Se pone al alcance de todos

Dios me evangeliza con su Epifanía

Seamos universales. Eso es ser católico

Dios me evangeliza con su Epifanía
Epìfanía

La Iglesia siempre ha hecho política, Jesús hizo política y el Evangelio es político

(Eugenio Pizarro).- Recuerdo, que años atrás, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, me envió a Brasil a seguir un Curso de Teología, para que pudiera posteriormente, ayudar pastoralmente, a poner en práctica el Concilio Vaticano II desde una perspectiva Latinoamericana en nuestro Chile, especialmente en Arquidiócesis de Santiago. Me siento impregnado de Vaticano II, de Medelín y de Puebla, también de la Evangelli Nuntiandi, y de una verdadera Teología de la Liberación.

Todo fue una gran Manifestación de Dios hacia mi sacerdocio. Fue una Epifanía. El Vaticano II cumplió 50 años y yo he cumplido 50 años de sacerdocio. Mi vida va a la par con lo que se llamó, entre nosotros, ‘la primavera de la Iglesia’.
En ese curso ya mencionado aprendí que la Evangelización siempre debe comprender un Anuncio, una Denuncia y una Convocación.
En esta Fiesta de la Epifanía del Señor quiero poner en práctica estos tres elementos, por supuesto pensando en la venia de ustedes, mis lectores.

ANUNCIO.

Dios, con su Epifanía, se nos manifiesta con Amor Infinito. Epifanía significa manifestación.
Dios manifiesta su amor a hombres y mujeres sin exclusión. Dios se pone al alcance de todos.
Nos manifiesta un rostro de bondad y amor universal. Es decir, Dios actúa y nadie puede controlarlo ni administrarlo. Tampoco encasillarlo ni guadárselo para sí mismo, como quien lo atesora para sí, guardándolo en una caja de fondo y de tesoro, como una antípoda al amor universal de Dios por la humanidad toda.
El amor de Dios ha explosionado, y alcanza, en su infinitud, para todos. Su amor y salvación es universal. ¡Bendito sea Dios!

Dios manifiesta su amor y misericordia encarnados en la persona de Jesús. Y no sólo al pueblo escogido. Dios es Buena Noticia y Buen Anuncio, también para la gente representada en los Magos de Oriente. Esto quiere decir que el anuncio del Nacimiento de Jesús es gloria y ‘paz para todos los hombres de buena voluntad’. Y bien sabemos por Vaticano II que los hombres de buena voluntad son también los no creyentes. Entonces, no hay exclusión ninguna, por parte de Dios, en el cumplimiento de las promesas de salvación y liberación integral para la humanidad. Con el Nacimiento de Emmanuel: Dios- con- nosotros, se les llama a todos a recibir el amor salvador y liberador, que Jesús trae como enviado del Padre. Los Magos eran de Oriente y conocieron la Manifestación de Dios en el pesebre. Por tanto Dios no es exclusivo para los hijos de Abraham… o sea que eso no es credencial para que Dios derrame y manifieste su amor y misericordia… «Porque yo les aseguro que, de estas piedras, Dios puede sacar hijos de Abraham» (Lucas 3, 8).
El Vaticano II y la Evangelii Nuntiandi ‘nos mandan al mundo no sólo como maestros, sino también como discípulos’, porque en el mundo también se está viviendo la Pascua de Cristo. Hay signos de muerte y también signos de vida y resurrección en el seno del pueblo, especialmente en el pueblo pobre y marginado. Ahí, en ese mundo, como discípulos, debemos dejarnos evangelizar. Hoy día, después de todo, estamos convencidos de que podemos anunciar que el amor y la misericordia de Dios, Encarnados en Jesús, no es un privilegio sólo de los cristianos y católicos. Este Anuncio y Evangelización no tiene límites ni fronteras. Dios ama a todos los hombres y mujeres. Y siguiendo al gran Papa Pablo VI, que clausuró el Concilio Vaticano II, reiteramos el Anuncio y la Evangelización es «para todo el hombre y para todos los hombres (mujeres). Es un Evangelio Universal: Jesús es Universal. Tan Universal es que «Nada de la experiencia humana es ajena a la Evangelización». Entonces, la Evangelización no se puede truncar, parcelar ni mutilar. NÓ. La Evangelización es Universal, y entonces es Católica… eso signfica católico: universal.
Los católicos, según el deseo del Señor, somos y debemos ser universales: hombres y mujeres ‘sin muros y con mucho horizonte’. Un católico, con apertura y corazón siempre joven, debe actuar siempre con la gente y con la sociedad, «discerniendo los signos de los tiempos», ‘sin muros y con mucho horizonte’. Nuestro gozo apostólico, nuestro compromiso evangelizador y misionero, nos hace comprender que la liberación y salvación integral es para todos. Mi compromiso apostólico y misionero me conduce al camino del abrazo fraterno con todos. Esto es ser católico. Hay que tener un corazón grande y abierto. Así como Juan XXIII dijo: «Abran las ventanas de la Iglesia para que entre el aire del mundo»… así, los discípulos de Cristo deben abrir su corazón, lleno de amor, hacia todos. Se trata de una gran apertura al mundo todo. ¡Qué importante somos los discípulos de Jesús!
Si nada más y nada menos somos los instrumentos del Maestro, para poner al alcance de todos, su persona, su salvación y liberación, sin exclusión alguna. Somos apóstoles de un Dios infinito y universal en su amor y en todo lo que es su esencia misma. El amor de Dios no tiene fronteras. Tampoco el Amor derramado en nuestros corazones, que nos dice: «Vayan y Evangelicen hasta los confines de la tierra». Esto es lo evangélico. Esto es ser católico. Esta es la voluntad del Señor.
‘Tiene ovejas que no están en su aprisco… quiero que vayan a su encuentro y las llamen, para que haya un solo rebaño bajo un solo Pastor’. Y la dicha nuestra es cumplir el deseo y mandato del Señor.

Es en este contexto, es que quiero situar una experiencia personal. Los pobres de comunidades cristianas populares: evangélicas y católicas: «Comando Ecuménico por los pobres» me solicitaron poder inscribirme como su Pre- Candidato a las Primarias Presidenciales del MIDA. Nunca me pidieron la Presidencia de Chile. Sólo querían que se aprovechara una coyuntura electoral nacional, para que mi sacerdocio, se pusiera al servicio de la causa de los pobres, a los cuales «no había llegado la alegría», como era el slogan de un anterior candidato presidencial ganador. Había que recorrer todo Chile- yo diría- evangelizando desde los pobres, con, para y por los pobres. En las primarias salí elegido candidato presidencial. Era un candidato atípico, como así lo decía que era también, el candidato que sólo estaba para poner los temas ausentes de la ecología y del medio ambiente (MacNeef).
Lo mío fue una experiencia hermosa y de convicción personal y de conciencia, no exenta de cruces e incomprensiones. Esto último, me hacía pensar: ‘Estoy celebrando la Eucaristía de la vida: el «Hagan esto en memoria mía» lo estaba viviendo en las fronteras de la Iglesia; estaba «in persona Christi», entregando mi cuerpo y mi sangre por los marginados, ninguneados y pobres de Chile. Fui sal de la tierra, fermento en la masa. Me encarné en la frontera de la política, lo digo, porque para muchos católicos ésta es un tema tabú, y más aún, para un sacerdote. Fui un sacerdote candidato, que no buscaba la presidencia, buscaba servir a Cristo en los pobres. Mi paso por esta experiencia – con alegría lo digo – para algunos no creyentes fue una Epifanía, un anuncio y una Evangelización. Posteriormente a estos hechos y avatares políticos, recuerdo a cuantos políticos no creyentes, pero hombres y mujeres de buena voluntad, como los llama el Vaticano II, me solicitaron mis servicios sacerdotales. Recuerdo a dos grandes hombres de la política chilena, no creyentes, que tuve la dicha de atenderlos como sacerdote, acompañándolos no en su muerte, así, a secas, sino en su pascua hacia la casa del Padre.
Así, después de muchos años,, me atrevo a pedir, que en este contexto de Anuncio y Evangelización desde y por los pobres entiendan mi misión de 1993. Nunca se buscó un poder temporal de presidente. También eso era imposible dada la realidad política nacional post dictadura.
Sé que he sido incomprendido y muy criticado, incluso, muy fuerte, por mis hermanos de Iglesia: sacerdotes, jerarquía y laicos. Los comprendo era una situación especial y no común. También los perdono, y si a alguien yo, por mi actuación, lo herí, también le pido perdón.
Soy sacerdote. Seré sacerdote. Moriré sacerdote. Eso lo dije en mi campaña, como dije, incluso por televisión, que era un candidato atípico, que estaba sólo para levantar la causas de los pobres de Cristo.

Ahora damos el segundo paso:

DENUNCIA.

Ahora me toca o corresponde criticar a mí… Sí… Y a muchos… ¡Es una broma! No se la tomen en serio. Sí que es serio en una verdera Evangelización la denuncia.
Quiero decir, al comenzar este segundo paso de nuestra Evangelización, que todo católico debe revisarse y convertirse a la universalidad de la misión de salvación y de liberación integral cristiana.
Los católicos no debemos pretender tener la exclusividad de Dios y su amor salvador. Hace tiempo que caducó el axioma católico: «Fuera de la Iglesia no hay salvación».
Si en este tiempo de Navidad, Dios vive y nace en nosotros, se hace necesario e imperioso: urgente, que todos los católicos entendamos que no es para guardarlo , sino para anunciarlo y entregarlo, poniéndolo al alcance de todos, compartiéndolo como Pan de Vida y Bebida de Salvación, con todo y con todos, sin exclusión de nadie. Tenemos que hacer de Jesús la Buena Nueva y Buena Noticia de bienaventuranza para todos. El católico mismo debe convencerse que él debe ser Epifanía y Manifestación de Dios para hombres y mujeres. «La Caridad de Cristo nos urge».

Lamentablemente tengo que denunciar muchas pifias y errores de los católicos al respecto.
Hay cierto sectarismo y una actitud no abierta ni acogedora . Hay una tendencia de hacer una Iglesia centrada y encerrada en sí misma.
Han surgidos ciertos movimientos de espiritualidad , que se guardan, que encasillan y se adueñan de Jesús con prepotencia y exclusividad. Cómo que lo gozan sólo entre ellos:»Qué bueno es estarnos aquí… Señor, hagámos tres tiendas … se esconden… quieren disfrutar solos del «tesoro de nuestra fe». No lo manifiestan ni hacen una Epifanía de Dios para los otros. Son los que tienen una mala entendida espiritualidad y no han entendido el mandato de ser, como discípulos de Cristo, ‘sal de la tierra, fermento en la masa y luz del mundo’. No son misioneros. No Evangelizan. No se encarnan ni se comprometen con la historia y la realidad de la humanidad. Son como el ‘sacerdote’ y el ‘levita’ de la parábola del Buen Samaritano. No se meten en los problemas. No quieren hacerse problema por nada que pase a su alrededor. No asumen ningún conflicto de la vida que les toca vivir. Algunos laicos, que según el Vaticano II, tienen un compromiso específico y propio en el mundo temporal, le temen a la política, más aún le temen a un compromiso político, incluso, en sus reuniones, no tratan ningún tema político, por temor a dividirse y tener problemas de relaciones humanas. Si en un grupo cristiano y de Iglesia no pueden hablar por temor a dividirse, ¿en qué otro lugar mejor, un católico puede vivir la unidad en la diversidad? Finalmente terminan siendo un grupo mentiroso: no son capaces de decirse las cosas y tratarlas fraternalmente con verdad y caridad cristiana. Se esconden su propia verdad, y así nunca asumen el conflicto de la vida humana misma. Son los que hasta temen «romper un huevo». Y lo peor de todo: no sólo se centran en sí mismos, haciendo distinciones absurdas entre lo ‘espiritual’ y lo humano, no entendiendo que todo es y puede ser espiritual, sino que también son activos obstáculos para la Misión y Evangelización de la Iglesia hacia afuera, hacia lo temporal y hacia la pastoral de las fronteras. Ante la problemática social y del mundo propician una Iglesia neutra, híbrida. Son los involucionistas y restauradores de la Iglesia del Vaticano II. Y como lo dijimos antes, una Iglesia que debe «discernir los signos de los tiempos a la luz del Espíritu Santo» y que ha sido mandada al mundo secular a evangelizarlo todo, es mirada con reservas y muchas veces tachada de política, como si la política fuera un pecado para hombres y mujeres de Iglesia. Recordamos: La Iglesia siempre ha hecho política, Jesús hizo política y el Evangelio es político. Y se hace política como Epifanía, como Manifestación del amor de Dios por la humanidad. La política es la búsqueda del bien de la «polis», del bien común. Llega a ser una expresión eximia de amor por mis semejantes. No es una política unida a un partido político. No se trata de un proselitismo político de un partido tal o un partido cual. Nó. Se trata del bien común de la «polis». Sospechosamente, esos católicos «espiritualistas» son tradicionalistas, conservadores y retardatarios. Me atrevo a decir, que me parece, que estos grupos, sí que tienen, queriéndolo o no, una posición política egoísta y de un partido político, por lo general no preocupados de los pobres y de la justicia social. Antiguamente, gente como a la que me refiero, escondieron las Encíclicas Sociales de la Iglesia. A veces, coincide que son grupos que buscan defender intereses mezquinos. Son los poderosos que quieren adueñarse de la Iglesia, y que muchas veces intentan marcar el rumbo de la Iglesia con respecto a su compromiso de «todo el hombre y de todos los hombres». Denuncio también algunos grupos de Iglesia de condición pobre, que andan viendo el comunismo por todos lados; tienen un enfermizo anticomunismo, pero no le hace asco votar por un neo liberalismo, condenado por la Iglesia, que los hace a ellos, en la práctica, cada vez más pobres y con una vida reñida con los derechos humanos y una vida digna de seres humanos. Parece que en la Epifanía de ellos, Dios no se les ha manifestado en un Niño pobre, que «no tuvo un lugar en la posada» como muchos de sus compatriotas que no tienen vivienda y no tienen una vivienda digna: aislados, ninguneados, escondidos en Campamentos periféricos.
Estos católicos, en esta Manifestación y Epifanía de Dios, deben entender y también recordar que el Papa Bueno: Juan XXIII nos dijo en Vaticano II: «Abran las ventanas y puertas de la Iglesia… ésta está con aire un tanto enrarecido. Hay que tomar el aire del mundo y hacerlo entrar», pues allí en el mundo, también Jesús está viviendo su Pascua. Recordemos el pasaje del Evangelio de los Apóstoles en la «barca» sin Jesús con ellos… se levanta una tormenta en el lago… hay olas que asustan… se teme que la «barca» se hunda y sucumba ante la tempestad borrascosa. De pronto Jesús viene caminando sobre el lago no obstante la tempestad… ‘No tengan miedo soy yo’. Jesús no está en la «barca» porque está caminando por en medio de la tempestad en el lago… Pedro quiere hacer lo mismo… Jesús lo invita: Ven… Las olas asustan a Pedro y de miedo comienza a hundirse. El Señor lo toma de la mano y lo salva. Pedro tuvo poca fe y comenzó a hundirse. Creo que hay católicos que siempre quieren estar en la «barca» , en la Iglesia encerrados, viviendo centrados en sí mismos. El Vaticano II los mandó al mundo a Evangelizar. Jesús manda a Evangelizar hasta los confines del «lago del mundo». Él enseñó a salir de la «barca» y a caminar los caminos de un «lago mundo», a veces muy tormentoso. En Vaticano II se mandó a la Iglesia: Pueblo de Dios a vivir esa experiencia propia de la Misión y de la Evangelización. Parece que el secularismo del «lago mundo» tormentoso, les hizo temer a muchos: temer por la suerte de la Iglesia. Así comenzó la involución y restauración de la Iglesia con respecto al Vaticano II. Puede ser que haya habido fallas en la aplicación del Concilio, pero yo creo que faltó fe, como le faltó a Pedro. Se temió que la Iglesia podía hundirse y recibir una infiltración del secularismo. Se ha olvidado que la Efifanía: la Manifestación de Dios se mostró con un amor hasta el extremo: «Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo Unigénito al mundo. Vino para salvar al mundo y no para condenarlo».La Encarnación del Verbo es la Efinanía, la Manifestación de una misericordia y de un amor de Dios hasta el extremo, para salvar y liberar al mundo todo: a «todo el hombre y a todos los hombres»… «Nada de la expriencia humana es ajena a la Evangelización»… a la Encarnación de Cristo, asumiendo el conflicto de la vida humana, haciéndolo suyo y cargándolo en la pesada Cruz, crucificándolo y haciéndolo morir en su cuerpo mortal. «No hay amor más grande que éste: dar la vida por los que se ama».
La denuncia que hago es que hay vida de gente católica que se ha opuesto a esto, consciente o inconscientemente. Pero hacen una Iglesia temerosa, guardada y encerrada en sí misma. Critican y no quieren a las comunidades cristianas de base: iglesia doméstica, inserta o encarnada en un barrio, en una población o en la sociedad o en el mundo; comprometidas para transformar el mundo y la sociedad en Reino de Dios. Denuncio a católicos: sacerdotes, laicos y religiosas que no viven la Epifanía y la Manifestación del amor de Dios en el mundo temporal, olvidando que hay que construir el Reino desde ya, aquí y ahora. Denuncio a esos grupos y movimientos de «espiritualidad» , que políticamente encerrados y centrados sólo entre ellos, no salvan a nadie, incluso, usan, imitando a una sociedad de consumo, acaparadora y egoísta, con una economía de «capitalismo salvaje», lo que llaman el acumular «capital de gracia». Van anotando en su carpeta personal cuántas comuniones, cuántas confesiones, cuántas oraciones, cuántos rosarios, etc. Acumulan «capital de gracia»: es una macroeconomía religiosa, que acumula y no «chorrea nunca» como el neo liberalismo que hace la pobreza y miseria del 80% de seres humanos en el mundo. Esta dinámica del «capital de gracia» es acumulativa y no es compartida, no es ni Epifanía ni Manifestación de Dios a los demás, es decir, tampoco «chorrea nunca» y hace una Iglesia y una sociedad pobre de Dios y de los valores que constituyen un alma de una nación.. ¡Eso no es Reino! ¡Eso no es hacer Epifanía ni Reino!

Pero hay más denuncia. Hay católicos que cierran su corazón a su hermano porque no piensa igual que ellos. Tienen el prurito de hacer exclusiones y no Epifanías; actúan haciendo discriminación y acepción de personas. Muchas veces, escucho comentarios (más bien pelambres):
«Éste está en pecado»… ése vive separado de su mujer y está emparejado con otra»… «es un adúltero»… ésos están divorciados… ésa está embarazada sin haberse casado». Éste es un comunista»… éste otro es masón… es agnóstico o ateo».
Cuánto tiempo perdido y gastado inútilmente. Cuánta manifestación de Dios y Epifanía de Él omitida.
Cuánta ausencia de bien.
Esas personas, que actúan perdiendo su valioso tiempo de apostolado, son los que no han entendido que Dios se hace Epifanía y Manifestación en Jesús. Un Dios hecho Hombre, con un amor salvador y liberador. No han entendido que uno rechaza el pecado, pero que al pecador hay que abrirles los brazos para amarlo y salvarlo. Olvidan que estamos en tiempo de salvación y no de condenación. El pecado o el delito lo ven los Tribunales Civiles y Eclesiásticos. Ellos investigan, sentencian y condenan. Nosotros no estamos para ser jueces y condenadores. Nosotros estamos, como Cristo, para salvar.
Lo cristianos y católicos decimos creer, seguir a Cristo y ser sus discípulos, más aún nos llamamos hijos de Dios, pero no se ha entendido que Cristo se manifestó en una Epifanía, desde el comienzo, rompiendo barreras, derribando muros y esquemas mentales rigoristas, sin espíritu, apegados a la letra de la ley. Así fue. Se manifestó a los Magos del Oriente, que no eran hijos de Abraham. Más adelante, ante el escándalo, de los que querían que se le lanzaran piedras a mujer adúltera hasta matarla, Jesús no se arrancó de la mujer ni la apedreó. La perdonó y la salvó. Retumba en nuestros oídos la sentencia de Cristo: «El que esté libre de culpa que lance la primera piedra». Nadie lo hizo. También eran pecadores y se retiraron. Se vive ‘mirando la paja en el ojo ajeno y no mirando la viga que hay en nuestro propio ojo’. No olvidar: «He venido por los pecadores y no por los justos». «Son los enfermos y no lo sanos los que necesitan de médico». ‘He venido a buscar la oveja perdida’. ‘La voluntad del Padre es que no se pierda ninguno de éstos’. «He venido para que tengan vida y vida en abundancia». Todo esto es evangélico: Evangelización, Manifestación y Epifanía del amor y misericordia de Dios. De un Dios ‘sin muros y con infinito horizonte’. De un Dios de todos, sin sectarismos, exclusiones ni discriminación y acepción de personas. Dios es Amor
.
Veo que he estado junto con la denuncia, anunciando la Epifanía y la Manifestación de Dios.

CONVOCACIÓN.

Seré más breve en este punto, porque ya de alguna manera he estado convocando.
Pueblo de Dios: Seamos universales. Eso es ser católico.
Seamos Evangelizadores hasta los confines. Seamos Evangelizadores en las fronteras pastorales. Seamos Misioneros, abiertos al mundo todo y a todos los hombres y mujeres. Seamos sin muros y con mucho horizonte. Seamos ecuménicos y pluralistas. Seamos hombres y mujeres de diálogo entre creyentes y no creyentes como nos dice el Concilio, buscando construir juntos la patria temporal.
Creamos en los hombres y mujeres de buena voluntad y en este tiempo de Navidad y de la Epifanía, recordemos: «De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel, y cantaban a Dios: «Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a todos los hombres de buena voluntad». (Lucas 2, 13-14).
Finalmente, seamos una Epifanía y Manifestación del Amor y la Misericordia de Dios. Seamos, en Jesús, una Epifanía de salvación y liberación integral, en la «barca» Iglesia, en el mundo todo, caminando como Cristo, en un mundo con un «lago tormentoso», en nuestra familia y en nuestra sociedad, aceptando el desafío universal de la fiesta de la Epifanía del Señor.

En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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