Nihilismo en Oslo.

MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Racista de ducha diaria, ultraderechista, nacionalista, xenófobo. Con una insuperable aversión a todo lo que oliese a socialismo en política y a Islamismo en religión. Un relato escrito sobre el papel pautado de un admirador de Hitler. Muchos ángulos, como se ve, de una personalidad evidentemente patológica. Sin embargo, en una primera aproximación policial al personaje, detenido pocas horas después del doble atentado de Oslo, se le presentó como un «fundamentalista cristiano».

La etiqueta de la Policía de Oslo me parece muy desafortunada porque desliza la invitación a valorar esta masacre terrorista como la cara B del terrorismo que practica el «fundamentalismo islámico». Como si hubiese una especie de Al Qaeda organizada por los seguidores de Cristo. Qué disparate.

No tuvo su mejor día el policía noruego encargado de redactar un primer informe sobre Anders Behring Breivik. De entrada ignoró la brutal desproporción que se salda con miles de víctimas del terrorismo islámico en el Occidente cristiano. Hagamos memoria: Nueva York, Madrid y Londres, que recibieron -recibimos- la visita del nihilismo denunciado por André Glucksman («Dostoiesvki en Manhattan») después de que la llamada década boba (1990-2000) quedase sepultada entre los escombros de las Torres Gemelas.

No es que esté sugiriendo en el Islamismo unas condiciones más propicias para la práctica del terrorismo. Estas dos grandes religiones monoteístas condenan por igual el asesinato, pero así como la «guerra santa» pasó a la historia, la «yihad» es utilizada todavía por grupos radicales que tergiversan su significado (esfuerzo) para justificar el asesinato indiscriminado en sus acciones terroristas.

Sin ir más lejos, véase lo ocurrido en Madrid aquel terrible jueves de sangre (11 de marzo de 2004), en el que el terrorismo islámico dejó un insoportable rastro de sangre, que tal vez este tarado de Oslo de por bien empleado si ahora, entre otras cosas, culpa de su reciente salvajada a Rodríguez Zapatero. Tal cual. Por su política de brazos abiertos con los inmigrantes de religión islámica. Qué disparate.

No tratemos de convertir las excusas del asesino en las causas de un rebelde. No hay causas, insisto, sino pretextos indebidamente coreados por el propio sistema. Una forma de airear la iluminadas aspiraciones que se atribuyen todos los terroristas. Por la derecha y por la izquierda. En nombre de Dios, la Patria o una clase social. Y siempre el mismo fanatismo criminal, justificado como inevitable, por nuestro bien. El tal Breivik ya ha declarado que los ataques han sido «crueles pero necesarios».

Todo es mucho más simple. Detrás del casi centenar de muertos de este fin de semana en Oslo y en la isla de Utoya hay un trastorno histriónico de la personalidad de un individuo. Narcisismo puro y duro. No le hagamos el juego.

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