Peligro para ellos, claro. Porque una vez que se salieron de la comunión de la Iglesia, a nosotros el asunto ni nos va ni nos viene. A nosotros plin.
(José Antonio Fortea).- Para los católicos que no suelen darse paseos fuera del extrarradio de la Iglesia Católica, no les sonará que nuestros primos los lefebvrianos andan estos días algo divididos. Dicho de otro modo, que hay peligro de que se produzca un cisma dentro del cisma. Peligro para ellos, claro. Porque una vez que se salieron de la comunión de la Iglesia, a nosotros el asunto ni nos va ni nos viene. A nosotros plin. Como si los cuatro obispos rebeldes quieren prender fuego al seminario de Econe para asar castañas.
Alguien podría alegar que si se mantienen unidos, será más fácil que vuelvan todos juntos al seno de la Iglesia. Bueno, es opinable. También se puede decir que nos sentamos a ver cómo se hunde su barco, y después recogemos las chalupas de los pequeños grupos, o individualmente izamos a los que lleguen a nosotros con salvavidas.
Es opinable si resulta preferible cerrar la red y decir: no se me ha escapado ni un cangrejo. O es mejor hacer una novena para el barco se hunda cuanto antes. No me extraña que los (pocos) seminaristas de Econe se agarren con disimulo a los reposabrazos de sus asientos, cuando ven en la película Titanic que el barco se partió por la mitad.
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