El obispo de Girona responde al arzobispo de Tarragona

Pardo ve «un mal planteamiento» prohibir dar misa a la mujer hablando de «igualdad»

No descarta la llegada de curas extranjeros para paliar la escasez vocacional

No tenemos que desanimarnos, pero la situación nos exige plantear qué necesitamos y como tenemos que cubrir la atención pastoral a las personas

El obispo de Girona, Francesc Pardo, considera que debatir la participación de la mujer en el oficio de la misa es un «mal planteamiento» si se hace en términos de «igualdad» o de «derechos», ya que ésta es una «norma de la iglesia des de sus inicios».

Pardo ha asegurado, durante un encuentro con la prensa gerundense, que desconocía las declaraciones del arzobispo metropolitano de Tarragona, Jaume Pujol, quien consideró que las mujeres no pueden oficiar misa «porque cada uno tiene una función».

Para el Obispo de Girona, el debate en todo caso «no debe significar nunca una pérdida de identidad ni de ningún derecho«, aunque ha insistido en que se trata de «un planteamiento desde la tradición de la iglesia».

Pardo, no descarta, «en caso que fuera necesario», la llegada de curas de fuera de Europa para poder mantener abiertas todas las parroquias de la diócesis, de manera que antes eran los curas autóctonos quienes iban a misiones en África y Sudamérica, y ahora llegan a Europa los de allí, donde actualmente hay más vocaciones.

Según datos que ha facilitado en un encuentro con la prensa, la diócesis tiene unas 400 parroquias y 190 curas (enfermos y jubilados incluidos): 145 están en activo, muchos de ellos con más de 75 años –la media de edad es de 71, la tercera más alta de España–.

«No tenemos que desanimarnos, pero la situación nos exige plantear qué necesitamos y como tenemos que cubrir la atención pastoral a las personas», ha manifestado.

Pardo constata que el papel de diáconos y laicos es esencial y que siempre ha sido necesario: de hecho, la responsabilidad de los laicos existe desde hace años, pero la gran presencia de curas históricamente hacía que muchos de los trabajos de los laicos –llevar la economía de la iglesia o hacer catequesis– los asumieran también los curas.

«Ahora, para mantener vivas y abiertas todas las parroquias hace falta que cada una, por pequeña que sea, tenga un pequeño núcleo o una persona que se pueda responsabilizar, porque actualmente cada cura es rector de hasta siete u ocho parroquias«, ha lamentado.

El obispo apoya que la Iglesia siga optando por no cerrar parroquias, pero admite que la falta de curas impide la Eucaristía cada domingo, por lo que plantea una alternativa: «Tenemos que intentar que en la mayoría de parroquias sea posible –allí donde no pueda haber Eucaristía– que, aunque no haya misa de un cura, haya alguna celebración dominical, sea por un diácono o por un laico».

Así, se intentará convocar igualmente la celebración, que se hagan las lecturas, se digan las palabras de la homilía –preparadas por el laico con la ayuda del rector–, se hagan las plegarias y –a falta de un cura– se pueda distribuir la comunión: aunque todo esto no equivalga a celebrar la misa, mantiene y ayuda a vivir el domingo como Día del Señor, defiende Pardo.

De hecho –ha explicado–, ya hay laicos que están haciendo estas celebraciones en ausencia de presbítero, e incluso ya se está probando que un laico viva en la rectoría de alguna parroquia, prepare la visita del cura, esté en contacto con el pueblo, haga la catequesis, cuide de la iglesia y haga lo necesario para mantener viva la parroquia.

El obispo ha reconocido el descenso de asistentes a las misas del domingo, pero no considera que signifique un descenso en la fe.

(Rd/Agencias)

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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