Ramón Baltar

Los caballeros les ceden el paso

"La marginación de la mujer dibuja una de las periferias interiores de la Iglesia"

Los caballeros les ceden el paso
Ramón Baltar

Mientras la Iglesia no se decida a darle una solución creíble, será írrito su deseo de presentarse como adalid de los derechos humanos

(Ramón Baltar).-Por la presión de sus miembros más concienciados, el ejemplo de otras iglesias cristianas y el reconocimiento legal por la sociedad civil de los derechos de las mujeres, va calando en la ICAR la idea de acabar con la relegación a que somete a sus hijas. Poco a poco, porque la inercia institucional y los reflejos machistas funcionan como rémoras.

La propuesta de abrir un gran debate teológico en torno al acceso de la mujer al sacerdocio tiene todos los visos de ser una disculpa de los profesionales de la salvación para no tomar una decisión que les abre las carnes. En este punto sobra la «teología»: se sabe que Jesús de Nazaret no tuvo en mientes fundar una religión nueva, por lo cual malamente iba a ordenar sacerdotes. Dicho de otro modo: reservar el sacerdocio a los varones ha sido una cuestión de disciplina eclesiástica.

Los argumentos que se esgrimen a favor no vienen al caso: que si las mujeres son mayoría pero no pintan nada; que sin ellas muchas de las comunidades desaparecerían, que si la ternura femenina endulzaría la rudeza de una institución dominada por varones, … con otros de esta guisa y estilo. Eluden mencionar el decisivo: el cristianismo nació como utopía de fraternidad donde todos eran tratados de iguales y no había discriminación de ningún tipo. Bien mirado, nada se opone a que una mujer presida la congregación.

No se explicita pero detrás de la negativa a aceptar el sacerdocio femenino se recata la creencia de que la menstruación torna impuras a las mujeres, lo que las inhabilitaría para entrar en contacto con lo sagrado. Basta una consideración para que los cristianos rechacen este reparo supersticioso: si una mujer fue elegida por el Altísimo para llevar a su Hijo en el seno, ¿qué motivo habría para vedar que otras lo toquen con sus manos?

La marginación de la mujer dibuja una de las periferias interiores de la Iglesia, y mientras no se decida a darle una solución creíble será írrito su deseo de presentarse como adalid de los derechos humanos.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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