Conclusiones del taller participativo de Proconcil

A los 50 años del Concilio

"Nos vamos llenos de esperanza"

A los 50 años del Concilio
Proconcil

Fortalezas, Debilidades y Propuestas de mejora para seguir avanzando en el proceso conciliar, abierto e impulsado por el Concilio Vaticano II

(Emilia Robles y Javier Malagón).- En estos días, se suceden y multiplican reuniones por todo el mundo, en torno a temas del Concilio Vaticano II. Un espíritu renovado se siente en la Iglesia. Estamos también pendientes de los trabajos y conclusiones del Sínodo de Obispos, celebrado en Roma.

Una persona de Proconcil fué invitada a participar en Lima (Perú) los días 10, 11 y 12 de Octubre, con tres ponencias sobre el Concilio, el proceso conciliar y la mediación en la Iglesia, en las jornadas dedicadas a celebrar el aniversario de CONFER y, de manera particular el 50 aniversario del Vaticano II.

Las jornadas tuvieron una alta participación y seguimiento. Además de Emilia Robles (Proconcil), intervinieron el obispo Pedro Barreto, s.j., la religiosa dominica Consuelo de Prado y el laico Juan Bosco Monroy.

Una expresión que escuchamos de varias personas a la despedida fué: «Nos vamos llenos de esperanza».

Desde Proconcil, vimos interesante hacer además, al final del primer día, un pequeño ejercicio participativo, en el que las y los presentes aportaran su propia visión sobre el camino conciliar hoy, señalando, cada uno, un punto fuerte en este caminar comunitario, un punto débil y una propuesta de mejora.
Se les hizo, al final, de las jornadas una devolución por escrito de la síntesis de lo aportado.

Con este trabajo se quiso dar cuenta de la importancia de escuchar diversas voces dentro de la Iglesia y de estimular la participación y la colaboración de todos y todas.

Dada la riqueza del documento colectivo, tenemos a bien compartirlo con ustedes.

A 50 AÑOS DEL VATICANO II

CONCLUSIONES DEL TALLER PARTICIPATIVO REALIZADO EN LAS JORNADAS

(203 participantes en las respuestas)
(Fortalezas, Debilidades y Propuestas de mejora para seguir avanzando en el proceso conciliar, abierto e impulsado por el Concilio Vaticano II) (Dinamización E. Robles. Proconcil)

1. Fortalezas en la Iglesia para avanzar en el camino conciliar, abierto e impulsado por el Vaticano II

Nos sentimos fortalecidos porque sabemos que estamos en camino, cuando vamos superando temores ante los cambios. Porque deseamos mejorar en la Iglesia y mejorar la Iglesia. Somos fuertes cuando cultivamos una espiritualidad, centrada en Cristo, con el apoyo en Jesús como nuestro guía y con la confianza en su acompañamiento liberador en nuestras vidas y las de nuestros pueblos. Somos fuertes cuando imitamos su universalidad en el acercamiento a los demás, sin discriminación; cuando nos abrimos al Espíritu y confiamos en que tiene caminos y soplos que a veces cuesta comprender. Cuando mostramos como Iglesia la presencia de Cristo y, a través de Él y de nuestro compromiso, el rostro de un Dios Padre y Madre.
Nos hacemos más fuertes cuando nos apoyamos en los diferentes documentos del Concilio, leídos a la luz de los tiempos actuales, que nos siguen llamando a la renovación y en la doctrina social de la iglesia, Nos hace fuertes la profundización en ellos y apoyar su puesta en práctica.
Somos fuertes como Iglesia cuando, más allá de nuestras diferencias personales o ideológicas, nos sentimos unidos y unidas en la gran Tradición de la Iglesia, aceptando e integrando todo lo posible la diversidad personal y comunitaria que nos enriquece.

Nos da fuerza en nuestro caminar el reconocimiento de la dignidad y de la presencia de Dios en todo ser humano y nos sentimos caminando como enviados, como Iglesia misionera, profundizando y practicando los consejos evangélicos.
No anima nuestra inserción como sacerdotes religiosos/as en distintas realidades sociales, porque nos da fuerza la cercanía a la vida sencilla de nuestros pueblos y la apertura a encarnar la vida cristiana en donde nos toca vivir
Nos enriquecemos y nos complementamos cuando potenciamos el rol de los laicos en la sociedad y en la iglesia, cuando promovemos su formación y la apertura a su participación en diferentes ámbitos, catequesis, pastoral, ministerios…
Nos sostiene y nos orienta la actualización del propio carisma a la luz de las realidades actuales que nos interpelan
Nos fortalece profundizar juntos en la teología y en la pastoral
Nos une y nos empuja la sensibilización por el cuidado de la vida del ser humano y del planeta buscando el plan de Dios. De ahí procede nuestro compromiso por la Justicia la Paz y la Ecología.
Nos hace fuertes el estar proyectados en el presente y hacia el futuro, apoyándonos en lo que nos sirve del pasado, pero sin quedar anclados a él.

Somos fuertes allí donde hay testigos vivos y donde la Iglesia se hace creíble
Nos unimos y fortalecemos entre nosotros y con otros hermanos en Cristo cuando trabajamos y vivimos el ecumenismo. También cuando nos acercamos al descubrimiento de otras religiones.
Reforzamos la Misión de la Iglesia colaborando con iniciativas de gente que vive la Iglesia de otro modo o que está en otras perspectivas religiosas, pero coincidimos al servicio de causas de liberación humana y social.
Nos sostiene e impulsa:
Seguir confiando y apoyando la acción del Espíritu.
La opción por los pobres, recogida y reformulada en Medellín, Puebla y Aparecida
Dejarnos evangelizar por los pobres y su sabiduría. Ir más allá de normas y dogmas cuando éstos no sirven y oprimen. Hacer visible el Amor de Dios principalmente a través de la cercanía y de nuestro compromiso con toda Vida,
Recuperar, discerniendo, lo mejor de la Modernidad que puede seguir valiendo hoy; y el objetivo general y la visión global del Vaticano II
Ayudar a divulgar entre la gente sencilla, con lenguajes asequibles, lo que los intelectuales van descubriendo con sus estudios

Saber que el Concilio sigue vivo en la vida religiosa
Tomar conciencia de que la propia historia, la realidad que vivimos, incluso las propias crisis, no nos dejan estancarnos y nos empujan a hacer este camino conciliar
La unión, la oración, la apertura a todos, la mística y profecía tanto la de algunas personas que son testigos, cuanto la que tenemos que encontrar todos y todas en la vida cotidiana.
El diálogo, la apertura al cambio, la disponibilidad para escuchar y voluntad de acogida.
La búsqueda permanente y activa de una comunión dinámica, siempre en tensión pero pacífica.
La sensibilidad a las situaciones de dolor, la solidaridad.
La alegría, de la que brota la caridad.
La fe y la esperanza
La convicción, interiorizada, del Concilio de que la Iglesia debe renovarse permanentemente
Saber que Cristo nos ha confiado el Reino en todos los ámbitos: con los sencillos, en la sociedad, en la Iglesia, en nuestros corazones y que esta es la evangelización.
La renovada pasión por el anuncio liberador.
El dialogo plural, unido al sentido de pertenencia común a nuestra iglesia
Apertura, diálogo y enriquecimiento con la diversidad y la riqueza pluricultural
Acoger y ayudar a que se realicen y aporten en las comunidades los diferentes carismas.
La fuerza en la Iglesia que representa hoy la presencia de la Vida Consagrada.
El trabajo conjunto de colaboración con los laicos, sintiendo que somos y hacemos Iglesia
Promover la participación, trabajar en equipo y hacer un trabajo creíble.
Mostrar una Iglesia abierta a las realidades del mundo y crítica ante lo que acontece, al mismo tiempo que sea servidora y humilde.

La necesidad de hacer un camino de conversión a todos los niveles, con adhesión a la palabra de Dios orada e interiorizada, en la propia vida y al camino de la comunidad, en la lectura popular de la biblia
Las teologías comprometidas con la liberación.
El método de ver juzgar y actuar.
Estar presentes en los encuentros de la ciudadanía; con cercanía a la religiosidad popular.
Potenciar, acompañar y ayudar a crecer comunidades cristianas vivas, dinámicas, con participación de jóvenes , mujeres, indígenas, pobres..
La búsqueda constante de caminos que nos ayuden vivir y a expresar la fe. Apertura a nuevas perspectivas y a nuevos paradigmas, que ayuden a encontrar respuestas a las preguntas, angustias y esperanzas de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
Somos más fuertes como Iglesia cuando la Jerarquía se siente y se hace sentir parte del Pueblo de Dios, cuando facilita que se escuchen sus voces, cuando escucha y acompaña de forma caritativa y fraterna, mediadora y sencilla, facilitando la comunión entre lo diverso. Cuando su autoridad es una autoridad de servicio, basada en el Evangelio, que ayuda a favorecer consensos y a vincular lo local y lo universal. Cuando promueve los diversos dones y carismas en la Iglesia y coordina sosteniendo el caminar de una Iglesia comunidad de comunidades.

2. Debilidades en la Iglesia para avanzar en el camino conciliar, abierto e impulsado por el Vaticano II

Una estructura jerárquica patriarcal y clerical que limita participación de laicos y mujeres. El autoritarismo antievangélico de una gran parte de nuestra Jerarquía y de nuestros obispos en concreto, que debilita o hace imposible la Comunión. Las actitudes soberbias y fundamentalistas de personas con poder jerárquico, e instituciones; con un ejercicio inhumano y abusivo del poder, que impide el diálogo y fomentan mucha desigualdad. El poder incontrolado y abusivo, económico, político y religioso, procedente de una minoría que ha apagado en gran parte el fuego del Concilio. Las actitudes dogmáticas que se sienten poseedoras del Espíritu, que censuran y atacan todo intento de apertura y que se traducen también en fundamentalismo catequético. La corrupción en varios niveles eclesiásticos. La actual estructura curial. La falta de verdaderos pastores capaces de acompañar y alimentar la fe y la vida de su Pueblo. La escasa apertura de gran parte de nuestra iglesia jerárquica y de algunos sectores de Iglesia a este proyecto conciliar. Las conductas negativas de algunos sacerdotes. La «deformación» conservadora en la formación del clero. Fomentar «desde arriba» el avance y el anclaje en el poder de movimientos fundamentalistas.
Las dificultades para abordar el problema de la pederastia.
Falta de acercamiento de la Iglesia como institución a las comunidades eclesiales locales.

Una Iglesia que se deja influenciar (a nivel de personas y de institución) por los antivalores del Mundo: el poder, el tener, el aparentar… para dominar. El afán de consumismo y la depredación.
División interna, recelos en la propia Iglesia, polarización progresistas-conservadores y otras polarizaciones ideológicas. Los extremismos y fundamentalismos teológicos, que promueven un ambiente de falta de respeto e intolerancia. Competencia insana entre grupos y personas.
Falta de profundización, de espiritualidad, de compromiso de fe y de formación. El que muchos católicos vivan como «paganos»

Cerrazón al mensaje de Jesús y a temor a los cambios necesarios. La falta de fe y de confianza que nos ayude a lanzarnos.
Poca profundización en el concilio de las nuevas generaciones y de algunos grupos eclesiales. Incluso en sacerdotes, seminaristas y casas de formación. No se puede amar lo que no se conoce. En los mismos adultos, en ocasiones, no ha habido una recepción profunda. Las personas muy sencillas tampoco conocen los documentos conciliares. Tergiversación de algunos aspectos del Concilio. Se manifiesta, en concreto, en una difícil comprensión de la Teología de la Liberación.
Muchas parroquias que no dan pasos en la línea conciliar. Existencia de comunidades muy cerradas y recalcitrantes, con lecturas de fe únicas, que crean división en la Iglesia. Actitudes sectarias dentro de la propia Iglesia: las «iglesias paralelas».
Cerrar los ojos a la realidad, ser sordos con el clamor del pueblo y no hablar para anunciar la verdad y denunciar injusticias
La dificultad para escuchar y abrirse a lo diferente. Nuestra falta de capacidad para escucharnos y valorarnos mutuamente,
Temor a los modos actuales de vida. Dificultad de integrar las enseñanzas del Concilio con las dinámicas sociales y económicas actuales, e incluso en nuestro propio ser.
La falta de luces para analizar mejor las realidades. Los dualismos sin matices, que hacen ver blancos o negros.
No vivir el presente y actualizarnos. Dar una imagen de Iglesia cerrada, lejana y anacrónica, poco significativa en positivo y apartada del Pueblo.

Falta de credibilidad de personas y de la propia institución para muchos. Falta de testimonio y coherencia evangélica en otros y en nosotros mismos
Nos hace débiles que la Iglesia se crea el centro del Universo y que nos creamos mejores que los demás.
La exclusión del diferente. El olvido de que somos todos Hijos de Dios.
La propia pasividad de muchos religiosos y religiosas en el Anuncio del mensaje de Jesús
Vivir sin alegría
No poner en práctica el Ecumenismo
El temor al qué dirán
Falta de apertura y temor a los nuevos paradigmas. La falta de renovación de la Iglesia a la luz de los actuales signos de los tiempos
El trabajo en solitario, aislado. El individualismo y la falta de proyectos comunitarios. Cuando hay poca unión y coordinación entre vida religiosa y vida parroquial
Una sociedad que parece no necesitar a Dios. Nuestra propia falta de fe que confunde a la gente.
La cara negativa de la comunicación y el papel de ciertos medios.
Nuestra falta de entusiasmo y de motivación para seguir fortaleciendo la Comunión para la acción y el compromiso.
El mantenimiento del «culto» sin desarrollar la comunidad. El sacramentalismo de la Iglesia, que retrasa y confunde la evangelización.

Cómo se aborda la homosexualidad dentro de la Vida Consagrada
Cuando se da aislamiento y presunta superioridad congregacional.
No se conoce bien el carisma de diferentes congregaciones.
No apoyarnos suficientemente en nuestra fe en Jesucristo y quedar enredados en las instituciones (que pasarán).
Nos debilita nuestro propio temor asumir riesgos. Nuestros propios miedos, nuestra falta de luces y el mantenernos en la ignorancia. Nos falta preparación para enfrentar los obstáculos.
Nuestra propia paralización y desconcierto que no nos permite reaccionar adecuadamente ante el fundamentalismo, poniendo límites a sus abusos.
Nuestra delegación absoluta para que el Papa y el Vaticano resuelvan todos los problemas de la iglesia. Nuestra falta de participación, de colaboración y de corresponsabilidad a la hora de dar respuesta a retos que la Iglesia tiene planteados.
Pensar que es imposible que las cosas mejoren, cerrándonos nosotros mismos los caminos. Abandonar la confianza de que el Espíritu sigue actuando en la Iglesia, junto a la convicción que necesita de nuestro concurso.

3. Propuestas de mejora en la Iglesia para avanzar en el camino conciliar, abierto e impulsado por el Vaticano II

El acercamiento y el diálogo respetuoso. Mejorar el diálogo, la comunicación y el respeto. Cambiar un pensamiento dualista. Desarrollar lenguajes de cercanía y solidaridad, fomentando la comunión en distintos ambientes. Dejar a un lado protagonismos y aprender a colaborar. Denunciar y combatir los sectarismos.
Que las conferencias episcopales vuelvan al espíritu del Concilio y desde ahí puedan dinamizar la evangelización.
Promover y pedir que los pastores sean más cercanos a la gente, que caminen con su pueblo y lo acompañen. Fomentar un ejercicio de la autoridad más servicial, de escucha y acogida, que ofrezca y permita participación.
Crear espacios de diálogo entre Jerarquía y Pueblo allí donde sea posible. También entre Jerarquía y Vida Religiosa, con sinceridad, libertad y sin sometimientos.
Ahondar en la propia riqueza de nuestra tradición eclesial para dar respuesta a los graves retos de la actualidad.
Trabajar sobre la propia historia personal y resituarnos en el momento actual
Promover que los cargos jerárquicos en la Iglesia sean revisados y, si es menester, cambiados.
Que el clero, especialmente el que viene de fuera conozca mejor las realidades locales y escuche a los laicos.
Mejoras en la liturgia y en los ministerios, orientadas al desarrollo de comunidades vivas, de lenguajes que expresen a la gente. Inculturación.
La circularidad como camino de comunión.
Trabajar con una pastoral más unificada y planificada que muestre el rostro de misericordia del Padre, con actitudes cercanas, sencillas, como Jesús, aterrizando en nuestra realidad global.

Promover también planificación pastoral desde los espacios en los que estamos.
Promover el trabajo pastoral y la implicación activa de las comunidades en las parroquias y comunidades de base.
Huir de tanto afán de control de prohibiciones y de cargar a la gente con tantas cargas que no pueden llevar y les alejan.
Que nuestra brújula sea avanzar con el Evangelio y desarrollar el proyecto del Reino.
Buscar la Justicia social y el desarrollo humano con dignidad
Preguntarnos qué podemos hacer nosotros, aquí en Perú, para que se haga una pastoral de conjunto orientada desde el Vaticano II, como se hizo en Brasil, tras el Concilio.
Orando y abandonándonos a la voluntad de Dios; sin dejar por ello nuestros compromisos.
Incrementar la presencia e la vida religiosa en sectores empobrecidos, empeñada en la promoción de las mujeres, de los jóvenes y de los niños y niñas.
Fomentar y participar en el diálogo intereclesial ecuménico. Ser más humildes en nuestras relaciones con los otros. Trabajar también el diálogo interreligioso. Abrirnos más al pluralismo también dentro de nuestra Iglesia y en la sociedad. Encontrar caminos para trabajar desde la diversidad.
Buscar conjuntamente fidelidad a los nuevos signos de los tiempos. Abrirnos a la necesidad de cambios para poder ser Luz en el Mundo y combatir activamente la injusticia y la marginación de los que son marginados.

Presentar una vida religiosa mística y profética.
Trabajar en red. Compartir saberes. Mejorar los cauces de comunicación. Mantener, fortalecer y recrear la red de comunicación entre nosotros
Fortalecer o recriar foros de debate y reflexión.
Fomentar trabajos intercomunitarios e intercomunidades.
Facilitar diálogos y actividades intercongregacionales
Unir la Fe y el ánimo positivo y constructivo
Volver a las pequeñas comunidades y desde ahí hacer comunidad. Fortalecer las CEBs
Que los religiosos no nos instalemos cómodamente. Revisión de vida constante y asumir los compromisos. Sentirnos misioneros
Ver como se puede refundar la Iglesia desde una perspectiva más comunitaria y sencilla.
Intensificar las Misiones
Trabajar por una Iglesia renovada, que acoja a todos y valore el Vaticano II desde los aspectos pastorales y sociales.
Conocer mejor y dejarse orientar por el Vaticano II. Profundizar en el Concilio y divulgarlo en parroquias y colegios. Organizar eventos, talleres, congresos y documentos para divulgar y profundizar en el Vaticano II. Apoyarnos en sus principales pilares para avanzar. Diferenciar entre la letra de los documentos y su aplicación práctica que no siempre se realiza. Ampliar los temas a otros nuevos que el Concilio no llegó a tratar.
Formación profunda teológica en perspectiva conciliar. Formarnos y seguir profundizando. También en los nuevos paradigmas, respondiendo a las demandas del mundo actual.
Retomar el entusiasmo y la motivación en seguir desarrollando los grandes ejes del Concilio: Iglesia Pueblo de Dios, Ecumenismo, diálogo interreligioso, diálogo con el Mundo…Vivir el Concilio actual con radicalidad, esperanza, compromiso y fidelidad evangélica.

Seguir orando y buscando caminos ante el problema de la «falta de vocaciones»
Seguir fomentando la formación bíblica y en otros temas de espiritualidad, análisis de la realidad y compromiso para agentes pastorales
Aumentar el testimonio de vivir el Evangelio.
Caminar al lado del Pueblo sin olvidar el valor de lo sagrado. Pudiendo reconocer a Dios en el mundo de hoy y en las personas que nos rodean.

Recuperar y desarrollar la memoria histórica de cómo hemos conseguido avanzar.
Buscar nuevos métodos de trabajo social y pastoral
Trabajar conjuntamente sobre la evangelización de nuestros jóvenes
Formación amplia en los nuevos paradigmas.
Caminar en igualdad desde nuestro compromiso como bautizados/as en hacer Reino. Fortalecer la comunión y la colaboración entre laicos, religiosos y clero, como Pueblo de Dios en marcha.
Ayudar a una mayor participación de los cristianos en la vida y el desarrollo de la sociedad.
Hacer estudios serios y profundos de la realidad, ayudados por el concurso de las Ciencias Sociales.
Mejorar la didáctica en Colegios y Universidades.
Seguir fortaleciendo la colegialidad
Favorecer la participación de las mujeres en las decisiones de la Iglesia

Preguntarnos cómo acercarnos al Mundo y poner en práctica caminos de acercamiento y diálogo.
Desarrollar la humanización y practicar la sencillez en lo cotidiano.
Utilizar los medios de comunicación a nuestro alcance para construir poder y ser alternativa a otros poderes, apuntando en la dirección marcada por el Vaticano II.
Mayor apertura y comunicación de la vida religiosa con los laicos
Seguir el camino conciliar desde el Pueblo de Dios, mujeres y hombres. Hacer un camino menos institucional, más fiel a dones y carismas. Más horizontal
Poder mirar los cambios sin temor, desde perspectivas más abiertas y comunitarias.
Profundizar en el ecofeminismo, como teología liberadora, desde la vivencia del Concilio
Cultivar una actitud positiva, con esperanza renovada en la acción el Espíritu.

Fortalecer y reformular nuestra opción por los pobres. Tratar de incluir en la agenda los Derechos Humanos.
Pensar en cómo caminamos y nos fortalecemos en el camino hacia un Nuevo Concilio, con mayor participación de toda la Iglesia y también de otras religiones y visiones, en continuidad con el Vaticano II, que ayude a extenderlo y desarrollarlo.
Volver a las fuentes: a Jesús de Nazareth. Centrarnos en Jesús y en el ser humano, para desde allí generar comunión con nuestro mundo. Recuperar la centralidad de Cristo y su Palabra en nuestra vida y en la Iglesia.
Actuación unida y visible de la Iglesia ante cuestiones sociales, económicas, políticas, ecológicas que afectan a la Humanidad y en particular a los más pobres.
Trabajar por la Vida y la Dignidad, desde la formación de redes intercongregacionales e interreligiosas.
A la luz del Concilio, dejar otros cálculos de «eficacia» superficial y promover testimonios que nos hagan creíbles y eficaces de verdad en la tarea del Reino.

 

 

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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