Se trata de recorrer las vías de la integración hacia la configuración de la Unión Sudamericana y la Patria Grande Latinoamericana
(Juan P. Somiedo).- Latinoamérica es el continente con un mayor número de católicos (en esas tierras viven más del 40% de los católicos de todo el mundo), pero, al mismo tiempo, éstos abandonan el catolicismo a un ritmo acelerado. En escasos treinta años, América Latina ha perdido casi un cuarto de sus fieles que entran a formar parte de sectas, pequeñas iglesias evangélicas y pentecostalistas financiadas directamente por grandes corporaciones norteaméricanas que intentan llevar a cabo el viejo sueño del protestantismo en EE.UU.
Ya lo había dicho Teodoro Roosevelt en 1912: «Creo que será larga y difícil la absorción de estos países por Estados Unidos, mientras sean países católicos». El Informe Rockefeller en 1969 y el Documento de Santa Fe de 1975 se lo tomaron en serio y empezaron a impulsar y financiar las sectas protestantes como un medio para contrarrestar la influencia del catolicismo en el continente.
Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hemos pasado de un mundo bipolar con dos potencias enfrentadas en conflicto simétrico (EE.UU y la URSS) a un mundo multipolar con la creciente presencia e importancia geopolitica de los BRIC´s. América Latina se enfrentará en las próximas décadas a los desafíos de su inserción en este contexto multipolar pero tiene escasos mecanismos regionales para responder a los mismos.
La importancia de una integración seria y racional de los países latinoamericanos aparece como una necesidad vital pero las estructuras creadas recientemente como la UNASUR, el Consejo Sudamericano de Defensa (SCD) o la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CEALC) apenas son válidas para resolver conflictos a escala regional y mucho menos para dar respuesta a los grandes desafíos globales.
Muy poco sabemos del pensamiento geopolítico del nuevo Papa hasta que éste comience a desgranarlo poco a poco en sus escritos, homilías y conferencias. Mientras tanto, nuestra única referencia, va a consistir necesariamente es sus escritos e ideas antes de subir a la sede de Pedro. Uno de esos escritos podemos encontrarlo en el Prólogo que en 2005 escribió para el libro del ensayista uruguayo Guzmán Carriquiry titulado: «Una apuesta por América Latina»
En dicho prólogo, el entonces Cardenal Jorge Mario Bergoglio afirmaba la necesidad de una tercera vía entre el comunismo totalitario y el capitalismo de corte neoliberal:
«Poco tiempo después del derrumbe del imperio totalitario….el resurgido recetario neoliberal del capitalismo vencedor, alimentado por la utopía del mercado autorregulado, demostraba también todas sus contradicciones»
Continúa su reflexión escribiendo:
«En las próximas dos décadas América Latina se jugará el protagonismo en las grandes batallas que se perfilan en el siglo XXI y su lugar en el nuevo orden mundial en ciernes».
En este nuevo orden mundial, el cardenal se da cuenta ágilmente que la única posibilidad de los países latinoamericanos de alcanzar desarrollo económico y autonomía política pasa, inevitablemente, por la construcción de una Patria Grande Latinoamericana:
«Ante todo se trata de recorrer las vías de la integración hacia la configuración de la Unión Sudamericana y la Patria Grande Latinoamericana. Solos, separados, contamos muy poco y no iremos a ninguna parte. Sería callejón sin salida que nos condenaría como segmentos marginales, empobrecidos y dependientes de los grandes poderes mundiales»
Uno de los problemas que enfrenta el continente para empezar a construir esa integración es la ausencia de liderazgos regionales toda vez que ni Brasil, uno de los llamados BRIC,s o potencias emergentes, ni Venezuela parecen ser aceptados y acogidos como tales por el resto de los países del área latinoamericana. Aquí la figura del Papa Francisco y de la Iglesia Católica como eje vertebrador de la integración y legitimador del liderazgo de algún país o grupo de países puede ser decisivo para el futuro del continente. Al mismo tiempo, ese liderazgo en el terreno político podría dar sus réditos en otros muchos terrenos.




