"Una Iglesia a la que servir sin servirnos de ella"

«He imaginado…»

"Donde nos tratemos con cariño y bondad"

"He imaginado..."
La Iglesia soñada

Una Iglesia que se abra al inmenso caudal de sus santidades ocultas, u ocultadas interesadamente

(Juan Pablo Somiedo)- He imaginado una Iglesia más inclusiva. Una Iglesia donde todos tengan cabida, independientemente de su condición sexual, ideología, raza o edad, si verdaderamente quieren seguir el Evangelio y caminar como hijos de un mismo Dios, a pesar de todo. Y todos en igualdad de condiciones.

He imaginado una Iglesia más fraternal. Una Iglesia donde los de dentro nos tratemos con cariño y bondad para que los de fuera digan «mirad cómo se aman». Una Iglesia donde el compañero no se convierta en espía del compañero y donde el Obispo no sea el inquisidor. Una Iglesia más pronta a cuidar de los suyos que a condenarlos.

He imaginado una Iglesia más sincera. Una Iglesia donde los individuos se valoren realmente por lo que son y no por lo que otros, muchas veces interesados, dicen que son. Una Iglesia limpia de sepulcros blanqueados y de las influencias de todos aquellos cuyo único mérito es hacer la pelota al obispo de turno, criticar a compañeros de ministerio y simular hipócritamente que siguen el Evangelio. Una Iglesia que abra las puertas de par en par y no oculte ni sus pecados ni tampoco el inmenso caudal de sus santidades ocultas u ocultadas interesadamente.

He imaginado una Iglesia más libre. Una Iglesia donde los sacerdotes puedan elegir si quieren vivir el celibato o no, sin tener que llevar una doble vida, donde los obispos no amenacen con el báculo de la exclusión o el castigo a los que no piensan como ellos y donde existan foros apropiados para que cada uno pueda expresar libremente su opinión sin temor a la marginalidad del que piensa diferente. Una Iglesia donde los extremismos desaparezcan en favor de una germinadora pluralidad de opinión.

He imaginado una Iglesia más comunitaria. Donde de verdad se compartan los bienes, pocos o muchos. Donde todos los curas, independientemente de su labor o de su parroquia, reciban lo mismo y las comparaciones, las envidias y los puestos privilegiados desaparezcan. Donde lo material, por tanto, se convierta en un medio y nunca en un fin, incluido el IOR.

He imaginado una Iglesia más servidora. Una Iglesia en la que todos nos convirtamos en servidores y no nos sirvamos de ella. Una Iglesia más atenta a los pobres y a los débiles, una Iglesia que anuncie el Evangelio, pero que sea valiente en la denuncia de las situaciones injustas y las mentiras que esclavizan a la sociedad y al hombre. Una Iglesia cuyos obispos no duden en ir personalmente a tratar de impedir el desalojo de una familia de su vivienda, aunque finalmente no lo consigan o no se sientan cómodos con los comentarios.

Y…de repente, mis imaginaciones se desvanecieron al escuchar «Habemus Papam«.

Good luck, Francisco. Que el Espíritu Santo te acompañe en tu labor.

Postdata: Si vos imaginaste lo mismo que yo, escríbeme pibe.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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