Gregorio Delgado

También la verdad se inventa

"Muchos matrimonios canónicos no se están contrayendo válidamente"

También la verdad se inventa
Gregorio Delgado

En materia matrimonial, la sociedad actual no muestra una excesiva adhesión a la concepción cristiana

(Gregorio Delgado, catedrático y abogado).- Hace ya unos cuantos años, intenté (¿El divorcio católico? Un sitio a la verdad, Palma 1998, 379 págs.) servir a la verdad en el siempre espinoso tema de las nulidades canónicas de matrimonio. Busqué sacar a la luz algunos aspectos de la realidad que se ocultaba y se oculta en el trasfondo de estos procesos eclesiásticos. Esta realidad oculta tiene que ver con aspectos materiales o de fondo y con aspectos formales o procesales. Búsqueda que proseguí años más tarde con El proceso de nulidad de matrimonio, Ed. Bosch, Barcelona 2001, 198 págs. En ambos casos me deje llevar del verso del poeta de mi tierra natal: ‘… también la verdad se inventa’ (A. Machado).

Entiendo que las afirmaciones anteriores puedan causar sorpresa a muchos. Pero, para mí, se impone la evidencia que he tenido la oportunidad de verificar y comprobar en mi actuación ante los Tribunales canónicos. ¡Claro que existe, en más casos de los que sería deseable, una realidad oculta, no siempre en armonía con la justicia y el mensaje evangélico! Realidad oculta que no se identifica -ni mucho menos- con el contenido de la visión negativa y maniquea que ciertos y conocidos grupos de poder en la Iglesia pretenden hacernos creer.

En este sentido, hay que decir con firmeza que, excepciones posibles al margen, las causas de nulidad no han sido ni son montajes para atacar al indefenso vínculo matrimonial. Realidad oculta que, sin embargo, se pretende mantener y justificar -al menos no se quiere contemplar- con falsos pretextos por quiénes más se distinguen por querer imponer su personal imagen de coherencia y honestidad cristianas.

En realidad, las valoraciones precedentes forman parte del contenido de un cierto estado de opinión, predominante en amplios sectores eclesiales, respecto de las causas de nulidad del matrimonio en la Iglesia. Estado de opinión -es preciso subrayarlo- que hicieron y hacen suyo -hablando en general- los grupos más fundamentalistas de la Iglesia y en los que tanto se apoyó Juan Pablo II.

Estado de opinión -por cierto, bastante extendido- en el ámbito de muchos Tribunales canónicos de segunda instancia así como en ciertas instancias vaticanas con responsabilidades judiciales. Como expresión gráfica del mismo quiero recordar un hecho esclarecedor. En cierta ocasión, un alto dignatario de la diplomacia vaticana preguntó a un Juez eclesiástico sobre cuál era el capítulo de nulidad que más veces había invocado para declarar la nulidad del matrimonio. El Juez en cuestión le respondió que, sin duda, la incapacidad para asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica (c. 1095, 3º). No sin asombro de los presentes, el ilustre dignatario comentó: «Ah, el divorcio católico».

Mi experiencia me dice también que semejante estado de opinión ha venido, en tiempos pasados, revistiendo múltiples manifestaciones y expresiones. Es más, a veces han sido tan radicales, intensas y prolongadas que, a mi entender, sólo son explicables a partir de una cierta patología. Es difícil sustraerse a la idea de que toda esta cuestión no haya estado afrontándose de modo obsesivo o compulsivo. Basta recorrer las Alocuciones de Juan Pablo II a la Rota Romana (Delgado, G., La nulidad del matrimonio canónico, Ed. Tirant lo Blanch, Valencia 2007, 374 págs.) para percatarse hasta qué punto existía un clima de opinión muy negativo al modo como se venían tratando las causas de nulidad.

Parece imposible, en efecto, defender semejantes posiciones (‘divorcio católico’) desde el conocimiento del modo como, en la actualidad, muchos que se dicen contrayentes se acercan al altar y contraen matrimonio canónico. Si no se ignora esta realidad innegable (y conocida por todos, por mucho que se quiera disimular por algunos), se impone una consecuencia evidente: muchos matrimonios canónicos no se están contrayendo válidamente. Ello es así porque muchos contrayentes, aunque contraigan matrimonio ante la Iglesia, no participan, ni aceptan, ni hacen suya la concepción católica del matrimonio. ¿Qué sentido tiene, entonces, negar la realidad y defender -casi a ultranza- la mera apariencia?

Así las cosas, resulta muy oneroso resistirse a la impresión según la cual la auténtica preocupación en ese mundo sería salvar la estadística y la apariencia, impedir que se pueda afirmar que también los matrimonios por la Iglesia fracasan, conseguir que no se ponga en entredicho la eficacia de la gracia sacramental del matrimonio. Pues bien, aquí radicaría, en mi opinión, un primer pecado mortal que se comete y, además, con consecuencias funestas.

Para empezar, no veo el por qué de tanta alarma, de tanta cautela y de tanto nerviosismo ante una nulidad de matrimonio. Es lo normal y habitual siempre que anda de por medio la condición humana. El ser humano no siempre se comporta en sus decisiones con la debida madurez y responsabilidad. Es algo de alguna forma inevitable por muchas cautelas que se adopten. Quien pretende y quiere celebrar matrimonio se ve -muchas veces- requerido por sentimientos y pasiones encontrados, no siempre manejables con facilidad. En la vida real, no resulta fácil oponer resistencia a los múltiples condicionamientos que puede experimentar quien va a casarse. No hay, por tanto, que alarmarse ante la existencia de un determinado número de nulidades de matrimonio.

Por otra parte, no se debe olvidar que, en materia matrimonial, la sociedad actual no muestra una excesiva adhesión a la concepción cristiana. Ni el clima generalizado ni las creencias individuales son muy propicios al respecto. Ello explica el descenso notable en el número de matrimonios contraídos canónicamente y el muy notable descenso de quienes acuden a los Tribunales eclesiásticos en demanda de una solución a su fracaso en la convivencia conyugal. ¿Por qué, entonces, tanta preocupación y tanta alarma?

 

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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