Contra las nuevas esclavitudes en África

Cyprien Melibi: «A África le roban sus hijas e hijos»

Miles y miles de africanos tienen que huir de su tierra para buscar una vida mejor

Cyprien Melibi: "A África le roban sus hijas e hijos"
Cyprien Melibi en la misa

¿Cómo entender que los países que nos llevaron la civilización y el Evangelio y que pretenden ser especialistas de los derechos humanos dejen morir cada día a centenares de africanos a sus puertas?

(Cyprien Melibi).- Queridos hermanos y hermanas, y todos Ustedes que nos siguen a través de la televisión española. Primero queremos agradecer de corazón a los misioneros de África por el germen de vida que vienen sembrando en nuestro continente desde hace ya más de un siglo. Nuestro reconocimiento también a los misioneros combonianos por su acogida siempre calorosa con la que nos encontramos aquí en Mundo Negro, la casa africana de la calle Arturo Soria en Madrid.

El evangelio de este domingo no lleva a meditar sobre la maravillosa historia de Zaqueo. Zaqueo, un hombre rico, un pecador público, reconocido como tal por su entorno. ¿Cuál era el pecado de Zaqueo? El robo. Llenarse el bolsillo con los bienes y el dinero de los demás.

Meditando este evangelio desde nuestra fe como africanos, contextualizando nuestra preocupación en la realidad africana hoy en día; queremos poner a la luz unos personajes que no aparecen como tal en el escenario que plantea san Lucas en su texto. Se trata de las victimas del robo de Zaqueo. ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuántas son? ¿Desde cuánto tiempo viene Zaqueo robándoles? ¿Qué cantidad les ha robado Zaqueo? Nadie lo sabe.

Con la actualidad que nos rodea, se puede identificar perfectamente esas víctimas ausentes de Zaqueo con el pueblo negro-africano. África desde hace más de cinco siglos está escribiendo una dramática historia de dolor, sufriendo del robo permanente y violento de unos «Zaqueos» que le quitan: su historia, sus sueños, su cultura, sus recursos naturales y, peor aún, le quitan sus hijos y sus hijas. La forma actual de este robo de la vitalidad africana es la indiferencia globalizada ante los dramas tan repetidos, consecuencia de la inmigración de los africanos en Europa.

¿Cómo entender que los países que nos llevaron la civilización y el Evangelio y que pretenden ser especialistas de los derechos humanos dejen morir cada día a centenares de africanos a sus puertas? Me parece que son la especie de especialistas que el papa Francisco llama «especialistas de una ética sin bondad».

La incomprensible indiferencia de los países ricos -como Zaqueo- sobre el problema de la inmigración me recuerda otra indiferencia que duró casi 4 siglos, el silencio sobre la esclavitud de la raza negra. Desde entonces hasta hoy, los protagonistas y el escenario son casi iguales: por un lado unas naciones potentes cuyos objetivos son someter, oprimir, explotar; y por otro lado otras naciones débiles e impotentes cuyo único deseo es existir pero cuyos hijos muren cada día en los mismos océanos atlántico y mediterráneo.

Los «Zaqueos» modernos fomentan solo para ellos una sociedad del bienestar; bien vivir y estar bien, pero estrangulando al continente africano; eso no es vivir bien. Deben tener vergüenza por esta demagogia. Es un bienestar como él de Zaqueo antes de encontrar a Jesús. Es un bienestar quimérico, ideológico, sin Dios, porque indiferente al sufrimiento humano. Creo que cada vez que un bautizado se queda en silencio, individual o colectivamente, pensando que el drama de la muerte de los inmigrantes no le concierne, está faltando gravemente a su deber de caridad. Esta manera de no querer ver ni escuchar para no sentir el sufrimiento de su prójimo, es anestesiar su consciencia cristiana.

Desde hace años, los «Zaqueos» vienen imponiendo en África los llamados planes estructurales, sabiendo perfectamente que son planes inadaptados, porque no van a la raíz de los problemas; y el resultado es que cada vez más, miles y miles de africanos tienen que huir de su tierra para buscar una vida mejor.

En el fondo creo que esos planes son estafas para quedarse con el botín del pueblo africano; como lo hacía seguramente Zaqueo contra sus víctimas. Pero él, al encontrarse con Jesús, se convirtió y decidió restituir 4 veces lo que había robado. Basta ya la hipocresía sobre el tema de la inmigración de los africanos. «La hipocresía es un pecado grave»- denunciaba últimamente el papa. ¿Hasta cuando el grito del hombre africano repicará en este mundo únicamente interesado por el ruido de las bolsas y de los mercados?

Las numerosas víctimas africanas – unas silenciosas y otras silenciadas – del robo internacional planificado desde la época de la colonización están en la espera de que el Señor Jesús que habita en nuestro mundo le lleva a la conversión y a actos concretos de justicia social hacia África.

¡Que la Virgen María, Nuestra Señora de África interceda por nosotros!

¡Así sea!

 

Para ver el video de la entreista previa y de la eucaristía, pinche aquí

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído