Antonio Aradillas

Más-menos santos

"La revisión del Santoral es demanda urgente"

Más-menos santos
Antonio Aradillas, columnista

¿Cuanto cuestan hoy, más o menos, las beatificaciones y las canonizaciones?

(Antonio Aradillas).- En el entorno litúrgico de la Festividad de Todos los Santos, con el convencimiento consolador de que sigue, y seguirá, de plena vigencia cristiana el saludo de San Pablo a los «santos», discípulos suyos y seguidores del mensaje de Jesús, y fieles confiados y seguros en el sentido y contenido del artículo «Creo en la común unión de los santos», pienso que podrán ser de provecho estas reflexiones:

. No es dogma de fe la decisión oficial de la Iglesia relativa a la beatificación- canonización de determinados cristianos -«siervos de Dios»-, no teniendo tales ceremonias, por solemnes o solemnísimas que sean, otra intención que la aprobación y reconocimiento de actos públicos de culto y devoción, como otros tantos ejemplos de vidas, e intercesores ante Dios. La reafirmación de este principio catequístico evitará los sobresaltos que impensadamente pudiera suscitar toda crítica respecto al hecho, procedimientos, elección y selección de los «candidatos al honor de los altares».

. Durante un buen puñado de siglos, santos-santos fueron reconocidos, y oficialmente registrados por la Iglesia, en el Santoral- Año Cristiano, gracias a la participación directa del pueblo. Los procesos y tramitaciones canónicas fueron muy posteriores. Los eventuales errores que posiblemente se dieran en la selección por parte del pueblo, no fueron ni más ni menos graves o leves, que los que se dieron, y se dan, desde que la Iglesia oficial decidió intervenir directamente en la selección y tramitación de las «causas de los santos».

. Las políticas -la eclesiástica y la otra-, determinan y «hacen» santos a no pocos santos. El Santoral-Año Cristiano es posiblemente el libro de la historia eclesiástica en el que más se reflejan, y se deja constancia, de intereses no sacramentalmente limpios, así como de debilidades propias de las obras humanas, tanto o más que las divinas.

. La importancia de esta aseveración desborda toda medida, cuando se tiene conciencia de que exactamente los capítulos de los santos –«vida y milagros», son claves en el adoctrinamiento de la fe popular. La Iglesia -su pastoral y doctrina- se encarna y refleja de modo convincente y evangelizador, en todo lo que se relaciona con los santos y los misterios sagrados.

. La revisión del Santoral es demanda urgente en el organigrama de la reforma de la Iglesia. Sin ella, y sin todo lo que es y significa la liturgia, resultará impracticable el recorrido de los caminos de la verdadera religiosidad que conducen a la salvación en la igualdad, en la felicidad, en la solidaridad, en la pobreza y, en definitiva, en la comunión y en todo ordenamiento jerárquico inspirado esencialmente en la capacidad de servicio por amor a Dios.

. Al Santoral le sobran muchas supersticiones y leyendas áureas, aunque algunas de ellas resulten ser tanto o más educadoras de la fe, que hechos y acontecimientos de carácter histórico, si estos fueran expuestos con humildad, sencillez y arrepentimiento. Precisamente el Santoral no es lugar propio para hacer perdurables y ejemplarizantes determinas obras y comportamientos cristianos. Hoy se agudizan en mayor proporción, y con medios más efectivos, la posibilidad de desvelar la realidad de la historia, aún en «misteriosos» episodios, lo que, junto con la libertad de expresión que soberanamente y hasta «en el nombre de Dios», antes cercenaran los inquisidores, facilitan el acercamiento a la verdad y a la transparencia, que es lo que hace libres a las personas y a quienes aspiran a que sus nombres sean invocados un día en las letanías…

. En las mismas sobran santos. Tantos o más que faltan. Y estos no tienen por qué ser necesariamente cristianos, ni «católicos, apostólicos y romanos». El pueblo de Dios echa de menos la falta de imaginación y de sensibilidad de los funcionarios de los dicasterios curiales, al no haber encontrado ya fórmulas «para» o «extra» oficiales para haber destacado los nombres de no católicos, pero cuyas «vidas y milagros» son merecedoras de ser referencias ejemplares de religiosidad y de culto. ¿Para cuando, y con la aquiescencia correspondiente, una ceremonia similar a las canonizaciones- beatificaciones, promocionadas por la Iglesia católica, de algunos o algunas » que no sean o no hayan sido de los nuestros»?

. Tal y como corren hoy los tiempos, felizmente espoleados por el Papa Francisco, lo que escandaliza y extraña a muchos, aunque a otros les parece una entelequia, o una irreverente travesura, es que no haya cundido el ejemplo de haber alcanzado el «honor de los altares» personajes tales como los benditos Reyes Magos, que ni siquiera fueron cristianos, inscritos en el listado de creencias y culturas que llamamos «paganas».

. Con devota recitación de letanías sagradas, es de destacar los nombres y nuevas orientaciones ascéticas con que el papa Francisco enriquece el Santoral, «elevando al honor de los altares» a aquellos entre quienes la «pobreza» y la «familia» toman asiento en tantas o más luminosas proporciones que las monásticas o las de «fundadores- fundadoras», con medios «canónicos» más «eficientes» para la tramitación de sus «causas».

Y, para terminar esta reflexión, y sólo por curiosidad, una pregunta indiscreta: ¿Cuanto cuestan hoy, más o menos, las beatificaciones y las canonizaciones?

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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