La barca puso los remos al revés

¿Tiempo de Resurrección para nuestra Iglesia?

El de Asís fue experto en domesticar lobos

¿Tiempo de Resurrección para nuestra Iglesia?
Revista Telar

Que el Papa deje de ser jefe político de un estado monárquico riquísimo, de enorme burocracia y de manejos vergonzosos

(Alfredo Barahona, revista Telar).- No es un tiempo cualquiera éste de Resurrección. Al gozo por el Cristo triunfante de la muerte se suma esta vez una alegría enorme y esperanzada por la irrupción del nuevo sucesor de Pedro.

Hasta el 11 de febrero pasado nadie suponía que, siete siglos después que otro papa lo hiciera, Benedicto XVI renunciaría voluntariamente. Un mes después y en sólo dos días de cónclave, surgía un obispo de Roma -como insiste en llamarse- de características únicas: primero no europeo en trece siglos; primer jesuita; primer americano; primero surgido del cono austral del continente y, por añadidura, de la sede misma en que se asienta la de los claretianos de San José del Sur.

La adhesión y esperanzas que el papa Francisco ha concitado, talvez sean sólo comparables a las que despertó en su momento la figura de Juan XXIII, cuyo estilo personal y decisiones trascendentales -que culminarían en un concilio ecuménico no celebrado desde hacía un siglo- hicieron del suyo un gran pontificado.

El «Papa Bueno» llamó entonces a la Iglesia a abrir las ventanas al aire fresco de un mundo al que por temores y recelos ancestrales las tenía cerradas, más dispuesta a censurar y condenar que a acoger, servir y amar.

Medio siglo después, el mundo ha vivido muchos de los cambios tecnológicos, sociales, económicos y políticos más trascendentales en la historia. Y una vez más, la Iglesia vive una de sus crisis más profundas y preocupantes. Las causas son muchas y de antigua data. Pero nunca como ahora las llagas son tan públicas y notorias, porque en la «aldea global» donde vivimos queda ya muy poco que no lo sea. Gracias a las tecnologías de la información y comunicaciones, lo que ocurre en un rincón del planeta se sabe al instante en el otro extremo; lo que antes se ocultaba bajo las alfombras se pregona hoy en las cumbres de los montes.

Confrontada a un mundo que antaño dominó sin contrapeso y que se le escapó hace rato de las manos, tras el Concilio la estructura eclesial jerárquíca logró caminar sobre las aguas tanto como Pedro. Ante los aires frescos se fueron cerrando de nuevo las ventanas; la barca que se había echado mar adentro puso los remos al revés; iniciativas claves para que el pueblo cristiano avanzara ante los vientos saludables del Concilio, fueron sustituidas por objetivos y estrategias retrógrados, en manos de instituciones eclesiales supuestamente «nuevas», pero cuya finalidad precisa era el retorno a un pasado que el Concilio había llamado a dejar atrás.

La barca eclesial fue siendo sacudida entre tanto por miles de escándalos sexuales ocultados bajo alfombras jerárquicas. Junto a otros antisignos de grueso calibre, como manejos turbios de capitales enormes, luchas de poder encarnizadas, modos de vida incompatibles con el mensaje y testimonio del Nazareno, han sumido a la Iglesia -no sólo jerárquica- en una crisis de credibilidad pública muy difícil de revertir.

Al interior mismo de la Iglesia se alza, ya a toda voz, el clamor por una renovación de fondo en que el Papa deje de ser jefe político de un estado monárquico riquísimo, de enorme burocracia y de manejos vergonzosos; que se democraticen la generación y el ejercio jerárquicos, se incorpore en ellos a la mujer, se deroguen normas que prevalecen sobre la misericordia y el amor, se elimine la imposición del celibato sacerdotal, se asuma de verdad la opción por los pobres…

Muchos desafíos esperan a Francisco, quien, como el de Asís, parece ser llamado por Dios a «reconstruir su Iglesia», a la que encuentra «devastada por jabalíes» y no sólo los de afuera, como recalcara el papa Benedicto antes de renunciar «rodeado de lobos», en palabras del propio L’Osservatore Romano.

Los lobos siguen aullando. Pero el pueblo cristiano, que aclama en estos días la resurrección de Cristo, recibe a Francisco con una enorme esperanza en la resurrección de su iglesia, y no olvida que el de Asís fue experto en domesticar lobos.

Misionero claretiano, Santiago de Chile

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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