Ángel Atacho, hijo espiritual

Carta a un joven sacerdote

"Predica y vive con sencillez y actúa con misericordia"

Carta a un joven sacerdote
Ángel Atacho y sus compañeros diáconos

Todos necesitamos ser escuchados sin ser juzgados, acompañados sin ser controlados, tocados sin ser manipulados y amados sin merecerlo

(Jesús G. Pérez Palencia).- Estimado hijo: Ahora empieza para ti un camino nuevo. La liturgia de ordenación te recuerda: «Cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas». Hermosas palabras que hablan de coherencia en nuestra vida.

¿A qué se refiere «creer lo que lees»?, aquí se hace referencia al «Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo», él es el principio y fundamento de nuestra fe. Se trata de ser «pastor» al estilo de Jesucristo y esto implica varias cosas a mi modo de ver:

1. MANTÉN UNA RELACIÓN ÍNTIMA CON DIOS: Más que orar, sé un orante, que toda tu vida sea una continua alabanza a Dios, ten conciencia de cómo su presencia forma parte de tu vida y pídele a «la Madre» que te enseñe a ser y a vivir en continua comunión con él, tanto en la celebración de los sacramentos como en los momentos más ordinarios de la vida. Sin embargo, ten un momento al día para estar «a solas» con Él como lo hacía Jesucristo.

2. PREDICA Y VIVE CON SENCILLEZ: De Jesucristo aprendí que las cosas más profundas se pueden decir con las palabras más sencillas, él utilizó el lenguaje de las parábolas, comparaciones tomadas de la vida cotidiana para hablar del Reino de Dios a la gente. Cuando prediques, habla al estilo de Jesús, con comparaciones de la vida cotidiana, de modo que te entiendan tanto los fieles de siempre como los que se acercan ese día por primera vez. Vive con sencillez, sin complicaciones, recuerda que «El Reino de Dios es de los que son como niños»

3. ACTÚA CON MISERICORDIA: Jesús predicó la misericordia del Padre y la practicó en su vida. Él era la misericordia de Dios en persona, a veces será necesario reprender, pero que la misericordia sea el motor de lo que dices. Recuerda que los pastores estamos llamados a ser el Padre del hijo pródigo y no el perfecto hermano mayor. Medita y vive Lucas 15. Recuerda estas palabras de San Agustín: «Este breve mandato se te ha dado de una vez para siempre: Ama y haz lo que quieras; si callas, calla por amor; si hablas, habla por amor; si corriges, corrige por amor; si perdonas, perdona por amor; ten la raíz del amor en el fondo de tu corazón: de esta raíz solamente puede salir lo que es bueno». Para actuar con misericordia, tienes que creer en ella y eso sólo ocurre cuando sintiendo que no la mereces, el buen Dios te cura, te perdona, te consuela, te levanta y te hace una fiesta.

4. SÉ CERCANO A LA GENTE: Nuestro celibato es don y vocación de amor. «Hay quienes POR AMOR al Reino de los cielos se quedan sin casarse» Mateo 19,12. No renunciamos al amor, sino a un tipo de amor. No renunciamos al abrazo ni al beso, sino a un tipo de abrazo y de beso exclusivo de la pareja. Por lo tanto, por tu propio bien recuerda las palabras del papa Francisco: «La iglesia es una madre, las madres no gobiernan por decreto. Las madres acogen, abrazan, comprenden y besan», esto es «oler a ovejas». Comparte, canta, ríe y celebra con la gente. Sé distinto pero no distante.

5. VIVE EN COMUNIÓN CON LA IGLESIA: No me refiero a la comunión formal o ejecutiva, propia de las reuniones del clero. Me refiero a que no vivas aislado de tus colegas, manteniendo tu especificidad, se amigo de los que contigo andamos por el mismo camino. Jesucristo se rodeo de amigos, los apóstoles, con la conciencia de que en este camino hacen falta «amigos fuertes de Dios» en palabras de santa Teresa. Esto incluye también hacerse amigo de los laicos comprometidos en la Nueva Evangelización y de la abuela del barrio que reza con fe en una humilde casa por tu vocación y por la mía, maestra de la fe, por cuyas oraciones nos levantamos tantas veces sin darnos cuenta de su poderosa intercesión.

Finalmente recuerda estas palabras que ayer me inspiró el Señor: «Todos necesitamos ser escuchados sin ser juzgados, acompañados sin ser controlados, tocados sin ser manipulados y amados sin merecerlo.» y esto vale tanto para ti como para los tuyos. Dios te bendiga.

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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