la Iglesia; romper fronteras. Y sentirnos involucrados en la tarea de anunciación y de ir haciendo justicia, buscando libertad, dando amor.

-Como hijos de Jesús que somos todos.
También, otras de las palabras que utilizas es asamblea. Es un término que también se está perdiendo…Y tú lo usas incluso en un título: uno de tus discos se llama Las canciones de la asamblea.

-Sí, es un disco doble que recoge mis primeras cincuenta canciones. Lo titulé así porque, estando en contacto con las comunidades de habla hispana de Estados Unidos y América Latina, la gente me hablaba de «las canciones de Espinosa» y no me gustaba. Son las canciones de Espinosa, pero ha habido tal encuentro en ellas, el pueblo las he hecho tan suyas, que son las canciones de la asamblea.

-Sí, igual que el Evangelio de Juan no es sólo de Juan…
-…No es de Juan: es la Buena Noticia de Jesús de Nazaret. A través de la vocecita de Juan…Y para todos.

-Si tú lo consideras, me gustaría hacerte la trampa de, ya que hemos empezado con música, terminar con alguna canción, si tú lo consideras. Pero antes quería hacerte unas cuantas preguntas.
Dentro de nada tenemos aquí en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud, en la que parece ser que va a haber muchos jóvenes…Y la juventud está asociada a la música, al movimiento, a la alegría…Y sin embargo, una de las trifulcas que se han montado ha sido a través de la música: El obispo auxiliar de Madrid ha compuesto un himno que ha suscitado alguna que otra crítica porque, precisamente, él no tiene nada que ver con el mundo de la música… No sé si has tenido tiempo de escuchar algo sobre la polémica.
-Yo he estado un poco al margen de esta controversia en concreto. Pero es cierto que, desde hace ya varios años, hay una dinámica por parte de la jerarquía que sólo acepta sus textos, sus propias composiciones.

-Que pasan un filtro, vaya.
-Sí, sí. Y se ha perdido la vivencia fundamental de que las canciones tienen que surgir del Pueblo de Dios. Y, si se dirigen a los jóvenes, tienen que surgir de los mismos jóvenes…
Y, después, es curiosísimo que, en las diferentes concentraciones que ha habido en España, con las visitas de un papa, por ejemplo, haya sido un coro -con diferentes voces- el que haya cantado, y que el pueblo, y los jóvenes, se haya quedado en silencio. Mucho gritar «¡Viva el papa!», pero, al llegar el momento de la canción, no se experimentaba ni compromiso, ni fe, ni entusiasmo…

-¿Nos falta hoy en la Iglesia española ese dar el salto, aprender o reaprender a evangelizar también a través de la música y de las letras de las canciones?
-Sí. Yo creo que eso falta porque, por desgracia, después del Concilio Vaticano II, los que componíamos canciones siendo jóvenes tenemos más de cuarenta años y nadie nos sigue. Nosotros vivimos una época de congresos, y la llevamos a nuestras canciones. Pero actualmente los jóvenes sólo escriben a título personal, de experiencias particulares, alejándose del pueblo y la asamblea. Con lo cual, sólo se quedan con un trocito de lo que es el cristianismo.
Cuando nos reunimos a celebrar nuestra fe, lo personal pasa a ser comunitario; pero si no damos ese salto, lo que queda es muy triste y anodino.

-¿Te parece que nos demuestres que eso puede cambiar, a través de alguna de tus canciones?
-El Seremos tus testigos, que engancha con la Jornada Mundial de la Juventud…

Otros titulares
Donde se levanta un pueblo exigiendo libertad, están la voz de Dios y el Espíritu empujando fuerte.
Me gusta la palabra «camino» porque siempre nos está hablando de ir hacia adelante.
Ya no hablamos de celebración de la eucaristía, como en el Concilio: ahora tenemos misas a ultranza.
Hemos tenido la suerte de sentirnos pueblo oprimido: cuando el Pueblo de Israel sintió lo mismo, descubrió al Dios libertador.
No considero que mis canciones sean mías: ha habido tal encuentro en ellas, el pueblo las he hecho tan suyas, que son las canciones de la asamblea.
Las canciones tienen que surgir del pueblo, no de la jerarquía.
Hay que dar un salto de fe: celebrarla acompañados, convertir lo personal en comunitario.

 

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

Lo más leído