"Agua fresca para el pueblo sediento"

Enrique Angelelli, un obispo mártir

"Su voz resuena aún como un grito en favor de los pobres"

Enrique Angelelli, un obispo mártir
El obispo Angelelli

Sus gestos proféticos, su proximidad a los pobres y a la clase obrera, hacían de el un obispo pastor de las periferias, solícito por el pueblo

(Josep M. Bausset).- El pasad día 4, comenzó el juicio por el asesinato del obispo Enrique Angelelli, que tuvo lugar el 4 de agosto de 1976, mientras viajaba en una camioneta desde Chamical a La Rioja. Aquel asesinato, del cual ahora se acusa al exjefe del Tercer Cuerpo del Ejército, fue camuflado por el gobierno como un accidente de tráfico.

Angelelli nació en la ciudad argentina de Córdoba el 17 de julio de 1923. El 1928 ingresó en el Seminario y fue ordenado presbítero en Roma, donde ampliaba estudios, el 1949. De regreso a Argentina, trabajó con la Juventud Obrera Católica y la Juventud Universitaria Católica.

El 1961, el papa Juan XXIII lo nombró obispo auxiliar de Córdoba y como tal participó en el Vaticano II. Su fidelidad al Evangelio y la renovación conciliar que llevó a la diócesis, eren como el agua fresca en un pueblo sediento de la Buena Noticia de Jesús de Nazaret.

Sus gestos proféticos, su proximidad a los pobres y a la clase obrera, hacían de el un obispo pastor de las periferias, solícito por el pueblo. Una vez que lo invitaron a bendecir una comunidad religiosa en una cantera de cal, el obispo Angelelli prefirió compartir la mesa de los obreros en vez de la de los amos.

En otra ocasión, cuando fue llamado para hacer de mediador en un conflicto laboral, en el cual los patronos pensaban que se pondría de su parte, el obispo Angelelli les dijo: «Si estas injusticias continuan, un día, estaremos juntos en el paredón: ustedes por no haber practicado la justicia y nosotros por no haber sabido defenderla».

El 1968, cuando fue nombrado obispo de La Rioja, decía: «Orad por mi para que sea el obispo de todos, de los católicos y de los no católicos, de los que creen y de los que no creen. No vengo a ser servido sino a servir. A servir a todos, sin diferencias. Quiero ser servidor de los pobres». Y decía también: «Para servir, hace fatal tener un oído atento al Evangelio y el otro al pueblo».

Su denuncia profética molestó a les clases dominantes, ya que el obispo Angelelli decía: «Existen unos que no tienen voz, que son marginados y explotados y otros, que tienen privilegios y que explotan a sus hermanos. ¿Eso lo quiere Dios?¡¡No!!».

Cuando el año 1971 el gobierno permitió la transmisión de la misa del Gallo, el obispo Enrique dijo: «Esta noche la gente del campo no ha podido seguir la misa. La han prohibido porque tienen miedo de la misa y creen que es peligrosa. Cristo, tu eres peligroso».

El obispo Enrique promovió escuelas rurales y cooperativas, y denunció el narcotráfico, la prostitución, la usura y las condiciones laborales de algunas fincas.

Cuando fueron detenidos los sacerdotes Gill y Praolini el 1972, el obispo Enrique encabezó una manifestación para exigir la liberación de los dos presbíteros. El 1973, él mismo y diversos sacerdotes así como también cristianos comprometidos fueron agredidos por un grupo de terratenientes.
Ante la campaña de difamación contra el obispo Enrique, el papa Pablo VI le manifestó su apoyo.

Cuando el 24 de marzo de 1976 el ejército argentino dio el golpe de estado, algunos le aconsejaron que se escondiese, pero el obispo Angelelli dijo: «Si se esconde el pastor, vendrán y mataran a las ovejas». Por eso no huyó.
El 4 de julio asesinaron a cinco religiosos y el 18, a dos capellanes. El 4 de agosto següente, Angelelli fue asesinado, aunque el gobierno lo disfrazó como si hubiese sido un accidente. La carpeta que llevaba el obispo Enrique, que no se encontró, fue vista después en el despacho del general Harguindeguy, ministro de Justicia.

30 años después del asesinato del obispo Angelelli, el 4 de agosto de 2006, el cardenal Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, presidía la Eucaristía en memoria del obispo Enrique y de los asesinados por la dictadura argentina. El cardenal Jorge Mario Bergoglio en su homilía, hablaba de una «Iglesia que esse hizo sangre en Wenceslao, Carlos, Daniel (asesinados antes que Angelelli) y que finalmente se hizo sangre en su pastor».

La voz libre del obispo Enrique Angelelli, como un nuevo profeta, nos remite al Evangelio y a la lucha por la justicia, la libertad y la defensa de los Derechos Humanos. La voz del obispo Enrique y su testimonio evangélico, resuenan aún en nuestro mundo, como un grito a favor de los pobres y de los marginados y en contra de los opresores.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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