Los partidos de derechas pueden estar más cercanos a la Iglesia desde el punto de vista de la moral familiar y sexual, pero no lo están en el plano social
(José Manuel Vidal).- Pedro Miguel Lamet es un viejo amigo, jesuita y periodista. Es además un gran escritor, un gran biógrafo (por ejemplo, de Díez-Alegría o de Arrupe), y sus biografías hacen época. Es un referente dentro de la Compañía de Jesús y de la Iglesia española, y hoy viene a presentarnos «Azul y rojo, José María de Llanos». La «biografía del jesuita que militó en las dos Españas y eligió el suburbio», como se lee en la portada de la obra publicada por la Esfera de los Libros.
«Los partidos de derechas pueden estar más cercanos a la Iglesia desde el punto de vista de la moral familiar y sexual, pero no lo están en el plano social«, afirma Lamet, y recuerda que «entre los rojos había mucha gente que se moría por ideales en el fondo cristianos, como la solidaridad y la justicia social».
Sobre el Papa Francisco, opina que «no es un actor, la impresión que produce es que es libre por dentro y que sus gestos son auténticos», y señala la importancia de su decisión de quedarse a vivir en Santa Marta: «Antes el Papa se asomaba por la ventanita de su tercer piso como si fuera el cuco, ahora ha salido del palacio y tiene el pálpito de la vida cotidiana«. Pero piensa que los vientos de cambio tardarán en llegar a España, «porque tenemos una rémora de nombramientos que siguen una misma línea».
¿Actualmente ya no te dedicas al periodismo?
No, pero yo creo eso del periodismo no te lo quitas nunca, en definitiva mi último libro es muy periodístico; y yo sigo además escribiendo en periódicos. Lo que pasa es que no estoy en la cancha del periodismo cotidiano.
¿Cuánto tiempo te ha llevado la biografía de José María de Llanos?
Dos años de trabajo. Tiene 730 páginas y mil notas.
Es un personaje que ha marcado la historia de España. ¿Te ha resultado apasionante?
Sí, sobre todo la investigación nueva en los archivos personales. La Compañía de Jesús tiene los archivos de la provincia de Castilla, en Alcalá de Henares, donde van todos nuestros documentos. Llanos tenía la costumbre de guardarlo todo, desde el galón de la Falange hasta las cartas de la Pasionaria. Entonces, ha sido realmente apasionante ver sus apuntes espirituales, sus cuadernos de cuando estaba fuera de España…
¿O sea que has tenido fuentes de primera mano, y acceso a documentos que no se habían publicado?
Sí, de primerísima mano. Cosas que no se habían publicado nunca, como por ejemplo la carta en la que le pide al provincial marcharse al Pozo del Tío Raimundo, que es una carta preciosa en la que él dice que quiere «plantar un Nazaret» en medio del Pozo del Tío Raimundo. Pero luego no termina siendo un Nazaret de mera presencia, sino que se convierte en puente entre el Madrid opulento y la pobreza tremenda del barrio.
¿Fue muy azul cuando fue azul?
Totalmente azul. Hay que tener en cuenta que él fue expulsado por los jesuitas cuando la quema de conventos en el año 32, fue a Bélgica y allí creó un grupo de estudiantes. Fue allí a estudiar filosofía, y el grupo que crea estará compuesto por una serie de jesuitas magníficos que luego serán grandes figuras. Después fue destinado a estudiar teología en Portugal, y en Portugal es donde vive la experiencia tremenda de la guerra, y el martirio de sus dos hermanos. A su hermano Manolo le metieron el crucifijo a culatazos por la boca. Todo eso le va llegando por carta, y yo he publicado las cartas que se escribe con su padre cuando le llega la noticia. Y todo esto con un dolor de estómago perenne que tendrá toda su vida, provocado por una úlcera que nunca se curará.
Por aquella época escribió un artículo en «Razón y Fe» muy de la línea joseantoniana y demás. Él siempre va a ser más de José Antonio (y del José Antonio más puro) que de Franco.
¿Cuál es el detonante que le lleva al cambio ideológico?
Él se convirtió en cura de moda durante el franquismo. Durante la primera época del franquismo es capellán de la Falange, e incluso le da los ejercicios a Franco. Él decía que Franco era muy milagrero, y que estaba convencido de que la Virgen de África le había salvado, permitiéndole cruzar sin que la escuadra roja le impidiera el paso por el Estrecho. Hay una anécdota muy divertida, y es que Franco le confió al padre Llanos que s ele había aparecido Santa Teresa de Jesús. Por eso llevaba el brazo como amuleto siempre consigo. Otra cosa curiosa es cuando le dio toda una serie de nombres de masones como Dámaso Alonso, que no era en absoluto masón.
Pero el padre Llanos siempre respetaba a Franco porque creía que estaba equivocado, pero que no lo hacía con mala voluntad. Hay otro dato muy curioso, y es que el Padre Llanos estaba en una lista de intocables, de manera que cuando había una revuelta y aparecía la policía, al padre Llanos no le tocaban un pelo. Un día hasta llegó a ir a la Dirección General de Seguridad para que le detuviesen. Porque no le detenían ni de broma.
¿Y permaneció en esa lista de intocables incluso cuando ya estaba en el Pozo?
Sí, todo el tiempo. Franco llegó a ir a inaugurar el Pozo reconstruido, ya sin chabolas, y Llanos ese día se fue de excursión a la sierra con los muchachos del Pozo para no recibir a Franco. Aunque luego se arrepintió un poco.
¿Estaba en esa lista por servicios prestados, como reconocimiento a lo que había sido?
No se sabe por qué, a lo mejor sólo por ser amigo de Franco, y porque había sido el cura de la Falange. Había sido un hombre muy muy azul.
¿Qué fue lo que le hizo cambiar?
Un día estaba en un castillo de estos históricos de Cuenca, viendo el pueblo desde lo alto. Iba de marcha con los muchachos, de un lado para otro, y llegó un momento que sintió que estaba de espaldas al pueblo que estaba sufriendo la posguerra y la pobreza. Entonces creó el movimiento juvenil del SUT (Servicio Universitario para Trabajadores), y creó campos de trabajo en toda España, para concienciar a los muchachos universitarios y que valoraran el trabajo. También se ocupó un poco de la marginación en Madrid, hasta que llegó un día que decidió marcharse.
¿O sea que la miseria y la pobreza le convirtieron?
Sí, de alguna manera. Se dio cuenta de que estaba de espaldas al otro.
¿También ideológicamente?
Es que él separaba mucho la fe, su amor a Jesucristo (él era enormemente piadoso, rezaba los 15 misterios del rosario todos los días, la eucaristía era el centro de su vida, era un hombre muy devoto…), de sus posturas políticas. Pero al mismo tiempo iba introduciéndose en otra realidad de denuncia a través de los libros, de sus traducciones y de sus artículos. Al centro de Madrid le hablaba muy claro de la miseria que había alrededor. Y así, llegó un momento en que se decidió a irse con los pobres. Y cuando se fue con ellos decidió que estaría con ellos a muerte. Entonces fue cuando las Comisiones Obreras (clandestinas) entraron en el Pozo. Él fue uno de los fundadores de Comisiones Obreras junto a Marcelino Camacho.
¿O sea que se encarnó con todas las consecuencias, como decía por entonces el Concilio?
Sí. Pero él no fue comunista como una consecuencia de la fe, como podría ser el marxismo de alguna Teología de la Liberación. Para él simplemente era una opción política independiente de su fe. Él dijo «no se sigue de la fe el que yo tenga que ser comunista». Pero él creía que para estar con los pobres y apostar por ellos tenía que luchar por su causa.
¿Tenía carnet del partido?
Primero tuvo carnet de Comisiones, y pidió públicamente que en su tumba le pusieran CCOO. Era un poco contradictorio, y muchas cosas las hacía de cara a la galería. Entonces, cuando el hermano jesuita encargado de los muertos le preguntó que quería que pusieran en su tumba, le dijo que pusieran el «sj» y «al encuentro de Cristo». Y así se puso finalmente al momento de su muerte. Pero al mismo tiempo es como si tuviera una necesidad grande de romper con las miserias que se estaban viviendo en la época de Franco, y necesidad también de comprometerse hasta lo máximo. Sí que tuvo el carnet del Partido Comunista.
¿Fue el Pozo, más que una parroquia, una referencia para mucha gente en la época del post-concilio?
Sí, creó una mística. Cuando él dejó la chabola y se metió donde iban los jóvenes trabajadores a vivir, oliendo sus calcetines, en común, escribiendo enrollado en su manta… fue realmente llamativo. Allí había gente del GRAPO que mataba. Un ex dominico que se hizo del GRAPO y mató a un policía estaba allí con él, y el conseguía vivir allí, en esa época tremenda. Pero el padre Llanos seguía siendo fiel a todo lo suyo (vida espiritual y entrega a Dios). Luego apareció Carrillo, que fue a verle voluntariamente con una peluca.
¿Cuando Carrillo estaba todavía en la clandestinidad?
Sí. Yo estuve hablando con Carrillo antes de que muriera, y me dijo que había conocido muchos curas en Francia de la línea post-conciliar. También se había entrevistado en Roma con el padre Díez Alegría, y entonces estaba convencido de que se podía colaborar con una cierta Iglesia. Por eso llamó a Llanos. Y por eso Llanos apareció en el primer mitin del PCE en Vallecas, donde le tomaron la famosa foto con el puño en alto. Ahí estaba también Díez Alegría, que no levantó el puño.
¿Cómo se llevaban ellos dos?
Llanos era muy entrañable y un gran amigo, pero muy difícil de carácter. Cascarrabias. Díez Alegría decía que en el cuerpo místico tenía que haber de todo, y que Llanos era la vesícula biliar del cuerpo místico. Díez Alegría tenía mucho más sentido del humor que él, y decía también que le recordaba a un autorretrato de Rembrandt cuando ya era un hombre mayor. Era un hombre difícil, pero ambos se querían mucho.
¿Y con Tarancón y con Iniesta, que era el obispo auxiliar de Vallecas, cómo era la relación?
Con Iniesta muy buena. Al principio no le recibía, pero luego se hicieron grandes amigos. Iniesta iba a venir a la presentación del libro, pero no ha podido porque ya está muy mayor. Pero me dijo que el padre Llanos era un gran tipo, y que el libro podía hacer mucho bien por eso. Él le quería mucho. Hay una carta en la que le decía «somos dos debilidades que se encuentran». Porque Iniesta realmente estuvo muy cerca de él.
Tarancón era más político, más distante. Le decía a Llanos «te admiro pero no te comprendo». Pero le respetaba. Todos los superiores y generales, los grandes obispos del país, le respetaron siempre. Porque mascó el barro hasta el final. No tenía vacaciones, vivía muy pobremente, al final no tenía casi ni dinero y le prestaban los amigos para sobrevivir. Realmente fue un hombre admirable en su radicalidad.
En la investigación he descubierto que de joven hizo un voto de perfección, renunciando a sus derechos humanos y comprometiéndose a elegir siempre la más difícil ante dos posibilidades. Pero todo eso se mezcla con que pidió ir de capellán de la División Azul. El azul y el rojo están continuamente presentes en la vida de un hombre que se fue con los más pobres y que decía que lo único que le importaba, al final, era Jesucristo.
Siempre llevaba un crucifijo y un muñeco de trapo al que llamaba Charlie y que identificaba con una especie de payaso continuamente fracasado. Él era muy depresivo, y solamente le mantenía la alegría de esa fe tan profunda en Cristo.
¿Con Arrupe cómo se llevaba?
Se llevó muy bien con él, porque fueron compañeros en la universidad (también lo fue de José Antonio Primo de Rivera, con quien tuvo una trifulca en la universidad).
En la primera visita que hizo Arrupe a España, como siempre visitaba a todos los jefes de Estado, fue a visitar a Franco. Entonces, el grupo joven de jesuitas obreros que estaban por aquel tiempo con Llanos, se negaron en un principio a recibir a Arrupe en el Pozo. Hubo un conflicto en el que Arrupe le llegó a decir a Llanos que, si no llega a estar él presente, hubiera echado a uno de los chicos de la Compañía. Muchos de ellos luego se arrepintieron de cómo habían actuado con Arrupe, cuando se dieron cuenta de su maravilloso compromiso con la fe y la justicia que pudieron comprobar después.
Uno de sus libros se llama «El credo que da sentido a mi vida». ¿Cuál crees que era su credo genuino, su fe más profunda?
Creo que un amor a Jesucristo identificado con toda la gente. Él creía mucho en Jesús y creía en la actividad. No era un hombre pasivo. Creía que había que moverse y actuar, y también tenía esperanza más allá de toda la dureza y la tristeza. Él era enormemente sensible, de tal manera que se consideraba a sí mismo muy enamoradizo, a pesar de que decía que nunca había besado de verdad a una mujer. Pero tuvo una historia de amor platónico preciosa con Carmen Díez de Rivera, la famosa «musa de la Transición». Él escribía continuamente versos, e investigando entre los poemas de toda su vida, he descubierto algunos para ella muy bonitos. Es curioso que, junto con Umbral (a pesar de ser un personaje muy anticlerical), los tres eran como niños indefensos y se querían. Y por eso crearon esa especie de Trilateral. Llanos era un hombre fuera de lo normal.
Lorenzo Gomis, el que fue creador y director del la revista «El Ciervo», decía que la única definición posible era decir «Llanos es Llanos».
¿Cómo vivió la época la de involución de Juan Pablo II, cuando la Iglesia post-conciliar empezó a cambiar y a dar marcha atrás?
Él en principio, cuando fue elegido Juan Pablo II, se alegró porque había sido elegido un obrero. Eso le gustó mucho. Luego se fue dando cuenta poco a poco de que la situación era muy grave. Pero él era muy prudente en su trato con la jerarquía, e iba más bien a lo positivo en vez de hacer crítica. Eso sí, al mismo tiempo decía cosas sobre el celibato de los curas y sobre el tema de la mujer, del que escribió un artículo inédito que he publicado en el apéndice del libro. Es un artículo maravilloso, una visión muy bella de la mujer por parte de un cura. Él era un hombre crítico pero muy respetuoso. Y ante lo que sí fue sensible y lo reveló, fue del trato que dio Juan Pablo II a Arrupe. Eso le dolió, y parece que no lo perdonó. Él era un jesuita muy particular y quería muchísimo a la Compañía, pero al mismo tiempo vivía muy fuera de ella. Hay un libro que se llama «Jesuita sí, jesuita no», en el que, mientras Díez Alegría explica por qué se salió, Llanos explica por qué fue fiel a todo. Él era un hombre de grandes fidelidades. Tenía cien amigos a los que mandaba cartas, y las siguió enviando incluso cuando ya no escribía artículos. Era una persona muy querida y muy cordial en ese aspecto.
¿Qué significa para ti que los jesuitas hayáis dejando el Pozo precisamente hace unos días?
Yo me he opuesto a eso, porque creo que es un símbolo. Ahora, hay sus razones. La razón fundamental es que Llanos, desde el punto de vista religioso, fracasó un poco en el Pozo. El Pozo es muy difícil, y aunque se ha reconstruido y ahora sea un barrio más de Madrid, es un barrio de droga. Hay muchísimo problema de paro y es un barrio marginado. La iglesia siempre ha estado medio vacía. Y entonces, creo que el provincial de los jesuitas en un momento de reconstrucción de la Compañía, de unificación de provincias, etc., ha querido cerrar algunas casas. Yo le hubiera pedido, y le sigo pidiendo, que por lo menos mantenga allí a los jesuitas llevando esa parroquia. Aunque sea como símbolo de una trayectoria maravillosa. Porque eso no se suele decir, pero Llanos ha estado siempre acompañado de compañeros jesuitas allí, que trabajaron y continuaron trabajando tras su muerte. Gente magnífica que ha pasado por ahí y que ha trabajado con los pobres desde el anonimato, porque hay que reconocer que Llanos, como era conocido, era un poco vedette.
El Papa Francisco habla ahora de salir e ir a las fronteras, pero vosotros ya estabais en las fronteras
Sí, la Compañía no ha dejado la frontera de los pobres, pero además creo que las fronteras son más amplias. Los jesuitas en la Ventilla están con la inmigración, con el sector más olvidado. Pueblos Unidos, por ejemplo, es una obra de la Compañía que está con los inmigrantes que están pseudos-encarcelados.
¿Enrique de Castro sigue siendo de la Compañía, o nunca lo ha sido?
Nunca lo ha sido. Él es sacerdote secular, pero sí estuvo muy relacionado con Llanos. Al final de sus días, Llanos se dedicaba mucho a los drogadictos, y sus compañeros jesuitas a veces se indignaban un poco porque ellos entraban en la casa y se llevaban cosas del frigorífico, o el televisor, etc. En esa época tuvieron mucha relación.
¿Ha retomado de alguna manera la parroquia de San Carlos Borromeo el espíritu del Padre Llanos?
Exacto. Creo que esa línea se mantiene más desde el punto de vista ideológico. Yo participé en un acto en recuerdo de Díez-Alegría, de Llanos y de Julio Lois que se celebró en esta parroquia, y al que fue Carrillo (fue su última intervención sobre el Padre Llanos).
En tu libro sugieres que el Padre Llanos convirtió a la Pasionaria
Llanos contactaba con los comunistas que venían de fuera, y contactó con el gran símbolo que era la Pasionaria. Se hicieron amigos y se veían cada quince días. En uno de esos encuentros que mantenían, la Pasionaria empezó a rememorar su pasado, a recuperar recuerdos con Llanos. Ella era católica de siempre, de toda la vida, pero se casó con un ateo, dijo que un cura le había hecho perder la fe, y se metió en el comunismo ateo soviético. Llanos llegó a confesarla y a darle la comunión, cantaban juntos, rezaban el rosario, el pater noster en latín… De esto tengo datos y testigos. Cuando a Llanos le preguntaron si había convertido a la Pasionaria decía que no, porque no quería revelar el secreto de confesión y lo entendía como algo de tipo personal. Decía «lo que externamente se puede decir», como declaró una vez a Televisión Española. Pero hay una carta que le escribe la Pasionaria en el día de Reyes del año en que murió, en la que le decía a Llanos que le agradecía muchísimo que rezase por ella, y se acordase de ella al partir el pan. «Tú y yo seguiremos juntos como dos viejitos, de la mano hacia el Dios amor», le escribía también. «Ésta va a ser nuestra perenne tarea en la otra vida». Y termina incluso deseándole que tenga un «santo año». Es decir, que se había convertido. Esto indica que había vuelto a la fe que había tenido de niña.
Ella siempre conservó un cuadro de una virgen y un crucifijo que unas monjas reparadoras le dieron para que los protegiera (para que los milicianos no los profanaran), y que la Pasionaria les devolvió en un acto muy bonito al que acudieron periodistas y demás.
¿Está suficientemente reconocida la labor del Padre Llanos a nivel social y eclesial?
Yo creo que sí. Quizás es demasiado mito, en el sentido de los tópicos como «el cura rojo» y demás. Lo que no es suficientemente conocido es su vida espiritual (profundísima), y su encuentro con Jesucristo todos los días, que se hacía más especial en las misas en las que mezclaba versos de Alberti y de Neruda con los textos sagrados. Se pasaba casi todo el día celebrando la misa. Él adoraba la eucaristía. Le daba tanta importancia y tanto valor, que yendo un día de excursión a Atienza con sus compañeros jesuitas, acabó consagrando unos pedazos de pan de la comida y celebrando la misa, porque no podía prescindir de ella. Pero entonces llegó el camarero y empezó a llevarse el pan, y le tuvieron que decir que no, por favor, que estaba consagrado.
¿Qué quedará de Llanos para la gente joven?
Yo he escrito este libro sobre todo para que se recuerde que durante ese periodo del post-concilio y de la Transición española hubo una serie de sacerdotes, de teólogos y de cristianos, que consiguieron desvincular a la Iglesia de un partido político concreto. Porque aquí no se podía ser cristiano si no era de derechas (primero de Franco, y luego de Alianza Popular o del PP). Y eso no es cierto. Es verdad que los partidos de derechas desde el punto de vista de la moral familiar y sexual pueden estar más cercanos a la Iglesia, pero no lo están en el plano social. Por lo tanto, uno es libre de elegir el partido que quiera sopesando eso. Esto dividió a España de tal manera que los rojos estaban en contra de Dios, y «los azules» estaban a favor de Dios. Cuando entre los rojos había mucha gente que se moría por ideales en el fondo cristianos, como la solidaridad y la justicia social.
¿Tarancón consiguió, en esa tesitura, que la Iglesia fuera en aquella época una de las instituciones más prestigiadas?
Sí. Siempre ha habido dos facetas dentro de la Iglesia, obispos que tienen posturas diferentes a las de la Conferencia Episcopal, etc. Lo que pasa es que predominó una.
¿La autoridad en aquella época le venía a la Iglesia porque Tarancón había decidido salir de la lucha partidista?
Sí, exacto. Esta desvinculación del taranconismo fue muy importante para la Iglesia española y para la sociedad. Lo que pasa es que luego volvimos un poco a eso (desde la época de Juan Pablo II, que en definitiva era muy antimarxista), a los obispos en línea con la identificación con un partido.
¿El Papa Francisco te hace retrotraerte, de alguna forma, a la época post-conciliar?
Creo que hay una esperanza y una ilusión muy grandes. Por ahora, lo que se ha cambiado sobre todo es el talante. La mezcla de lo que salió en el Vaticano aquel día (jesuita, y Francisco) es explosiva. No hay cosa más distinta de un jesuita que un Franciscano (y si se toma en sus orígenes, un Ignacio de un Francisco de Asís), aunque los dos se entreguen a Dios. Y eso es un golpe de inteligencia jesuítica, porque él se dio cuenta de que tenía que suavizar lo de jesuita poniéndose el nombre del santo de Asís. Y lo mismo ha hecho ahora con el tema de las canonizaciones: tiene que terminar la canonización de Juan Pablo II (porque lo pide una gran masa de pueblo), y que ya está en marcha, pero eso no le impide al mismo tiempo desbloquear la causa de Óscar Romero. Éste tipo de pasos que él está dando son muy inteligentes, porque llevamos 30 años con una Iglesia un poco bloqueada respecto al Concilio Vaticano II. Más allá de los gestos (zapatos, caricias, etc.), está dando pasos reales. Un ejemplo es el consejo de cardenales, que supone un paso democrático no solamente para reformar la curia, sino para que actúe como una especie de consejo de gobierno.
Colegialidad, corresponsabilidad… en definitiva, ¿está reactivando el Concilio?
Sí. Falta por ver qué pasa con el papel de la mujer. No nos adelantemos. Ojalá sea un «nuevo Juan XXIII», como habéis titulado vuestro libro, pero eso está por ver. Bergoglio tiene un pasado muy marcado en una línea espiritualista, de pobres más que de justicia social. Aunque también creo que es un hombre que ha madurado mucho y que está por encima de todo. Debe de tener una faceta mística importante. La impresión que produce es que es libre por dentro, y que sus gestos son auténticos. Que no es un actor. Actúa con naturalidad, pero al mismo tiempo lo tiene todo medido. Es una mezcla curiosa.
Dicen que juega al despiste con los curiales
Una de las cosas que creo que más ha tenido que molestar en la curia es lo de Santa Marta. Porque antes el Papa salía de su tercer piso como si fuera el cuco, era un referente que estaba en la ventanita. Todos esos elementos producían ciertas rupturas y contradicciones externas. Y su decisión ha tenido que molestar.
¿Ha podido molestar también en otros sitios? Una vez que el Papa ha dejado el palacio, ¿no queda justificación para que los obispos sigan en los suyos?
Ya algunos obispos españoles dejaron el palacio y viven en una situación más sencilla, pero está claro que si sales de tu palacio, si coges el metro en vez de tener coger, tienes el pálpito de la vida cotidiana. Ahí está la clave. En Santa Marta está hablando con curas y monjas que se le acercan, puede conocer más la realidad. Si coges el teléfono directamente, sin pasar por el secretario, te pueden decir cualquier cosa.
¿Representa Francisco la vuelta al Papa párroco, al Papa pastor?
Sí. Yo creo que tiene que haber todo en la Iglesia. De Ratzinger alabo mucho su final, el gesto de discreción con el que se fue, que vale por todo su pontificado. Pero Ratzinger era un hombre de estudio, un intelectual. Francisco, en cambio, ha palpado la vida pastoral durante años en Argentina, en un pueblo latino, que es un pueblo muy afectivo. Aún así, yo diría que no es el típico «sudaca meloso», sino que es muy sobrio.
¿Huele a cambio de ciclo en la Iglesia?
Creo que el péndulo en la historia de la Iglesia funciona, como también en la historia universal. Ha tardado mucho en moverse, pero creo que está moviéndose. La pregunta es hasta dónde. Tenemos que tener en cuenta que venimos de una época en la que los que han tenido fuerza eran los nuevos movimientos. Los religiosos estábamos marginados, incluso maltratados en algunos casos. La Iglesia más profética ha estado en el ocultamiento. Pero creo que ha llegado el momento, y que va a cambiar la situación. Lo último que ha dicho Boff es que cree que el Papa va a cambiar incluso el celibato, dejándolo opcional. Yo no lo veo tan claro por lo que conozco de Bergoglio, pero el Espíritu sopla donde quiera.
El tema de la ordenación de la mujer no creo que venga, porque eso lo prohibió directamente Juan Pablo II. Pero sí una mayor presencia de la Iglesia en el mundo de la cultura, el tema de los divorciados…
¿La moral sexual podría matizarse?
Podríamos acercarnos a una moral más de actitudes. El problema está en estar condenando. Lo importante de la sexualidad es la personificación, es decir, saber que se está tratando con una persona y no con un objeto. Eso es lo verdaderamente importante: que la sexualidad no es un desahogo puramente físico, como lo son la mayoría de «amores de weekend» que funcionan en la sociedad de hoy. Que es algo mucho más profundo. Habría que profundizar en la sensualidad, y en su aspecto positivo.
Los nuevos movimientos, que han mandado hasta ahora en la Iglesia, ¿van a estar dispuestos a dejar espacio y a compartir el protagonismo?
No les queda otro remedio. Querámoslo o no, la Iglesia es una monarquía absoluta, y cuando cambia el rey, los cortesanos cambian de color. Entonces, creo que a lo mejor va a haber una pequeña resistencia interna de cada uno de los movimientos ante esta evolución, pero al mismo tiempo creo que el carisma de Francisco va a ser el carisma de la unión y de la comunión. Es curioso que muchas de las cosas que yo pedía en una carta que escribí a Dios en Internet (un Papa de los pobres, que dejara los castillos de invierno para ir a la plaza con el pueblo…) se están cumpliendo. Creo que era una necesidad de la Iglesia, y parece que está surgiendo de forma espontánea.
Además de responder a esas necesidades del Pueblo de Dios, dicen que fue plebiscitado por 90 votos en el cónclave. ¿Significa esto que tiene tanto el apoyo del pueblo como el de los cardenales?
Sí. Lo que yo creo es que se ha producido una saturación de la Iglesia, después del tema de la pederastia y del Vatileaks. No podíamos seguir así. Había que buscar una persona libre de todo compromiso político, y de todo grupismo (a pesar de ser jesuita). Creo que lo han elegido a pesar de ser jesuita, porque él se sale de la foto. Tampoco es el jesuita tópico y típico, está más allá. Y yo creo que este hombre, que cuando llegaba a Roma se sentaba el último entre los cardenales, que pedía perdón por todo y era cariñoso… les ha parecido un hombre de Dios. Como Francisco de Asís.
¿Tiene dotes de gobierno?
Bergoglio es muy suyo. En Argentina tenía una línea muy marcada, muy directa, y la seguía de verdad. Tiene una mezcla de cosas curiosa.
Hay mucha gente de Iglesia que se pregunta si le van a dejar emprender las reformas que espera el Pueblo de Dios, o si se lo van a quitar de en medio. ¿No produce desasosiego la sola pregunta?
Hay gente que tiene miedo, sí. Mi hermana, que es religiosa, tiene como un presentimiento de que le va a pasar algo. Y está claro que cuando uno se expone de esa manera, le puede pasar algo. Yo espero que tenga las dos cosas: la sencillez de la paloma y la astucia de la serpiente, para saberse defender. Creo que lo va a ir haciendo muy poco a poco, y las cosas irán entrando. Tampoco es tan difícil cambiar cosas que todo el mundo desea que cambien. Aunque nombrar, por ejemplo, secretario de Estado, debe ser una decisión difícil, porque se está retrasando.
¿Crees que se va a producir un cambio de imagen, por ejemplo en la Iglesia de España, por los cambios que se están produciendo en Roma?
Habrá que esperar un poco todavía, porque tenemos una rémora de nombramientos que siguen una misma línea. Habrá que esperar a que haya cambio en la presidencia de la Conferencia Episcopal. El nombramiento de Oviedo, por ejemplo, es muy significativo. Pero todavía es pronto para hablar de esto.
¿Qué similitudes ves entre Francisco y el Padre Llanos?
Son los dos jesuitas, y eso supone que son inteligentes, astutos y bien formados. Pero sobre todo (lo que creo que es la clave de la Compañía de Jesús), los dos han pasado por ejercicios espirituales de un mes, al menos dos veces en la vida, que son un enfrentamiento con uno mismo tan profundo y tan real, que cuando se hacen bien producen un despertar interior. Y ese despertar interior le hace a uno libre. Llanos lo era a su modo, y creo que ser libre en la sociedad de hoy es maravilloso.
TITULARES:
-Santiago Carrillo estaba convencido de que se podía colaborar con una cierta Iglesia, la que representaba el padre Llanos
-El Padre Llanos mezclaba en sus misas versos de Alberti y de Neruda con los textos sagrados
-Durante el post-concilio y la Transición hubo una serie de sacerdotes españoles que consiguieron desvincular a la Iglesia de un partido político concreto
-Los partidos de derechas pueden estar más cercanos a la Iglesia desde el punto de vista de la moral familiar y sexual, pero no lo están en el plano social
-Entre los rojos había mucha gente que se moría por ideales en el fondo cristianos, como la solidaridad y la justicia social
-El nombre que eligió el Papa Francisco fue todo un golpe de inteligencia jesuítica
-Francisco va a terminar la canonización de Juan Pablo II pero eso no le ha impedido al mismo tiempo desbloquear la causa de Óscar Romero
-Francisco no es un actor, la impresión que produce es que es libre por dentro y que sus gestos son auténticos
-La decisión del Papa de quedarse a vivir en Santa Marta ha tenido que molestar mucho a la curia
– Antes el Papa se asomaba por la ventanita de su tercer piso como si fuera el cuco, ahora ha salido del palacio y tiene el pálpito de la vida cotidiana
-Lo importante de la sexualidad es saber que se está tratando con una persona y no con un objeto
-Querámoslo o no, la Iglesia es una monarquía absoluta, y cuando cambia el rey, los cortesanos cambian de color
-Le pedí a Dios un Papa que dejara los castillos de invierno para ir a la plaza con el pueblo, y se está cumpliendo
-Creo que a Francisco lo han elegido a pesar de ser jesuita
-En España habrá que esperar el cambio todavía, porque tenemos una rémora de nombramientos que siguen una misma línea








