Fundamentada en Dios, es segura

Una cultura de la esperanza

La esperanza es capaz de hacer emerger lo mejor que hay en nosotros

Una cultura de la esperanza
Cuidar la esperanza

El anuncio del Evangelio de la esperanza comporta el tránsito de una fe sostenida por las costumbres sociales a una fe más personal, más madura y más convencida

(Lluís Martínez Sistach, cardenal de Barcelona).- En estos tiempos de crisis, en que nos movemos entre tantas inseguridades e incertidumbres, puede parecer una ingenuidad o un atrevimiento invitar a la esperanza.

Sin embargo, también en este tiempo nuestro, es preciso renovar el camino de la esperanza en el futuro, conscientes de que se trata de un camino que hay que recorrer con paciencia y esfuerzo, y no solos sino en la compañía de los demás cristianos.

Como ha escrito el profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, «los últimos diez años, después de los trágicos atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos primero y posteriormente en ciudades europeas como Madrid y Londres, han sido un tiempo de temor. Pero, después del temor, hemos de entrar en el tiempo de la esperanza. Hemos de rehacer una cultura de la esperanza». Hemos de cultivarla cada día. La esperanza no se reduce a un clima de optimismo que se puede tener en un momento determinado y que nos puede abandonar en cualquier otro momento. La esperanza cristiana es una virtud teologal, lo que significa que es un don de Dios, y por esto la esperanza -por muchas que sean las dificultades- es fuerte y constante.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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