"La JMJ va a poner en evidencia el cúmulo de contradicciones en que vive la Iglesia"

Los indignados de la Iglesia

"Yo no sé en virtud de qué argumento el obispo de Roma se ve con el derecho de convocar concentraciones mundiales”

¿Cómo es posible que en un país, en el que miles de personas se echan a la calle pidiendo una democracia más participativa, se reciba oficialmente, se ovacione y se aplauda al Jefe del Estado de la última monarquía absoluta que queda en Europa?

(José María Castillo).- En el próximo agosto el papa viene de nuevo a Madrid, para presidir la solemne y costosa Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). De entrada, digo que comprendo a quienes organizan este evento. Y entiendo a quienes en ello ven un medio eficaz para revitalizar la fe de muchas personas que, en este tipo de actos, se afianzan en sus creencias o las difunden a otros que dudan. Lo que no veo es que la JMJ se pueda utilizar para hacer turismo o – lo que no me atrevo a pensar – que haya quien utilice al Vicario de Cristo para trepar, tener más fama, ganar dinero o cosas de ésas. ¿Habrá quien pueda llegar a semejantes desvergüenzas? ¡Por respeto a Dios, que nadie haga eso, ni dé pie a que se puedan pensar cosas tan deshonestas!

Estas deshonestidades – unas veces, sospechadas y, en ocasiones, claramente comprobadas -son las que explican el descontento y las protestas de los indignados. Los de las plazas públicas, que claman contra un sistema (económico y político) canalla. Y los de las puertas de la catedrales, que pronto van a empezar a concentrar personas que buscan a Jesucristo en los templos y en los templos no lo encuentran. ¿Lo van a encontrar en la JMJ?

Prescindiendo de lo que cada cual sienta o pueda sentir, mi pregunta intenta llegar más al fondo de las cosas. A los «hombres de Iglesia» les han gustado siempre los grandes espacios, las grandes concentraciones, los grandes edificios, los palacios, las vestimentas solemnes, las manifestaciones más pomposamente mediáticas…. Por supuesto, en todo eso, algunos clérigos han visto el triunfo de Cristo. Y, emocionados con el triunfo «divino», no han prestado la debida atención al éxito «humano», que es lo que muchos, de facto, han conseguido.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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