El Tribunal Europeo de Derechos Humanos decide hoy

El caso del cura profesor de Religión despedido por casarse en Estrasburgo

El obispado conocía su situación, pero le retiró el beneplácito al salir en la prensa

El caso del cura profesor de Religión despedido por casarse en Estrasburgo
José Antonio Fernández, profesor de Religion despedido

El alto tribunal decidirá, además, si el Ministerio tiene que restablecer su honor y concederle algún tipo de indemnización

El Tribunal de Estrasburgo decide hoy si la jerarquía eclesiástica vulneró el derecho a la intimidad de José Antonio Fernández Martínez, el cura murciano en espera de la dispensa sacerdotal hasta 1997 y que ese mismo año fue despedido como profesor de Religión por estar casado. «Durante el tiempo que ejercí como profesor, jamás inculqué a mis alumnos valores ajenos a los principios de la Iglesia, los cuales comparto», señala. Lo cuenta Claudio Caballero en Levante.

El alto tribunal decidirá, además, si el Ministerio tiene que restablecer su honor y concederle algún tipo de indemnización por el tiempo que se le impidió seguir trabajando como docente hasta que se jubiló en un instituto de Mula, del que fue despedido porque «podría contrariar» a algunos padres.

Todo comenzó cuando José Antonio se enamoró de la que, tras 25 años, sigue siendo su esposa. Cercano ya a los 50 llegó el amor de su vida, pero existía un problema, y no pequeño: era cura. Sin embargo, y parafraseando una de las citas más celebres del cine, «el amor triunfó» y José Antonio optó por colgar los hábitos. Fue una decisión difícil en aquellos años 80, cuando estas cosas aún se miraban de reojo, aunque le dio tiempo a rehacer su vida casándose y teniendo cinco hijos.

Pero al romper con el mundo clerical en 1984 y pedir la dispensa del sacerdocio, José Antonio tuvo que buscarse otro empleo. Lo encontró en una fábrica, aunque rápidamente se dio cuenta de que eso no era lo suyo. Fue entonces cuando decidió realizar la carrera universitaria de Filología Clásica, la cual concluyó en 1991.

Poco después comenzó a dar clase de Religión en un instituto de Caravaca de la Cruz. Sin embargo, su cruz no la encontraría precisamente en la ciudad santa, sino en Mula, adonde fue trasladado poco después. Casi con nocturnidad y alevosía fue sustituido en su puesto, quedándose con una mano delante y otra detrás.

Decidió entonces reclamar al Episcopado. Los obispos, en una escueta nota, contestaron que algunos padres «podrían contrariarse» al dar clase a sus hijos alguien que había abandonado el camino de dedicación exclusiva a la Iglesia. A partir de ahí, el «cura casado», como algunos medios lo citaban en los años 90, comenzó su camino de tribunal en tribunal.

Primero fue la Sala de lo Social de la Audiencia Provincial de Murcia, que le dio la razón. Sin embargo, el Obispado recurrió la sentencia llevándola al Tribunal Supremo, que la revocó. Sus abogados la elevaron entonces al Constitucional en el año 2007, donde tampoco hubo suerte.

Hoy martes, será el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el que decida. «Siempre he defendido los valores cristianos en clase y fuera de ella», afirma Fernández.

 

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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