El sacerdote no tendría que abandonar el sacerdocio. Podría vivir el número de años que se determinase por la autoridad eclesiástica, en un entorno de oración y trabajo manual
(José Antonio Fortea).- El sacerdocio es una cosa tan sagrada que pienso que aquellos presbíteros que hayan cometido graves delitos que les impidan la labor pastoral, deberían ser recluidos (con su consentimiento) en una casa especial, en mitad del campo, lejos de cualquier población. Una casa que fuese dependiente de la Conferencia Episcopal de cada país y donde pudieran vivir bajo la dirección de sacerdotes santos.
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