Déjame felicitarte o mejor, felicitémonos, porque la muerte ha sido vencida, el pecado perdonado, la desesperanza se ha trocado en cantares, y los miedos en testimonio. ¡Cristo ha resucitado!
(Ángel Moreno, de Buenafuente).- Déjame que te diga la noticia que ensancha el alma, da luz a los ojos, revela el horizonte del camino, y se convierte en compañera alegre, esperanzadora y luminosa.
Comparto contigo lo que no puedo retener: que al amanecer del primer día de la semana, las mujeres han encontrado el sepulcro vacío, y han escuchado que Jesucristo está resucitado.
Los discípulos están turbados, Pedro y el más joven han ido temprano al sepulcro y confirman que está todo como dicen las mujeres. De entre los discípulos, el más amado del Señor, asegura que la causa de encontrar vacío el sepulcro es que en verdad ha resucitado Cristo.
No solo lo afirma el discípulo amado; a medida que avanza el día, se confirma la noticia, porque Jesucristo se ha presentado en el lugar donde estaban todos reunidos, y el miedo, el temor, la humillación han desaparecido del grupo. Ahora todos están proclamando con gran entusiasmo la resurrección del Señor.
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