Gregorio Delgado

¡No vuelvan a fallar!

"Reinaba la estrategia de lavar los trapos sucios en casa"

¡No vuelvan a fallar!
Gregorio Delgado

Los Protocolos 2010 -los que ahora, según la propia CEE, están en vigor- son viejos, caducos y trasnochados

(Gregorio Delgado, catedrático).- No creo exagerar ni faltar a la verdad si afirmo que la actitud tradicional de la Conferencia episcopal, en relación con el abuso sexual contra menores, no se ha distinguido por la transparencia. Ha estado, por el contrario, enmarcada -por muy mal que les caiga cuando se les recuerda- en la política general que venía del Vaticano: la ocultación. En el momento actual, parece estar enrocada en una huída hacia adelante, que solo acredita su falta de coraje para afrontar la realidad del pasado, para pedir perdón por el mismo y para situarse, de modo coherente, de cara al futuro.

La mejor prueba de su incomprensible actitud nos la ha suministrado la propia Conferencia episcopal al esconder, ocultar y sellar con el silencio cómplice los ya famosos Protocolos 2010. ¿Cómo se puede hablar de procedimientos concretos para tratar los casos de abuso contra menores, para asistir a las víctimas en todos los órdenes, para la formación de la comunidad eclesial con vistas a la prevención y protección de los más débiles si estaban en la más absoluta reserva y sigilo? Ha de quedar absolutamente claro: los Protocolos 2010 no los ocultó nadie que no fuera la propia Conferencia y lo estuvieron hasta primeros del año 2015.

Si debían ser tenidos en cuenta e inspirar la actuación investigadora de la conducta de sacerdotes, presuntamente culpables de tan grave delito, ¿por qué, entonces, no se daban a conocer a tales sacerdotes y a sus abogados defensores? ¿Cómo justificar que se apliquen normas, principios y criterios, que no han sido -que se sepa- legítimamente promulgados y no gozaban de la publicidad debida ‘para conocimiento general y, muy particularmente, de aquellos a quienes se va a aplicar? ¿Cómo entender, explicar y justificar tanto contrasentido? ¿Por qué no se detectaba rastro alguno de ellos en la Documentación de la CEE? ¿Por qué nadie tenía acceso a ellos? ¿Por qué era inútil consultar la página web? Todo estaba perfectamente sellado y oculto. Esta es la realidad innegable.

Si toda esta situación no es estar y funcionar en el contexto de la ocultación, que venga Dios y lo vea. Si todo este inmenso e hipócrita tapujo les parece a los Señores Obispos justificado, les replico con el dicho que cuenta Sbarbi: ‘apaga y vámonos’. Todo, sin embargo, encaja, adquiere lógica y coherencia si lo insertamos en la prioridad deseada: lavar los trapos sucios en casa, que es lo que, tradicionalmente, se venía propiciando y realizando por muchos. Se buscó, de modo explícito, que no se supiera ni saliera al exterior que la CEE había redactado unas directrices para los Obispos a fin orientar la respuesta a los posibles casos de abuso sexual contra menores.

Se quiso evitar y no dar pie a que se pudiera entender o interpretar que la existencia de dichos Protocolos significaba admitir también que, en la católica España, existía -por desgracia- tan nefando crimen. Como ésta era la hipócrita finalidad querida, a los Protocolos 2010 se les dio un tratamiento específico: no se aprobaron en ninguna reunión plenaria, no gozaban del reconocimiento de la Santa Sede, no fueron promulgados (c. 455) legítimamente, no tenían la fuerza obligatoria debida y ‘estaban reservados a los Obispos’ para su ‘consumo interno’.

Cuando, a primeros de este año 2015, la CEE se vio sorprendida por la publicación de los Protocolos 2010, cuando el inmenso gatuperio salió a la luz, cuando, a decir verdad, fue pillada en renuncio, su reacción -en una manifiesta huída hacia adelante- consistió en proceder de inmediato a colgar los Protocolos 2010 en la Web oficial, sin nota explicativa alguna. ¡Tremendo error! ¿Acaso hemos de pensar que se estimó que, como el arroz, lo mejor era no meneallo? ¡Vaya falta de seriedad!

A partir del momento de su forzada publicación, se maneja, como el que no quiere la cosa o dando por supuesto que todo está perfectamente en regla, un falso mantra, a saber: la CEE ya dispone de los adecuados Protocolos, que -oh, amor a la trasparencia- están a disposición de todo el mundo. Basta abrir la web oficial de la CEE. Que esto es así, parece evidente si prestamos credibilidad a las siguientes declaraciones: «Desde hace algún tiempo, la Iglesia dispone de un protocolo que se va ejecutando gracias a Dios» (Card Blázquez) y «Con la pederastia, la tolerancia es cero. No puede haberla. En la página web de la Conferencia Episcopal están todas las firmes determinaciones que han de tomar en este tema todos los obispos» (Mons Osoro). Existen ‘firmes determinaciones’, que se van ejecutando desde hace algún tiempo. Ya nadie les puede acusar de nada al respecto. Han realizado sus deberes. Sin embargo, la realidad es muy diferente y muy acusadora.

Hemos de decirlo -aunque no nos sea agradable- con claridad y con rotundidad: los Protocolos 2010 -los que ahora, según la propia CEE, están en vigor- son viejos, caducos y trasnochados. Son, en cualquier caso, anteriores (22 de junio y 22 de julio de 2010) a la Carta Circular de la CDF de 3 de mayo de 2011. No están inspirados ni responden, por tanto, a las directrices queridas por la Santa Sede a fin de que los Obispos dispongan de procedimientos adecuados para afrontar tan graves situaciones. No son, ni mucho menos, una respuesta concorde con los nuevos aires de cambio que soplan de Roma después del advenimiento del papa Francisco: un antes y un después en la respuesta de la Iglesia.

La lógica más elemental y el sentido del deber debiera haber llevado a los nuevos responsables de la CEE a reconocer los errores del pasado, a pedir perdón por ellos y a comprometerse -¡ya es hora!- a dar cumplimiento a la Carta Circular de 3 de mayo de 2011. Ellos sabían que no habían dado cumplimiento ni desarrollado la Circular de referencia y que, por tanto, estaban fuera de juego, alejados de lo que era la voluntad y el impulso de la Santa Sede. Ellos sabían que los Protocolos 2010 no gozaban de la debida ‘recognitio’ y, en consecuencia, no eran normas vinculantes. Ellos sabían que no era defendible el que, en cuatros años, no hubiesen elaborado las Directrices que dieran unidad a la praxis de la Conferencia episcopal y ayudasen a armonizar los esfuerzos de cada Obispo. Todo esto lo sabían. Sin embargo, prefirieron una opción diferente: dar por buenos los Protocolos de 2010 y así, de alguna forma, parar el golpe. Pero, el remedio, como es obvio, ha sido peor que la enfermedad. ¡Vaya chapuza!

Confieso que era de esperar de los actuales dirigentes de la CEE una actitud más seria y responsable. El mal ya está hecho y la credibilidad arrojada en el pozo. Sólo podrían redimirse si anuncian que ya están trabajando en la elaboración de unos nuevos Protocolos, como ha pedido recientemente el Papa en su Carta de 2 de febrero de 2015 (OR 6, 2015, pág. 4). ¡No vuelvan a fallar, por favor!

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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