Víctor Manuel Márquez

Un cura de cine

Julián Puras es un sacerdote de cine

Un cura de cine
Víctor Márquez, columnista

Predica el evangelio de Jesús con sus propias palabras, con la libertad y el respeto de quien se sabe solo mensajero

(Víctor M. Márquez).- El siglo veinte llevó al cine la vida de Jesús. De entre las bellas artes, ninguna como el cine, tal vez, ha expresado con tanta crudeza y belleza la vida misma, la vida tal como la vivimos cualquiera de nosotros. No pudo tardar, pues, el cine en sentir atracción por aquel que dijo de sí mismo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Y fueron muchas las películas que, durante el pasado siglo, nos contaron la vida del Dios hecho carne, una vida en todo semejante a la de cualquiera de nosotros. Pero, ¿quién no ha sentido, después de ver alguna de estas películas, una cierta decepción? ¿quién no ha sentido que al actor en el papel de Jesús le faltaba o le sobraba humanidad?

Con la representación de Jesús en el cine ha sucedido, en efecto, algo extraño, algo que no había ocurrido hasta ahora en la historia del arte. Nunca se le había negado a las artes plásticas la capacidad de mover a piedad con la representación de la humanidad de Cristo. Con su representación en el cine, sin embargo, hemos empezado a dudar de su capacidad para movernos a piedad. Precisamente con el cine, el arte del movimiento, el arte capaz como ninguno otro de representar el tiempo, que es la sustancia de la vida misma, hemos sentido una profunda reserva. Ver a Jesús tan cerca nos ha hecho dudar y aun retroceder. No, no puede ser. Dios se hizo hombre, es verdad, pero no pudo ser como un hombre cualquiera. No, desde luego, como el que representa este actor o aquel otro.

Estos días ha sido noticia un cura de Jávea, en Alicante, porque miles de firmantes han pedido con su gesto que no se vaya de allí. Julián Puras es un cura de cine, de esos que, por acercarse tanto a la gente, se alejan de la pantalla y de los grandes modelos. Él es él, inclasificable.

Predica el evangelio de Jesús con sus propias palabras, con la libertad y el respeto de quien se sabe solo mensajero. Por eso acaba siendo mensaje y llegando al corazón de la gente como un hombre cualquiera. De sus misas salen los fieles con una sonrisa, la suya, la que regala sin mirar a quién. Si nos cuesta ver a Jesús en el cine, no nos costará, en absoluto, verle, a su modo, viviendo en él. Vivir es, al fin, la manera más espontánea de representar un papel en la vida.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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