En el reposo de nuestro cansancio, descubrimos cómo Dios se compromete a doblarle la mano a la adversidad
(RyL)- Apreciados padres sinodales: Los saludamos con afecto sabiendo que enfrentan una compleja tarea: sintonizar con las necesidades del Pueblo de Dios y, con apertura al Espíritu Santo, encontrar la manera de orientar y apoyar a las familias del mundo para que, con la ayuda de la Iglesia y con los medios que Dios nos provee, podamos cumplir la tarea de ser comunidad de vida, de amor y de sentido para formar personas capaces de amar y servir.
Asumimos esta iniciativa motivados por la lectura de la carta publicada por el obispo de Amberes, Mons. Johan Bonny, titulada «Sínodo sobre la familia. Expectativas de un obispo diocesano». Al conocer su contenido, experimentamos el gozo por sentir a un pastor que conoce cercanamente las complejidades de la vida familiar. Nos alentó saber que las diferencias geográficas y culturales no hacen grandes distinciones de realidades y desafíos que, al final, son comunes.
Estaremos con ustedes en el Sínodo de variadas formas: con nuestras respuestas trabajadas comunitariamente en aquel sorprendente Cuestionario, plasmado sintéticamente en el Instrumentum Laboris; con nuestra oración y, sobre todo, con nuestra esperanza. Aún así, quisiéramos hacer todavía un intento por expresar nuestra voz en ese cenáculo, transmitiendo los pulsos de una familia común, con la mirada puesta particularmente en aquellas que más sufren.
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