El caso de Juan Antonio Jiménez Lobato

Así se dialoga en la Curia de Mérida-Badajoz

"La higiénica profilaxis de aquello del 'santo temor de Dios'"

Así se dialoga en la Curia de Mérida-Badajoz
García Aracil, arzobispo de Badajoz

Las curias dictaminan, fallan, resuelven, decretan, ordenan, deliberan, ejecutan y, en ocasiones, hasta "ajustician"

(Antonio Aradillas).- Tanto de palabras como de obras, en las curias -también en las diocesanas-, «per se», no es posible el diálogo, por lo que este eje constitutivo de la propia idea de la Iglesia habrá de ausentarte a perpetuidad y «por imperativo legal». Las curias dictaminan, fallan, resuelven, decretan, ordenan, deliberan, ejecutan y, en ocasiones, hasta «ajustician», siempre «en nombre de la Ley», y también «en el de Dios».

El léxico, y la «liturgia» empleada, por legalista y canónica que sea, no dan opción alguna al razonamiento, interlocución o coloquio, actitudes y lugares en los que precisamente «se entiende la gente».

Como prueba de cuanto refiero e insinúo, aporto tres cartas «curiales», con sus identificaciones requeridas, en las que resulta difícil, -imposible-, hallar términos trasmisores de disponibilidades de entendimiento, con supuesta observancia para las normas procesales, aunque muy dudosas para las pautas evangélicas y aún para las dictadas por los manuales de la buena educación.

En una de las misivas, presidida por los superlativos rituales de «Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo», seguidamente se inicia el texto con el simple, leal y pedestre «estimado Sr.», con la despedida oficiosa de «a la espera de sus gratas noticias, en comunión de oraciones b.s.a.p.».

En la epístola arzobispal se reconoce la condición de «canónigo de la S.I.C. Metropolitana» con el «muy estimado Sr.», a quien se le imparte «mi paternal bendición y saludo», rubricada todo ello con signáculos, escudo de armas y emblema, en el que campea la expresión «Spes mea, in Deo», que en castellano quiere decir que «Dios es la verdadera y única esperanza», pero que en castúo algunos traducen «que sea lo que Dios quiera, Amén». La firma merecería capítulo y análisis aparte.

A la última carta que transcribo, la corona la consabida alusión a la «comunión de oraciones b.s.a.p «, quedando «a su disposición y a la espera de sus gratas noticias para mi conocimiento y efectos», con nítida y resoluta constancia de que «considero de imposible cumplimiento y, por ende, inaceptable, el contenido del escrito episcopal».

¿Alguna justificación de la publicación ahora de estos «diálogos» epistolares curiales? Posiblemente la de ser noticia el cese-jubilación ya próxima del arzobispo de Mérida- Badajoz, y la higiénica profilaxis de aquello del «santo temor de Dios», al igual que el de no tan «santo» temor a sus representantes. Así son las cosas, y su reconocimiento es, y será, siempre instructivo. Los cerrilismos y anatemas lo son más en cuanto que sean, se presenten y consideren con mayor carácter y consideración «religiosa».

Inserto seguidamente los textos, cuyo esquema, redacción, ordenamiento y procedimientos son los generales en el resto de las curias, por lo que no pretendo redescubrir las Américas, tarea que la historia les encomendó en gran parte a preclaros hijos de la refundada archidiócesis metropolitana de Mérida- Badajoz.


Primer documento

Badajoz, 27 de enero de 2007 Reg. 2-II-2007

Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo BADAJOZ

Estimado Sr. Arzobispo:

En cumplimiento de sus deseos, con vistas a la resolución sobre mi permanencia en la Catedral, le manifiesto por escrito el contenido de nuestra conversación del pasado día 26:

a) Mi ingreso en la Catedral, previa oposición, fue el 6 de Noviembre de 1.961 con el oficio de Tenor.

b) En el ejercicio de mi carga sufrí «paresia de cuerda bucal izquierda por sobreesfuerzo» (Dr.Rayo), que motivó la permuta por un Beneficio simple.

c) Levanté las cargas de mi Beneficio «per me» o «per alium» a mis expensas.

d) Suplí a compañeros con cargos específicos -Organista o Sochantre- y a los demás en las cargas comunes, con espíritu de servicio y compañerismo.

e) Mis ausencias estuvieron justificadas por «dispensa», a tenor del Motu P. «Pastorale Munus», nº 25, con documento en mi poder firmado por el Ordinario del lugar.

f) Con fecha 16.02.81 presenté al Sr. Obispo renuncia a mi cargo de Consiliario de Hermandades del Trabajo para evitarle presiones por mis ausencias en la Catedral.

g) El día 20 siguiente recibí respuesta escrita de no aceptación en la que, a su vez, me instaba el Prelado a continuar en mi actividad pastoral compatible con la Catedral.

h) La creación y mantenimiento de las dos Residencias, propiedad del Arzobispado sin aportación alguna de él, justifican la dispensa con creces.

i) En 1983, cuatro años antes del Fondo diocesano de compensación, presenté renuncia a mi nómina, aceptada por la Jerarquía diocesana con la correspondiente liberación de obligaciones.

j) El 6.12.1.987 se me excluyó del nombramiento de Canónigo, hecho público y notorio, (HOY, 08.12.87), y a los pocos días hubo rectificación (HOY 24.12.87).

k) Padezco «cardiopatía isquémica», consecuencia posiblemente de tan bochornosa como injustificable lucha. El cardiólogo me ha prescrito «evitar más sofocones», por lo que hubiera preferido no volver a tocar este tema.

l) Me faltan tres años y medio para cumplir la edad de jubilación.

m) No tengo inconveniente en permanecer al servicio del Cabildo Catedralicio sin menoscabo de mi labor pastoral, con actividades imprevisibles obviamente, avalada, en su caso, por la correspondiente dispensa, que evite los motivos de la citada y no aceptada renuncia.Es mi deseo no crear problemas absurdos y escandalizantes, como alguno reciente, por lo que dejo a su buen criterio la resolución más ética y justa, que ¡ojalá! esté enmarcada en el escrito del Cardenal Ratzinger, que le ofrecí.A la espera de sus gratas noticias, en comunión de oraciones, b.s.a.p.

Fdo. Juan Antonio Jiménez Lobato.


TEXTO CITADO

Lo confirma el Papa Benedicto XVI: «Ya en su día, Joseph Ratzinger, hablando de quienes trabajaban en la Curia romana, señaló que «todos los santos fueron hombres de imaginación, no funcionarios del aparato; fueron personajes que parecían quizás hasta ‘extravagantes’, aunque profundamente obedientes, y al mismo tiempo hombres de gran originalidad y de independencia personal. Y la Iglesia -no me canso de repetirlo- tiene más necesidad de santos que de funcionarios». Benedicto XVI sabe, y lo ha confesado alguna vez, que el Espíritu Santo es mucho más creativo que todas las burocracias de la Iglesia juntas. La lógica del tiempo hace que las instituciones fosilicen algunas formas de relación entre sus miembros y que las innovaciones pasen por el crisol de quienes tienen un amplio recorrido».


 

Segundo documento

 

Tercer documento

 

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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