Gregorio Delgado del Río

Una gran conversión

"La Iglesia no siempre exhibe una autoridad intachable"

Una gran conversión
Gregorio Delgado

Dice que el laicismo es beligerante. ¿Se ha preguntado la Iglesia de qué es ella culpable?

(Gregorio Delgado del Río).- Tenemos un nuevo Plan pastoral 2016-2020. Se trata de un plan marco, basado en la Evangelii Gaudium, que busca, como ha dicho José Manuel Vidal, «…pasar de una Iglesia-aduana a una Iglesia-hospital de campaña como la que predica y vive el Papa de la primavera». ¡Bienvenido sea! Algo es algo. ¡No podía esperarse otra cosa! Solo hubiese faltado lo contrario. ¡Las apariencias hay que guardarlas como sea!

No comparto, en modo alguno, el tono del diagnóstico que se realiza de la situación religiosa del país. Probablemente sean ciertos algunos rasgos sombríos que la identifican desde hace ya mucho tiempo. Pero no hace falta subrayarlos de tal forma que parece que están regañando a la sociedad; que le están echando en cara su estilo de vida; que la culpabilizan por no seguir la doctrina que emana de su magisterio; que le reprochan su ‘poca valoración de la religión’, relegar las creencias a la ‘intimidad’, entender ‘la aconfesionalidad como secularización impuesta y como un laicismo, a veces, beligerante’; que les parece mal «el predominio de un cultura muy secularista, el subjetivismo relativista, la cultura del todo vale o la deformación de la conciencia moral». ¡Siempre la misma cantinela! ¡Siempre autoreferencial! ¡Siempre olvidando la viga propia!

En cualquier caso -y, desde luego, mucho más en profundidad de la valoración que realizó Mons González Montes en la presentación del referido Plan pastoral-, me parece preferible que hubiesen reflexionado en serio, como se le preguntó al Prelado almeriense, acerca de ‘la parte de culpa’ que es atribuible al papel de la Iglesia en la situación actual de la sociedad española. Por cierto, ¿se lo han preguntado alguna vez? ¿Acaso la Iglesia no ha sido durante siglos protagonista muy activa de la vida en España? Alguna huella -digo yo- habrá dejado en la sociedad y no siempre positiva. Sin embargo, al decir del Obispo de Almería, «el eclesial es uno de los colectivos más sanos de la sociedad»?

Creo, sinceramente, que tal diagnóstico no es riguroso y que existen suficientes manifestaciones en la vida eclesial en España que lo ponen en entredicho. Con la que está cayendo en tantos y tantos aspectos de la realidad eclesial, no veo cómo se atreven a venderse como uno de los colectivos más sanos de la sociedad. ¡Humildad, que no falte! Deberían saber que ciertos juicios y valoraciones de la sociedad en que se está instalado reclaman en quien los profiere, además de ‘una auctoritas intachable’ (en mi opinión, la Iglesia no siempre puede exhibirla con voluntad comparativa y acusadora), el entendimiento de que las reglas para concurrir en la plaza del debate público se han modificado radicalmente.

Si esto no se entiende, se podrá concurrir a ese debate y se podrán condenar muchas actitudes y muchos valores aceptados en la sociedad. Pero, no será escuchada y predicará en el desierto. Es más, me atrevo a sugerir que se estarán tirando piedras al propio tejado pues se tenderá -mal que les pese a nuestros Obispos– a interpretar tal modo de actuar como muy hipócrita ya que busca la propia exculpación y el derivar toda la responsabilidad a los terceros ajenos.

Si el Plan Pastoral se ha abordado a partir de la idea del excelente estado de salud de la Iglesia en España -al menos en comparación con la sociedad civil-, nos parece que carece de la necesaria autocrítica y que se ha cometido, una vez más, un importante error de partida y de perspectiva. Parece, por desgracia, que son los Obispos los únicos que ignoran que la Iglesia católica está muy enferma y lo está de una vieja y profunda enfermedad, crónica y terminal. Lo ha subrayado, entre otros, con su coraje habitual, Hans Küng en ¿Tiene salvación la Iglesia?, Ed. Trotta, Madrid 2013. No les vendría mal a muchos de nuestros Obispos una lectura aunque sea rápida.

Como me imagino la sonrisa burlona de muchos al leer tal recomendación, les hago otra que espero le concedan mayor ‘auctoritas’: me refiero al diagnóstico efectuado por el papa Francisco el pasado 23 de diciembre de 2014 al hablar de las ‘quince enfermedades de la Curia’. Cometerían otro error aún mayor si estiman que aquel catálogo de enfermedades sólo es aplicable al personal de la Curia romana. En todo caso, este año (OR 53, 2015, págs.. 3-5) -nos dice el papa Francisco- «…debería hablar de los ‘antibióticos curiales’, que podrían afectar a todo cristiano, curia, comunidad, congregación, parroquia y movimiento eclesial». Aquí sí que se contiene un verdadero programa de reforma -personal e institucional-, un verdadero Plan Pastoral, un auténtico Catálogo de virtudes necesarias en toda la Iglesia, una síntesis de los males y enfermedades que, por oposición, se busca neutralizar y sanar. Aquí sí se refleja la verdadera situación eclesial, aunque se pretenda ignorar.

Tal situación innegable que, en España, puede aparecer con algunos matices específicos, no permite, en modo alguno, presumir de salud en relación con nadie. A título meramente ejemplificativo, me permito enumerar algunas cuestiones (verdaderas enfermedades) pendientes de orientación y de sanación: la actitud frente al abuso sexual del clero y la protección de los menores; los cambios en el modelo de vida de la Jerarquía y del clero; el testimonio que conlleva una Iglesia servidora y pobre; la atención real y efectiva a las familias en dificultades, que vaya mucho más allá de los consabidos mantras; el entendimiento y aceptación de una laicidad positiva; el acomodarse, por fin, a saber estar y moverse en un régimen de libertades y de igualdad; la superación de las complicidades y omisiones de la Iglesia (Jerarquía y fieles) respecto de los graves problemas de convivencia en España; la actitud del Episcopado en Cataluña, su activismo y sus omisiones cómplice con el secesionismo; el abandono de la tradicional y tan frecuente hipocresía; la renovación del testimonio que se ofrece a través de los centros educativos que se gestionan; la puesta del patrimonio eclesiástico al servicio de los pobres y necesitados; etc., etcétera.

De todos modos -con el convencimiento de que el verdadero antibiótico para tan crónica enfermedad está más allá de las necesarias reformas institucionales-, deseo proclamar que el verdadero Plan Pastoral del futuro reside en el esfuerzo exigible a todos en favor de una verdadera renovación, de ‘una gran conversión’ (Mons Omella), que, siguiendo a Salvador Pániker, se ha de desplegar a la vez en el interior y en el exterior.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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