Junto a los temas biopolíticos y los referidos a la indeleble dimensión social de la fe, Benedicto xvi sitúa la crítica al liberalismo radical y a la tecnocracia, y la defensa del derecho al trabajo
(GM Vian, en L’Osservatore).- Por la amplitud de su mirada, es tentador definir el mensaje para la Jornada mundial de la paz como una pequeña encíclica. El fondo del texto lo aportan dos acontecimientos de hace medio siglo: el inicio del Concilio Vaticano ii, abierto el 11 de octubre de 1962, y la Pacem in terris del 11 de abril de 1963, la última encílica de Juan xxiii que indicó los cuatro fundamentos -verdad, libertad, amor, justicia- para una convivencia pacífica.
El contexto mundial está marcado por conflictos y vientos de guerra, causados o reforzados por fenómenos varias veces denunciados no sólo por la Santa Sede, y de nuevo enumerados: desde el desordenado capitalismo financiero hasta el terrorismo, los fundamentalismos y los fanatismos que desfiguran el rostro auténtico de la religión. Pero no hay que resignarse a la dureza inspirados por criterios de poder o de beneficio, subraya otra vez el Papa, quien relanza y renueva un eslogan de los más eficaces de Pablo VI, perfecto para un tuit: «La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible».
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