Ramón Baltar

El cristianismo es contrapoder

"La política consiste en luchar por el poder y éste ensucia cuanto tocan sus garras"

El cristianismo es contrapoder
Ramón Baltar

El catolicismo español goza figurándose perseguido cuando los tiempos no le permiten desplegar su querencia perseguidora

(Ramón Baltar).- Últimamente menudean congresos, semanas, conferencias, mesas redondas y similares que versan sobre un tema de actualidad: el papel de los católicos en la vida pública, léase en la política. La poca información que llega a la calle recuerda el zarzuelero siempre me dices lo mismo, por lo que si no cambian de música y letra lo llevan más que crudo.

Organizadores y disertantes, salvo excepciones, coinciden en denunciar que no se sabe muy bien quiénes pretenden que la Iglesia no alce la voz en plaza y se reduzca a las sacristías, denuncia típica del catolicismo español que goza figurándose perseguido cuando los tiempos no le permiten desplegar su querencia perseguidora. Si hicieran autocrítica sin trampa, encontrarían que la cosa no va de odio a la religión, sino de indiferencia que ceban sus versiones menos santas, por decirlo lo más dulce que hombre puede.

Alardean con chulería vaticanista del heroico esfuerzo de la Iglesia para acelerar la llegada del sistema de libertades que ahora disfrutamos (?), lo que suena a sarcasmo en boca de representantes de una institución que alentó la Guerra Civil y se (re)volcó con la Dictadura franquista. Son de agradecer los intentos de los sectores eclesiales más decentes por acabar con esa infamia, pero el desmarque de la jerarquía seguirá pareciendo oportunismo mientras no medie una petición formal de perdón. Llegará antes la parusía del Señor.

Pongámoslo claro y distinto: los católicos, ciudadanos como los demás, no necesitan ningún permiso para bajar a la arena política con las miras de realizar los ideales evangélicos de justicia y fraternidad, de los que por cierto la Ciudad Terrena anda harto escasa.

Pero han de considerar bien el peligro que corre su causa, porque la política consiste en luchar por el poder y éste ensucia cuanto tocan sus garras. Peligro que no se neutralizaría creando un partido católico, porque los que hay tienen más de lo primero que de lo segundo.

La obsesión clerical con la política, enfermiza, cursa con desprecio del mandato de Jesús de Nazaret de resistirse a la tentación demoníaca del Poder. Al Hijo del Hombre le fue más hacedero vencerla porque, gracias sean dadas a Yahweh, no iba de cristiano viejo.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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