En pocos meses se ha registrado una gran cantidad de escándalos eclesiales que la sociedad y los propios fieles no toleran
(RyL).- Como en ocasiones anteriores, los obispos se reúnen para contemplar la realidad social, política y eclesial de nuestro país, así como para atender la agenda pastoral de la Iglesia. Se trata de una experiencia colegiada que siempre despierta expectativas entre el pueblo de Dios.
En esta ocasión, la realidad nacional se encuentra remecida por la contingencia, donde escándalos económicos, políticos y eclesiales han minado las confianzas ciudadanas a niveles inéditos en tiempos de democracia. Es imposible no ver en esto elocuentes signos de los tiempos.
Importantes instituciones permanentes de la nación han caído en el descrédito, entre ellas grandes empresas, instituciones públicas, partidos políticos y la Iglesia comparten una severa pérdida de confianza entre los chilenos. Detrás de ellas, los ciudadanos perciben principalmente a empresarios, políticos y obispos.
El castigo ciudadano a estas instituciones radica en la contradicción que revelan en su actuación social, respecto de su deber moral. Si el deber social les impone la obligación de ser canales privilegiados para la consecución del bien común, en su actuación pública manifiestan el poder que poseen, orientándolo a servir sus propios intereses. Así, dejan en evidencia cómo la corrupción del poder desvirtúa el servicio.
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