"Una nueva hora de gracia"

Carta abierta a los obispos mexicanos

"Quizá los obispos deben alzar su voz"

Esta Asamblea de Obispos representa, en medio de tanta confusión, un signo de esperanza para denunciar la corrupción, la impunidad, el narcotráfico, la indiferencia y todos los pecados sociales

(Guillermo Gazanini).- A Su Excelencia, el señor Nuncio Apostólico,
A Sus Eminencias, señores Cardenales,
A Sus Excelencias, señores Arzobispos, Obispos y Patriarcas,

En otra época hubiera sido impensable e insolente que un simple laico quisiera llamar la atención de los obispos reunidos en Asamblea a través de una carta; pero otros tiempos hacen posible que ya no se viva en una separación cuasidivina de príncipes y vasallos, de sumos sacerdotes y laicos abnegados; la Iglesia es una gran comunidad sobrenatural peregrina hacia un destino superior, pueblo en marcha donde los pastores han sido llamados para guiar, amar y consolar a un rebaño que no puede entenderse ni sobrevivir lejos de quienes lo procuran y atienden, puestos por Dios para ser hombres diligentes y sabios capaces de consolar y sentir con toda la Iglesia sus alegrías y sus penas, sus gozos y esperanzas.

No es desconocido para los obispos la dramática situación de México y de sus habitantes. Durante esta Asamblea, su pensamiento y ánimo estarán dirigidos a los millones de mexicanos que hoy no han podido conseguir lo mínimo indispensable para sobrevivir; su oración y el sacrificio de la misa estarán ofrecidos a Dios por el bien espiritual de todos los fieles quienes, día y día, luchan por un futuro nuevo basado en la fe y la esperanza cristianas; su análisis y diálogo se centrará en los desafíos de una nueva evangelización, en su ardor y métodos, para llevar con claridad y contundencia el mensaje del Resucitado, especialmente en estas horas donde la incertidumbre aparece, la desesperación abunda y la muerte es provocada; donde hoy, mientras la Iglesia reza por este día, muchos no tienen la certeza de volver a ver a sus seres queridos levantados y secuestrados, donde cada día ya no es signo de alegría sino sinónimo de angustia y de horror.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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