Porque estamos ante un asunto tan grave y en el que quedan tantos puntos oscuros sin aclarar, por eso me quejo del silencio de las máximas autoridades religiosas en los supuestos concretos que propone el proyecto Gallardón
Un tema debatido que se mueve en las fronteras de la ley y de la ética. Sobre la vida y sus comienzos. Sobre el aborto y el sufrimiento. Sobre los limites de la ley y de la ética. Y dos creyentes en profundo diálogo. El teólogo José María Castillo, buscador impenitente de la verdad, e Inmaculada, una mujer que vive de cerca el caso de una niña con daños cerebrales ifrreversibles. Toda una lección de diálogo, que merece la pena resaltar. Gracias a ambos.
Este es el post de Castillo, que provocó el diálogo.
El diálogo
Inmaculada
«¿Vamos a anteponer una cuestión debatida a un problema de consecuencias que no admiten duda y que son tan graves para una vida entera? «
Estas son sus palabras, sr. Castillo. No he comprendido el planteamiento de su artículo. ¿A qué problema de consecuencias que no admiten dudas se refiere? ¿Se refiere a la crisis económica o al sufrimiento que provoca en una familia un hijo enfermo?Como no tengo respuesta del sr. Castillo a la pregunta formulada y, queriendo comprender el sentido del artículo, lo releo y me parece entender algo que no me gusta. No sé si estaré equivocada, pero me da la impresión de que se refiere a la reforma de la Ley del aborto que Gallardón presentará en octubre.
Permítame que le cuente un caso muy cercano, en mi familia. La niña, que estaba perfectamente hasta el término del embarazo, aspiró líquido amniótico al nacer. Como consecuencia sufrió una anoxia (falta de oxígeno) y esto le produjo lesiones cerebrales irreversibles. Apenas habla (16 años), va en silla de ruedas y necesita a sus padres para todo. ¿Qué se debería haber hecho en este caso? ¿Tal vez, al ver que la niña se quedaba mal y sabiendo la vida que le esperaba, se la debería haber matado para evitar su sufrimiento y el de sus padres?
Pues ahora contesto yo por usted. Estoy segura de que ni usted ni quienes se lamentan de la reforma que propone el sr. Gallardón, aprobarían matar a un recién nacido por haber sufrido este problema. ¿Qué diferencia hay entre matarlo al nacer o matarlo en el útero materno? Ninguna. Es igualmente horroroso matar «por compasión» a un ser humano, se encuentre en la fase de desarrollo en que se encuentre.
Por último me queda decirle que si he malinterpretado su artículo y usted no hablaba de esto, me disculpe.
José María Castillo
Respondo a Inmaculada. Yo me refiero efectivamente al proyecto de ley sobre el aborto que propone el ministro Gallardón. El caso que Vd presenta no sería un aborto, sino un asesinato. Vd debe saber que existe un gran debate (biológico, médico, jurídico, ético, moral, sociológico…) sobre la interrupción del embarazo, sobre todo en ciertos supuestos en los que se plantean conflictos de derechos. Lo que yo propongo es que, antes de aprobar una ley que en algunos puntos (de graves consecuencias) está sometida a una profunda discusión (entre grandes especialistas) se aclaren – en cuanto sea posible – las cuestiones más graves y más discutidas. Vd me dirá que no me aclaro. Si somos honestos y consecuentes, ni Vd ni yo nos podemos aclarar. Precisamente porque estamos ante un problema enormemente oscuro, discutido y discutible. Lo que yo le pido al Sr. Gallardón es que, antes de dictar la ley, se aclare y nos aclare, no sólo «lo legal», sino también «lo ético».
Continuando con el tema, añado que, exactamente porque estamos ante un asunto tan grave y en el que quedan tantos puntos oscuros sin aclarar, por eso me quejo del silencio de las máximas autoridades religiosas en los supuestos concretos que propone el proyecto Gallardón. Y añado que, para tener toda la claridad posible, se escuchen las aportaciones que pueden hacer los especialistas en los diversos ámbitos del saber que están en juego en este delicado asunto. Lo único que pido es que, antes de dictar una ley, se procure tener toda la seguridad posible de que lo que se legisla es lo más justo, ético y consecuente.
Inmaculada
Sr. Castillo, agradezco su respuesta. Quisiera, no obstante, exponer mi punto de vista, porque considero que sobre el debate de este tema se está cometiendo un grave error de base. Yo creo que es mucho más simple de lo que se pretende plantear. Es tan sencillo como responder a esta cuestión: el ser concebido en el seno materno, ¿es o no un ser humano? Aquí no caben medias tintas, porque no existen grados en esto, es decir, no se puede ser «un poco ser humano, pero no mucho». Si la respuesta es «sí», entonces no valen de nada las discusiones sobre la validez o no del aborto en unos supuestos, porque la vida humana no se valora por lo perfecta que es o por la plenitud que tiene, sino que se valora por lo que es: un ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, que no se puede matar bajo ningún concepto. Ahor abien, si la respuesta es «no, entonces tampoco cabe la discusión sobre esto.
Decía que no cabe discusión en el segundo caso, porque si consideramos que no es un ser humano, no hay dilema moral alguno en el tema del aborto: se elimina cuando se quiera, sin necesidad de dar explicaciones, igual que uno se quita un quiste de grasa sin tener que recurrir a ningún supuesto. Este y sólo éste, es el punto en el que se puede discutir, si lo engendrado es o no un ser humano. Lo demás, sobra.
Por eso me parece grave la propuesta de ley del sr. Gallardón, porque al parecer, considera que hay vida humana en el ser que hay en el seno materno. Y se erige en juez sobre qué vidas se pueden o no se pueden eliminar. Me parecería mucho más ético el aborto libre y sin plazos que el que se quiera legislar sobre supuestos, porque esto implica que se reconoce vida humana que, en algunos casos, se puede eliminar (porque se anteponen los derechos de la madre, por «compasión» etc.)
En esta línea yo también hecho de menos una declaración de la conferencia Episcopal sobre el tema, aclarando que la vida humana es sagrada y que nadie puede decidir qué vida es digna de ser vivida y qué vida se puede eliminar.
Un saludo.
José María Castillo
Inmaculada, un ser concebido en el seno materno, si es meramente un óvulo fecundado o cigoto,¿eso es ya un ser humano? Vd debe saber que sobre esto, sólo esto, ya hay un importante debate. Es más, si el óvulo fecundado tiene ya algunos días, pero en él no se han desarrollado células cerebrales, que son específicas del ser humano, hay quienes lo consideran un verdadero ser humano, pero también hay quienes piensan que es un germen de ser humano y solamente eso. Desde el punto de vista jurídico, está planteado el problema: 1) si el nasciturus es o no es sujeto de derechos. 2) cuando hay conflicto de derechos (los de la madre y los del feto, si es sujeto de tales derechos), ¿qué derechos deben prevalecer? Desde el punto de vista de la moral, se plantea el problema del «principio del doble efecto». Y el problema del «mal menor». Sobre todo esto hay discursiones entre especialistas, discusiones no resueltas. Le señalo sólo algunos capítulos para que vea lo complejo del asunto. ¿Se hace idea?
Inmaculada, en mi opinión anterior, me he limitado a darle una información enteramente superficial y de meras nociones elementales. Para que, si es que le interesa el tema, lo estudie a fondo. Mi punto de vista es que, al tratarse un asunto tan complejo y tan difícil de resolver, deberíamos ser muy cautos al dar nuestras opiniones. No por cobardía o falta de libertad, sino por honradez con la realidad. Lo que sí le digo es que esta honradez con la realidad me importa más que el punto de vista de los obispos, de los políticos, de los conservadores o de los progresistas. No he optado en mi vida por la sumisión, sino por la búsqueda de lo más honrado y lo que más sufrimientos puede aliviar.
Inmaculada
Gracias por su comentario. Efectivamete el tema me interesa, y mucho, y por eso he tratado de estudiarlo a fondo. Desde un punto de vista científico, está claro que la vida humana comienza desde el momento de la fecundación. Este es el único momento en que se prduce un cambio cualitativo. A partir de ahí surge un nuevo ser (de esto no existe duda alguna) con un código genético propio distinto al de la madre y al del padre. Un nuevo ser vivo que es humano, porque no pertenece a ninguna otra especie. ¿Se puede considerar persona este nuevo ser humano y, por tanto, con derechos jurídicos? Médicos, biólogos, científicos, filósofos, no se ponen de acuerdo. Aquí radica el debate. El ahorrar sufrimientos no considero argumento válido, porque el fin no justifica los medios, es decir que eliminar a una persona, si se considera como tal, para hacer prevalecer los derechos de la madre o ahorrar un sufrimiento a la misma no es moralmente acetable.
Así es que, como el único debate posible es cuándo se considera un ser con derechos el ser concebido por la mujer, creo que todo lo demás no es relevante. En cualquier caso, cuando existen dudas sobre si el embrión o feto es o no sujeto de derechos, lo normal sería que se optase por salvarlo, porque la discusión no es baladí y afecta gravemente al imperativo moral de no dañar la vida humana. Cuando una mujer no puede o no quiere hacerse cargo del menor, existe el recurso a darlo en adopción. Siempre será mejor que eliminarlo.
Estoy de acuerdo con usted en que el tema es complejo y difícil de debatir en unas cuantas líneas, pero valdría la pena plantearse de nuevo el tema del aborto, porque se da por supuesto que es aceptable en determinados casos y creo que no debería ser así.





