Gregorio Delgado del Río

¡Vaya empanada mental!

"Este tipo de normas de actuación no son de ‘consumo interno', ni ‘consejitos' para andar por casa"

¡Vaya empanada mental!
Gregorio Delgado

Ahora la política vaticana es la de total transparencia y lo de ‘reservado' para los obispos se inserta en un pasado vergonzoso

(Gregorio Delgado del Río).-Ha costado, ciertamente, lo suyo. Pero -al margen de las razones que lo han hecho posible, entre otras, la exclusiva de RD-, lo que importa es que los Protocolos de actuación de la Iglesia en España para tratar los casos de abuso sexual contra menores están a disposición de todo el mundo (http://www.conferenciaepiscopal.es/images/stories/Imagenes/2015/Protocolo_canonico.pdf y http://www.conferenciaepiscopal.es/images/stories/Imagenes2015/Protocolo_Civil.pdf). Se ha roto, por fin, el cerco de indecente oscuridad e intolerable reserva que envolvía toda esta materia y se ha optado -a pesar de los pesares- por la trasparencia. Celebramos, personalmente, que el Cardenal Blázquez haya respondido a lo que se esperaba de él, siguiendo el camino trazado por el papa Francisco.

Si aceptamos como veraz la información de ‘Infocatolica’, «…la filtración ha causado malestar en varios obispos españoles, que no entienden por qué el portal de noticias religiosas Religión Digital, que se caracteriza por hacer campañas de persecución mediática contra cardenales y obispos españoles, ha recibido la filtración de unos documentos que en principio estaban reservados a los obispos ….. Varios obispos consideran ‘intolerable’ que la CEE tenga que hacer público dicho texto debido a semejante filtración y temen que en el futuro se puedan producir situaciones similares, lo que provocaría una situación de falta de confianza entre muchos obispos, que afectaría a la elaboración de material para consumo interno de los miembros de la propia conferencia episcopal (http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=23373&utm_medium=ic&utm_source=nav&utm_campaign=navnot).

Después de la revisión por Benedicto XVI del m.p. Sacramentorum Sanctitatis tutela (21 de mayo de 2010), la Congregación para la Doctrina de la fe, «con el fin de facilitar la adecuada implementación de tales normas y demás cuestiones relacionadas con el abuso de menores», entendió que era «… conveniente que cada Conferencia Episcopal preparase (re) unas líneas guía con el propósito de ayudar a los Obispos de la Conferencia a seguir procedimientos claros y coordinados en el manejo de los casos de abuso» (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20110503_abuso-minori_sp.html). A tal propósito, «….. la Congregación para la Doctrina de la Fe ha preparado una Carta Circular con los temas generales que han de tenerse en cuenta para la redacción de las líneas guía o para la revisión que deberá hacerse si alguna Conferencia ya las tiene» (Ibidem). La intención de la CDF era, como expresó su entonces Prefecto (Card Levada, El abuso sexual contra menores: una respuesta polifacética al reto, en «Abuso sexual contra menores en la Iglesia», Ed. Sal Terrae, Santander 2012, pág. 29), «avanzar a través de un enfoque más proactivo de las Conferencias Episcopales en todo el mundo». Ya se tenía la experiencia de bastantes Conferencias (Canadá, USA, Brasil, Chile, Gran Bretaña, Irlanda, Alemania, Bélgica, Francia, Suiza, Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda y Filipinas), que habían aprobado Protocolos de actuación. Ahora se desea implicar a todas ellas a fin de «ofrecer asistencia a los Obispos diocesanos miembros de la Conferencia en el ejercicio de dicha responsabilidad y, por otra, coordinar una respuesta uniforme y eficaz frente a la crisis de los abusos sexuales contra menores …» (Card Levada, cit., pág. 30).

Este nuevo impulso «no implica una transferencia de autoridad o responsabilidad de los Obispos diocesanos y los Superiores religiosos a la Conferencia» (Card Levada, cit., pág. 30). Por tal razón, la CDF considera que «es obligación de Obispos y Superiores Mayores Religiosos participar en el desarrollo de dichas líneas directrices y respetarlas, por el bien de la Iglesia, una vez que hayan sido aprobadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe» (Card Levada, cit., pág. 30). En ese marco, «finalmente, se pide a cada Conferencia Episcopal que envíe un ejemplarcompleto de las líneas guía a esta Congregación antes de la conclusión del mes de mayo de 2012…. En el caso de que la Conferencia Episcopal desee establecer normas vinculantes será necesario pedir la debida recognitio a los Dicasterios competentes de la Curia Romana» (http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20110503_abuso-minori_sp.html).

Expuesto cuanto antecede, se puede afirmar que la situación existente en España a este respecto era verdaderamente singular, contraria a todo derecho, inscribible en la vieja política de lavar los trapos sucios en casa, expresión de una cierta complicidad en el encubrimiento e intolerable desde la perspectiva de la tutela y protección de los derechos del fiel. Lo siento. Pero, si algún Obispo piensa -tampoco me extrañaría nada- que este tipo de ‘documento preceptivo’, que estos conjuntos normativos y procedimentales -que venían aplicándose desde el año 2010- debían de permanecer ‘reservados’, ya que se inscriben en el orden del consumo interno de los miembros de la Conferencia episcopal, debe hacérselo mirar a fondo, pues revela que atesora una verdadera empanada mental.

¡Seamos serios, por favor! Este tipo de normas de actuación no son de ‘consumo interno’, ni ‘consejitos’ para andar por casa, ni nada que se le parezca. Son normas de carácter público, que establecen modos concretos de actuación para tratar los casos de abuso sexual contra menores, que fijan derechos concretos de los implicados, que señalan determinadas actuaciones a la vista de la legislación estatal en supuestos diferentes, que determinan consecuencias importantes respecto del denunciado a la vista del resultado de la investigación preliminar llevada a cabo, que han debido ser aprobadas por los Obispos en el órgano correspondiente de la Conferencia episcopal y remitidas a Roma a los efectos oportunos (‘recognitio‘). Por esta razón, es preciso dejar muy claro -sin dar pie a la más mínima duda- quién o en el seno de qué organismo de la CEE se aprobaron tales Protocolos. ¿Fue en el seno de la Junta episcopal de asuntos jurídicos? ¿Fue en el seno de una Asamblea plenaria? Y, en todo caso, ¿gozan o no de la necesaria aprobación romana? La respuesta es bien sencilla. ¿Por qué se entretienen o andan con tanto tapujo? ¿Por qué no han acompañado al texto de los Protocolos la petición de aprobación a la CDF con expresión de que fueron aprobados en la Asamblea Plenaria correspondiente? ¿Por qué no vienen acompañados de la aprobación oportuna de la Santa Sede?

Lo que es verdaderamente intolerable es que, a estas alturas, andemos con tales embrollos. ¿Qué se pretende ocultar o a qué obedece tanto lío y confusión? Si ahora se reconoce que vienen aplicándose desde julio del año 2010 y que, no obstante, estaban reservados y celados al posible conocimiento público, se está admitiendo una muy grave contradicción, una muy grave negligencia. No parece que sea pedir demasiado a los señores obispos que recuerden que cualquier norma jurídica ha de gozar de la publicidad necesaria para que sea conocida por sus destinatarios. ¿Acaso les parece tolerable y justificado que un sacerdote sea investigado de conformidad con unas normas que desconoce totalmente así como su posible defensor? ¿Es éste el modo como en la Iglesia se protege y tutela el derecho a la propia defensa?

El problema, a mi entender, sigue residiendo en la resistencia a reconocer que, en su día, se actuó a la ligera, se elaboraron unos Protocolos de actuación, que -por increíble que parezca- se calificaron de ‘reservados’ y no se publicitaron. La política que estaba en la base de ese embrollo ya no es sostenible con el papa Francisco. Ahora la política vaticana es la de total transparencia y lo de ‘reservado’ y ‘consumo interno’ para los obispos se inserta en un pasado vergonzoso.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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