José Moreno Losada

Celso Morga, ¿es el que ha de venir?

"Necesitamos que el obispo que venga, traiga el aceite de la alegría y el vino del consuelo"

Celso Morga, ¿es el que ha de venir?
José Moreno, columnista

Necesitamos que venga con la sencillez de los creyentes y el ánimo de los que se han encontrado con el resucitado

(José Moreno, sacerdote de Badajoz).- Es lo que le preguntaba a Jesús de parte de Juan el Bautista. La respuesta de Jesús fue con su propia vida, aludiendo a los signos del reino de los que hablaban los profetas: los ciegos ven, los cojos andan y a los pobres se les anuncia la buena noticia.

El día dos de Junio reflexionaba en esta misma tribuna acerca del próximo obispo de Mérida-Badajoz, haciendo referencia a que en breve – próximo Mayo- don D. Santiago García Aracill cumpliría los setenta y cinco años con los que se jubilan normalmente los obispos. Hablaba de que siempre cuando llegaban estas situaciones se comentaban las posibles personas que podrían venir a sucederle y reflexionaba acerca de los sentimientos que normalmente se producen en los sacerdotes y en los religiosos así como en las personas más cercanas e implicadas en el vivir pastoral de la iglesia diocesana.

Ayer viniendo de viaje recibía llamadas telefónicas alertando de que  en Religión Digital se anunciaba que próximamente se nombraría obispo coadjutor de Mérida-Badajoz a un arzobispo de la curia vaticana, en concreto al arzobispo Celso Morga, que actualmente ocupaba el cargo de secretario de la congregación del Clero y que lleva veinte años de trabajo administrativo en Roma.

Y todos nos preguntamos inocentemente si es este el que ha de venir o si tenemos que esperar a otro, bromeando con aquello de que el secreto pontificio es aquello que sabe todo el mundo menos el papa. A lo mejor en esta ocasión también es así, que lo sabe todo el mundo menos el papa. O aquello de que como somos un arzobispado pobre y sencillo en España nos va a tocar siempre recibir «regalos griegos».

El papa nos ha dicho como debe ser el perfil de un obispo y lo que ha de tenerse en cuenta a la hora de elegirlo: «Que sean padres y hermanos; que sean apacibles, pacientes y misericordiosos; que amen la pobreza: interior como libertad para el Señor, y también exterior como sencillez y austeridad de vida; que no tengan una psicología de «príncipes»; […] que no sean ambiciosos, […] que no busquen el episcopado […]. Y que sean esposos de una Iglesia, sin andar constantemente en busca de otra -esto se llama adulterio-. Que sean capaces de «vigilar» el rebaño que se les confíe, es decir, que velen por todo aquello que lo mantenga unido; […] capaces de «desvelarse» por el rebaño» (21-6-2013: ecclesia 3.685 [2013/II]. Le preocupa que realmente sea un pastor y que «huela a oveja», que conozca la realidad y la ame, hasta el punto de dar la vida por ella. Por eso no hay duda de que el pueblo de Dios de Mérida-Badajoz y su presbiterio lo que deseamos es que el que venga -el que tenga que venir- sea como el Papa quiere que sean los obispos.

Es cierto que al escuchar esta noticia nos surgen algunos interrogantes, no malévolos, como no llegar a ver claro el que obispos y arzobispos sean nombrados para ejercer funciones administrativas curiales en el Vaticano, como ocurre en este caso de D. Celso, que durante veinte años su ministerio ha estado vinculado a la curia sin comunidad diocesana real de referencia.

Lo cual supone que vendría a aprender a ser obispo -después de serlo veinte años- con nosotros, especialmente con Don Santiago con quien estaría de coadjutor hasta que se marchase. Nos preocupa el que comenten que viene a España por no encontrarse a gusto con la nueva organización de la curia vaticana tras la llegada del nuevo papa y los nuevos nombramientos en las congregaciones, en especial en la del Clero.

Algunos hablan de que viene degradado, esperemos que si es él, no lo sienta así. Sería contradictorio que para Roma hayan buscado un pastor de la otra esquina del mundo y para Mérida-Badajoz viniera un técnico de la administración vaticana de Roma, porque ya no le agrada estar allí y ha pedido venirse. De todos modos, y como no sabemos quién es el que ha de venir, sería bueno que el que viniera supiera a dónde viene y quiénes le esperan.

Somos una diócesis con historia y con proceso, con un presbiterio que necesita ser animado y potenciado, en algún caso incluso sanado, pero con unas potencialidades y riquezas admirables. La riqueza de la vida religiosa, femenina y masculina, de contemplación y vida activa es impresionante. Pero en esta diócesis -como en todas- lo más importante es el pueblo, unas quinientas mil personas, integradas en una tradición religiosa católica pero ya en un contexto de secularización que avanza y toma posesión de generaciones medianas y jóvenes.

De estas personas hay un elenco de laicado de un nivel de formación y de compromiso que provoca admiración y que está dispuesto a complicarse e implicarse en una Iglesia que quiera serlo de esperanza y transformación. Estamos enmarcados en una región que a nivel europeo se encuentra dentro de las más necesitadas a nivel económico, cultural y educativo, aunque gozamos por otra parte de una calidad de vida, de un sentir vital y de unos valores, tanto a nivel humano y ecológico de los que nos sentimos orgullosos.

Sabemos que el reto fundamental en estos momentos es volver a la Iglesia que sabe beber en las fuentes auténticas del evangelio hecho vida, que se hace compañera de camino del hombre de hoy no para juzgarle ni condenarle, sino para ofrecerla la salvación por el camino de la gracia que dignifica y hace libre a la humanidad.

Necesitamos seguir siendo, y profundizar, en una iglesia pobre y para los pobres. Nos está costando convertirnos de verdad, salir del esquema de la norma, la doctrina, la institución, para entrar en la vida, en la creatividad, en la novedad del mensaje evangélico que se hace levadura, sal, grano de mostaza, grano de trigo enterrado.

Necesitamos que el obispo que venga, traiga el aceite de la alegría y el vino del consuelo, que venga con la sencillez de los creyentes y el ánimo de los que se han encontrado con el resucitado, que traiga la reconciliación y la paz que nos aúne sin uniformarnos, la que nos hace hermanos y nos libera de toda sospecha entre nosotros.

Es un momento importante y, para poder conectar y comulgar con nosotros, suplicamos que escuche a todos y siempre, que esté cercano a la realidad y se deje afectar por ella, que se haga cargo y entienda que el encargo que le han dado es dejar el personaje para que crezcan las personas a las que sirve y están a su lado, especialmente las rotas que posiblemente no las va a encontrar en su camino si no sale a buscarlas.

Pero todo esto que necesitamos, no hay duda que se lo pedimos al futuro pastor, desde el ofrecimiento de nuestra disponibilidad total para que el que sea se pueda sentir totalmente nuestro y nosotros totalmente suyos, desde un cariño y una apertura que es la que caracteriza siempre a este pueblo extremeño, donde nos somos ricos pero sí entrañables.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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