"Una película extenuante y superficial"

Star Wars Episodio VII: Electroencefalograma plano

"El resultado está por debajo de la media de la saga"

Star Wars Episodio VII: Electroencefalograma plano
Star Wars DISNEY

Aunque el aparato de FX resulta casi entretenido y la conjunción de viejas glorias y nuevas promesas llega a cautivar pesa más la amenaza de que aún quedan dos entregas antes de la cuarta trilogía y así de generación en generación

(Peio Sánchez).- Más interesante que la película es el fenómeno de consumo que supone la saga Star Wars desde su lanzamiento el 25 de mayo de 1977. Anunciado, en este caso, el estreno con más de un año de antelación el goteo de noticias primero nos trajo imágenes de un renacido «Halcón Milenario» combatiendo con los cazas de la «Primera Orden» con nuevos y asombrosos efectos especiales, luego se nos contó el funcionamiento del droide esférico BB-8, más adelante se nos mostró el viejo casco calcinado de Darth Vader, un poco más cerca los nuevos modelitos de los soldados de asalto (stormtroopers), también comenzó a sonar la canción de los «Sables de luz» de una banda de chicos chino-coreanos llamada EXO y hasta un paciente, con cáncer terminal, que pidió poder ver la película tuvo su prestreno. Tomo un fenómeno de masas al que se incorpora la Disney con esta tercera trilogía que ahora comienza.

En cuanto a la película extenuante (135 minutos de penitencia), con un guión simple y repetitivo, con un aparato de fuegos artificiales espectacular, con muchas concesiones a la galería nostálgica («que la fuerza te acompañe» y tal) pero con un drama superficial y borderline (TLP) a pesar de que esta vez George Lucas amenazó con abordar los problemas morales y filosóficos de los Jedi.

Aunque es verdad que George Lucas-creador y actualmente consultor- ha vendido la profundidad cuasireligiosa de esta leyenda artúrica contemporánea siguiendo la sabiduría ancestral de los Jedi nuevamente demuestra, esta vez bajo la dirección de J.J.Abrams, que el nivel está más cercano a infantil que a primaria. Puesta en las manos de uno de los hacedores de «Perdidos» la seriación la tenemos garantizada, el toque de ciencia ficción por «Star Trek» (2009,2013) y así mismo el perpetrador de «Misión: imposible III» (2006) nos ofrece una hemorragia de acción cada diez minutos para recordarnos que el guion no se le va de las manos.

En cuanto al relato de aventuras han pasado 30 años de ficción después del final de la primera trilogía, recordemos que la segunda fue la protología del invento. Seguimos bajo la tiranía de la «Primera Orden» y ahora la resistencia se llama, oh creatividad, la Resistencia. Se va formando un variado grupo de nuevos combatientes rebeldes así un arrepentido guardia de asalto (John Boyega), una joven y misteriosa chatarrera (Daisy Ridley) junto con un experimentado piloto (Oscar Isaac) conocido, nuevamente arriba la imaginación, como «el mejor de la Galaxia».

Junto a ellos sus viejos cacharros sobre todo BB-8 y los viejos rockeros que cabalgan de nuevo así Han Solo, aquí salvamos a Harrison Ford, a la princesa-generala Leila a la que pone cara de madre preocupada Carrie Fisher junto con Peter Mayhew como Chewbacca, un viejo guerrero Wookie y amigo de Han Solo. En el otro lado del cuadrilátero, en el Lado Oscuro tirando a negro, tenemos como hijo malogrado a Adam Driver como Kylo Ren, que sueña con ser Darth Vader, en la cúpula del mal al Líder Supremo Snoke interpretado por Andy Serkis y toda una legión de malos que no vamos a nombrar. Y por todos las lados, luminosos o sombríos, las más variadas batallas.

El tema -como western galáctico o space opera- sigue siendo la lucha del bien con el mal salpicada de amores y desamores románticos y de desavenencias entre padres a hijos. La fuente filosófica se encuentra más cerca del confucionismo, sintoísmo o taoísmo que de ninguna de las religiones abrahámicas ya que el mal se presenta como un lado oscuro del mismo bien. Así más que ofrecer caminos de conversión propone vencer el lado negativo con la positividad de la luz que está en el interior. Por eso tanto el bien como el mal tienen un mismo origen interior, incluso hereditario. Así la serie resalta los conflictos entre padres e hijos que superan para bien o para mal la herencia recibida. Nada es exterior sino todo es subjetivo, nada es trascendente ni siquiera los sabios pensamientos.

El resultado está por debajo de la media de la saga. En cuanto a la dramática es más bien de folletín y en cuanto al alcance de reflexión prácticamente no se detecta actividad cerebral. Aunque el aparato de FX resulta casi entretenido y la conjunción de viejas glorias y nuevas promesas llega a cautivar pesa más la amenaza de que aún quedan dos entregas antes de la cuarta trilogía y así de generación en generación.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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