Funciona como una monarquía absoluta, a pesar de que Jesús dijo: "mi reino no es de este mundo"
(Faustino Vilabrille).- La fiesta de Cristo Rey, iniciada en 1925 apareció en un contexto social en el que Iglesia se veía en acentuado declive por la influencia de las ideologías republicanas y anticlericales de amplios sectores europeos.
Las monarquías europeas se declaraban católicas y los eclesiásticos en general fervientes monárquicos. Declarar a Jesucristo Rey era querer perpetuar la cristiandad medieval en oposición a la secularización del mundo moderno, con la pretensión de que al menos los Estados monárquicos reconocieran oficialmente a Jesucristo como Rey de reyes, y a partir de ahí reconocer el poder temporal del Papa sobre los demás soberanos y sus Estados.
La Iglesia quería seguir siendo un poder absoluto, y aún hoy sigue funcionando como una monarquía absoluta, a pesar del C.Vaticano II que intentó poner las cosas un poco en su sitio, porque el Vaticano, y el Papa en concreto, tienen siempre la última palabra, porque en la Iglesia Oficial no hay democracia.
Funciona como una monarquía absoluta, a pesar de que Jesús dijo: «mi reino no es de este mundo». Solo la democracia puede controlar el poder, y no siempre, incluso en países democráticos. Una Iglesia que es verticalista, asimétrica, no democrática, no puede verse libre de corrupción, y quien cuestiona a esa Iglesia acaba fuera. El poder absoluto siempre es malo.
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