Josep Miquel Bausset

Thomas Merton

“Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos”

Thomas Merton
Josep Miquel Bausset

Merton fue un hombre en camino, que vivió buscando a Dios por medio del silencio, la soledad y el rostro sufriente del nuestro mundo

(Josep M. Bausset).- «Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos». Aunque estas palabras no son mías, las asumo plenamente como propias. Estas palabras son de Thomas Merton, que nació en Prada de Conflent el 31 de enero de 1915, mañana hará hace 100 años, en el seno de una familia de artistas.

Merton, intelectual, artista, poeta, maestro espiritual y monje trapense de la Abadía de Getsemaní, optó por un compromiso social, y debido a eso su vida fue un grito a favor de la paz, en un mundo marcado por la guerra fría y la amenaza nuclear.

Por eso Merton escribió: «Mi intención es hacer de mi vida una protesta contra los crímenes y las injusticias de la guerra y de la tiranía política. Por medio de mi vida monástica y de mis votos, digo no a los campos de concentración, a los bombardeos aéreos, a los juicios políticos, a los asesinatos judiciales, a las injusticias económicas y a todo el aparato socioeconómico que no parece encaminarse sino hacia la destrucción global».

Bautizado en la Iglesia Episcopaliana, y huérfano de madre y de padre desde pequeño, perdió también a sus abuelos y al único hermano que tenia. Estos hechos determinaron que Merton sintiera siempre un cierto regusto por la soledad.

Thomas Merton pasó su infancia en diversos lugares del mundo, desde Prada, donde nació, a Inglaterra, las Bermudas y los EEUU. De espíritu inquieto e inconformista, Merton estudió en la Universidad de Cambridge y después en la de Columbia, en donde enseñó inglés. De nuevo en Inglaterra, y después de un tiempo de fervor religioso entre los anglicanos, Merton perdió la fe.

Fue el inicio de una etapa de su vida marcada por el consumo compulsivo y desenfrenado. A pesar de ello, en un viaje que hizo a Roma, quedó impresionado por la belleza de los mosaicos bizantinos de las iglesias, hasta el punto que se compró el Nuevo Testamento y comenzó a rezar. Pero eso le duró bien poco, ya que de vuelta a América, empezó a trabajar en un espectáculo de estriptis.

En Cambridge, su vida cayó en el vacío y en el desencanto, en la bebida y en la pasión descontrolada. En un nuevo viaje a los EEUU, y debido a su formación liberal, vió en el comunismo la mejor utopía a seguir, y por eso se afilió a la Liga de Jóvenes Comunistas. Pero al poco tiempo sufrió una gran decepción y dejó este movimiento.

Con una gran ansia por saber y por conocer, Merton anhelaba un mundo mejor y por eso se comprometió con las grandes causas de la humanidad. De ahí que fuese un gran activista contra la guerra y a favor de los Derechos Humanos y Civiles, sobre todo en lo que hacía referencia al movimiento antiracista. Merton escribía años después: «Hago de mi silencio monástico una protesta contra las mentiras de los políticos, de los propagandistas y de los agitadores, y cuando hablo es para negar que mi fe y la mi Iglesia puedan estar alineadas con estas fuerzas de injusticia y de destrucción».

En la Universidad de Columbia entró en contacto con amigos católicos y comenzó a ir a misa a escondidas. Las lecturas de autores como Etienne Gibson, William Blake o Jacques Maritain, le abrieron el camino de búsqueda de Dios. Y fue la lectura de la biografía de G. M. Hopkins, sacerdote y poeta, que motivó en Merton la necesidad de ir a una iglesia de Broadway para hablar con un sacerdote, a quien le expresó su deseo de hacerse católico. Así el 16 de noviembre de 1938, Merton era bautizado y entraba a formar parte de la Iglesia Católica.

Después de colaborar un tiempo en un centro católico del barrio de Harlem, en Nueva York, el 10 de diciembre de 1940, Merton ingresó en la Abadía Cisterciense de Getsemaní, para ser monje de la Trapa. Merton promovió la vida contemplativa, y gracias a su autobiografía, «La montaña de los siete círculos» (1948) atrajo muchos jóvenes al monasterio, en un camino de búsqueda de Dios en el silencio y la soledad.

Merton fue un importante escritor espiritual, influenciado por San Juan de la Cruz. A parte de su obra más conocida, «La montaña de los siete círculos», escribió también otras obras como «Semillas de contemplación» y «Las aguas de Siloé», las dos de 1949, así como también «El signo de Jonás» (1953).

Merton murió electrocutado de forma accidental en Bangkok, el 10 de diciembre de 1968, después de participar en una conferencia ecuménica.

Inconformista y con sentido crítico, y promotor del diálogo con representantes de diversas tradiciones religiosas, Merton fue un hombre en camino, que vivió buscando a Dios por medio del silencio, la soledad y el rostro sufriente del nuestro mundo. Para Merton, la vida contemplativa era aquel espacio que permite la plenitud de Dios. Por eso escribía refiriéndose a los monasterios: «En un mundo de ruidos, hacen falta lugares como estos, de silencio, disciplina interior y paz; no la paz de la comodidad, sino la paz de la claridad interior y del amor, basado en el seguimiento total de Cristo».

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído