El padre Ángel celebra la Misa del Gallo junto a la valla de Melilla

Navidad entre concertinas

"Hay sitio para niños Jesús, para hombres y mujeres rotos de dolor, extranjeros en esta tierra"

Son muchos los hogares, muchas las personas que sí hacen hueco para los que son desahuciados, para los que no tienen techo, para los que vienen de lejos

(Jesús Bastante).- Al pie de las cuchillas cortapersonas, muy cerca de donde se devuelve a los Reyes Baltasar de hoy apenas cruzan la frontera, en la valla de Melilla. Allí celebró anoche el padre Ángel García, presidente y fundador de Mensajeros de la Paz, la Misa del Gallo. Junto a las monjas de María Inmaculada, y muchos refugiados, católicos, musulmanes y ateos… pues el niño Dios nace para todos, sin distinción… Mal que le pese a algún ministro. A varios, en realidad.

Tras una nueva visita a las vallas que guardan los jirones de camisetas, zapatillas, pantalones, restos de una batalla contra la hospitalidad, el padre Ángel se dirigió al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes, el famoso CETI de Melilla, para encontrarse con las personas que lograron desafiar las concertinas y esperan a ser devueltos a ese extraño «totum revolutum» denominado «África» o, con un poco de suerte, ser enviados a la Península.

Y, una vez allí, tratar de buscarse la vida, de vencer al descarte o a la trata de seres humanos. Y, quién sabe si poder regresar con éxito a sus hogares. Porque nadie, ni el niño Dios, quiso ser inmigrante.

Por la noche, en el Monte María Cristina, el sacerdote celebró una modesta y sentida Eucaristía. «Aquí, con vosotras, las monjas de María Inmaculada, sí había, y hay, sitio para niños Jesús, para hombres y mujeres rotos de dolor, extranjeros en esta tierra», señaló el padre Ángel en su homilía, donde bendijo a los presentes, y también «a los hermanos musulmanes que hoy nos acompañan».

Insistió el fundador de Mensajeros de la Paz, «sí hay sitio para Dios, y para vosotros«, y recordó la «desafortunada» intervención de Jorge Fernández Díaz hace unas semanas. «Estará contento el ministro del Interior, que dice a los que protestan por las devoluciones en caliente que les den su dirección y él les manda…. a personas como vosotros».

«Lo que la Unión Europea o nuestros gobernantes no resuelven, le echan la culpa a los ciudadanos», criticó el padre Ángel, quien no obstante subrayó «la parte positiva. Porque son muchos los hogares, muchas las personas que sí hacen hueco para los que son desahuciados, para los que no tienen techo, para los que vienen de lejos».

Dos mil años después, en Belén o en Melilla, crecen muros que no salvan vidas. En Belén, como en Melilla, los niños Dios no encuentran posada donde nacer a la vida. En Melilla, como en Belén, hay Herodes que maltratan y abusan de los más débiles. Pero también, como sucediera hace dos mil años, existen «ángeles» que nos llevan la noticia de que aún es posible la esperanza. Y los que escuchan, los hombres y mujeres de buena voluntad, siguen abriendo las puertas de sus casas, las tripas de su corazón, al niño nuevo. Que también es negro, y huele a sal y a patera, que pasa frío y tiembla. Que sigue entregado a la Esperanza. Y que escucha las «nanas de la patera«.

 

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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