Francisco apuesta por la paz

Obama quiere ser el policía bueno del mundo

Cada parte esconde también intereses de poder político

Obama quiere ser el policía bueno del mundo
Francisco vs Obama

Digo no a la guerra en cuanto tal y a todas, pero creo que se pueden dar situaciones de legítima injerencia humanitaria armada por causa de los derechos de las víctimas indefensas

(José I. Calleja).- Hasta el día de hoy, lo confieso, he vivido la guerra civil en Siria con cierta distancia y desde luego bastante perdido. Lo de perdido creo que lo comprenderán muchas personas, y lo de de distante, tiene que ver con aliviar un sufrimiento seguro: ojos que no ven, corazón que no siente. No es justo obrar así, pero sucede en no pocos casos, y el relajo del verano lo facilita más si cabe.

Sin embargo la atmósfera se ha vuelto irrespirable desde que el ejército sirio, – al parecer ha sido él -, utilizara armas químicas contra la población civil, causando centenares y centenares de muertos y heridos en ella, con el añadido de que gran parte de las víctimas eran niños. ¡La inocencia al cubo, si cabe medida en esto! A ello se añade que el presidente Obama ha comprometido su palabra para intervenir en el conflicto mediante una acción militar de castigo, que se derivaría, – a su juicio -, de lo que dicta el derecho internacional para el caso o, gráficamente, el salto de la línea roja entre el uso y el abuso en los medios de guerra.

Alrededor de Obama han emergido otras voces políticas en Francia y Gran Bretaña que apelan a la misma conciencia y deber, – el deber de intervenir para proteger a las víctimas -, y se les han opuesto otras, – Rusia y China -, reclamando más pruebas sobre hechos tan atroces y sus autores, y ponderando los peligros de una acción militar. Cada uno de estos actores parece inocente en su pretensión y en las justificaciones que da, y sin embargo a nadie se le oculta que tienen distintos intereses estratégicos en la zona y que estos pueden ser los que les llevan en una u otra dirección.

Así es. En los límites de unas pocas líneas, se puede concluir que detrás de unos buenos razonamientos políticos cada parte esconde también intereses de poder político en Oriente Medio poco o nada dignos. Por tanto, la experiencia vuelve a enseñarnos que cada uno apela al Consejo de Seguridad de la ONU, – ámbito primero de legitimación del derecho internacional -, según le convenga o no para reforzar su posición de poder previa.

Frente a ellos se ha erigido la voz de un hombre de Iglesia, el papa Francisco, convocando a los creyentes y gentes de bien, a la oración, el ayuno y la conciencia rotunda de que la paz es el único camino de la paz. En este discurso, los culpables, – quienes lo sean -, deben ser castigados en justicia, los medios de intervención han de ser no violentos y muy activos, y los objetivos, el incremento inmediato de la ayuda humanitaria para la víctimas, – dos millones de refugiados, ante todo, niños, mujeres y ancianos -, y la negociación entre las partes en guerra para acordar, – con la presión internacional -, una solución justa y duradera.

Como prueba de que esto son más que palabras, la acción moral de Francisco ha implicado directamente a la diplomacia vaticana y ha empeñado su palabra personal en contactos públicos y privados al más alto nivel. El resultado más valioso de todo ello es, a mi juicio, que los Obispos norteamericanos hayan reclamado a Obama que no recurra a la fuerza militar para intervenir y castigar. La prueba del nueve del pacifismo de la moral católica es ver si sus iglesias locales hablan de guerra injusta cuando su país las declara. No suele ocurrir. A ver ahora.

Alrededor de estos datos elementales he podido escuchar otros más sutiles, pero a menudo me han parecido demasiado especulativos, – quién y con qué intención real ha usado las armas químicas, quizá desde fuera de Siria -, o ciertas, pero algo alejadas del hecho concreto, – quién fabrica armas químicas y cómo le llegan a Siria estas armas -. Sin duda, todo el problema del armamentismo como negocio está ahí, pero no quisiera ir tan lejos. Yo no soy estrictamente hablando un pacifista a ultranza.

Digo no a la guerra en cuanto tal y a todas, pero creo que se pueden dar situaciones de legítima injerencia humanitaria armada por causa de los derechos de las víctimas indefensas; o en otro lenguaje, del deber de proteger con la fuerza internacional los derechos de las víctimas contra Estados que las oprimen. El problema es más práctico que moral. La ONU actual no reúne las condiciones que legitimarían esa intervención. Hablo en general. Está corroída por la posición ventajista de las grandes potencias y no crea justicia internacional.

Como fuera que el caso concreto de Siria representa a las claras esta división de intereses estratégicos entre las grandes potencias, – deslegitimando la mínima limpieza de miras en el derecho a intervenir por mor de las víctimas -, y como fuera que en estas condiciones se repite invariablemente que el uso de la fuerza armada provoca unos resultados más perversos que los que quiere evitar, y nuevas víctimas que se añaden a las anteriores sin remedio, no veo forma alguna de justificar que una acción armada como la pretendida por Obama sea legítima en ningún sentido; ni por la oscuridad de la causa, ni por su finalidad, ni por su proporción y posibilidades, ni por su sujeto, es una acción de justicia clara.

Desde luego no se puede decir que la acción militar de castigo prevista por Obama sea el último recurso en el que cabe pensar ante la injusticia extrema contra miles de víctimas inocentes en Siria. Un fracaso moral añadido a otro fracaso.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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