Así grita Jesús hoy, en el día de la familia injusticiada

Dejadme crecer

La posesividad o la dominación (en la filiación o en la pareja) no dejan crecer

Dejadme crecer
El niño perdido y hallado en el templo

Cuando los pastores tratan infantilmente a las ovejas, se casan con los intereses político-financieros de los lobos, sofocan la madurez y fomentan injusticias

(Juan Masiá SJ).- La primera palabra de Jesús adolescente: dejadme crecer. Se trataba según el evangelista Lucas (2, 39-52), en su narración legendaria y simbólica, de una peregrinación en familia y en grupo (menos numerosa que las JMJs, pero al fin y al cabo con su más o menos de posesividad y exclusivismo…). Lucas pone en labios del joven Jesús una respuesta adulta: «¿Por qué me buscábais para llevarme de la mano, arropado por parientes y vecinos?¿No pasé ya la edad del destete? Dejadme vivir mi vida arraigado en el seno de Abba, dedicarme a su misión».

La metáfora de esa misión: «descubrir que ha empezado el Reinado de la Vida y ayudar a construirlo». Llamamiento a construir redes de fraternidad y sororidad; no con lazos de sangre, ni con cadenas de poder, sino con vínculos de amor que hace libre y deja crecer.

Una de las últimas palabra de Jesús: Dejadme crecer.
«El Que Vive tras la muerte» detiene el abrazo de ella: «No me retengas, Malena, suéltame y ve a dar a mis hermanos y hermanas la buena noticia de la Vida y poneros a la faena de construir el Reino de la Vida» (cf. Jn 20,17).

Las narraciones (no históricas, sino simbólicas) de los evangelios de la infancia son contrastantes en Mateo y Lucas, contradictorias para quien las leyera como si fueran crónicas literales. Pero ambos concluyen su cuento en la aldea donde Jesús se crió: Nazaret.

El guionista Lucas tenía el problema de explicar por qué pone la concepción en Nazaret y el nacimiento en Belén; de ahí todo el tinglado del censo. El guionista Mateo tenía el problema de explicar por qué se cría en Nazaret el nacido en Belén: de ahí todo el capítulo de la huída en su telefilme herodiano. Ni Lucas ni Mateo tenían información sobre el nivel de audiencia para su programa y no podían componer sus capítulos como en la serie El Águila Roja, aunque las citas de la Biblia hebrea facilitan el hilo de la trama. Se criaría en Nazaret para cumplir las profecías (Mt2,23) y allí se haría mayor en edad, saber y salero (Lc 2, 52: 1, 80;2,40; 1 Sam 2,26).

Pero una cosa es criarse y otra crecer. La posesividad o la dominación (en la filiación o en la pareja) no dejan crecer.
Jesús se cría en Nazaret, pero empieza a crecer al separarse de la matriz aldeana y, más tarde, al salir camino del Jordán.

Cuando el guionista Marcos se hace cargo de la nueva temporada de la serie, se aclaran las claves del crecimiento: hermanos y hermanas carnales de Jesús le tienen por loco: ¿qué es eso de dedicarse a salvara inocentes, tocar leprosos y liberar a injusticiados? No le perdonan que no se haya hecho cargo de casa y taller, cuando no puede con todo la viuda de José. Vienen a por él (Mc 3,21; 3,31; 6,3).

Posesividad y dominación sofocan el crecimiento. Entre progenitores y prole, entre hermanos y hermanas, en la pareja y en las comunidades. La dominación origina rupturas, pero la posesividad produce dependencias que anulan y alienan. También en la iglesia.

 Cuando los pastores tratan infantilmente a las ovejas (posesividad de «sectas» o de «magisterios») y se casan con los intereses político-financieros de los lobos (dominación: ayer, Herodes; hoy, Wall Street o los Ministerios de Economía y Hacienda), sofocan la madurez y fomentan injusticias. El Nazareno grita hoy como ayer: «Dejadme crecer. ¿No sabéis que tengo que vivir ocupándome de las cosas de Abba y echar una mano a las víctimas de Mamón, preferidas de Abba?»…

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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