José Ignacio Calleja

El nuevo Obispo de Vitoria

"Está claro que es una opción pastoral con significado político muy pensado"

El nuevo Obispo de Vitoria
Calleja, columnista

El reto primero de la Iglesia española es la increencia y su expresión extrema, el laicismo

(José Ignacio Calleja).- Ya conocemos el nombre del que será, en breve, Obispo de Vitoria: D. Juan Carlos Elizalde Espinal. Nadie lo esperaba que yo sepa y pocos lo conocen entre nosotros. Lógico que se haya impuesto la prudencia. Como habrá tiempo para el trato, una actitud confiada se impone. La confianza además siempre es un valor de ley en la fe, su máxima expresión junto a la caridad. Y afecto y los mejores deseos ofrecemos para siempre a quien nos deja, D. Miguel Asurmendi Aramendia.

Los condicionantes del nombramiento serán muchos, pero algunos me han ido viniendo a la mente como curiosidad, esperanza y cuidado.

Como curiosidad que Roma -Francisco- está eligiendo Obispos capaces de conectar con la cultura bilingüe de sus destinos -caso de Omella y Elizalde-, pero en distancia bien marcada hacia el debate político nacional que allí se da (Catalunya y Euskadi, por el momento). Está claro que es una opción pastoral con significado político muy pensado. Más que favorecer a este o aquel Estado, preservar la pastoral eclesial de la subordinación a ese debate. Lo entiendo. Con el panorama político que se presenta entre nosotros, lo entiendo. ¡Hay tanto en juego y con tanta dificultad para acordar!

También prima la elección de los Obispos, lo sean ya o tras su inmediata consagración, entre hombres con perfil muy marcado de sacerdote-pastor. Se prefirió en Osoro, en Omella, en Blázquez a su manera, y ahora en Elizalde, entre los que conozco, y la excepción de Cañizares vino impuesta por su vuelta de Roma a España.

Esto del sacerdote-pastor está en auge y habría que darlo menos por supuesto; habría que hablar de qué significa en cada caso. Entre los profesores hay mucha pose, y entre los pastores, también. Además, ya no quedan sino sacerdotes-pastores, pues somos pocos y viejos. Pero es otra cuestión. Confío en que al sacerdote-pastor le acompañe la madurez personal e intelectual adecuada a su responsabilidad. Por el bien de las iglesias locales, es importante. Muchos temas humanos son complejos y se escuchan demasiadas voces episcopales que los resuelven de memoria como verdad natural y revelada. La sabiduría pastoral es otra cosa más exigente en varios sentidos.

También cuenta la conciencia social de los candidatos, en el sentido de que «los pobres» pasan al centro de sus convicciones pastorales, pero no tanto de sus planteamientos teológicos y sociales; la comprensión de la fe desde el ser o no ser de la justicia social, y no sólo de la caridad, no sé si va en el lote de las elecciones que conozco. Lo ignoro todavía en la nuestra.

De hecho, pienso que el Papa Francisco y su entorno está siendo muy decidido y claro en la dimensión social de la fe como justicia radical para con los pobres (Evangelii gaudium – Laudato si’), pero sus nombramientos episcopales no alcanzan ni de lejos esa opción hecha exigencia de estructuras sociales. Hablo de estructuras de justicia social para incluir y no sólo de atención a los pobres para asistir y redistribuir mejor. Es como si Francisco estuviera seguro de sí mismo en «lo social», pero no quisiera experimentos de otros.

Por fin, dicen que los muñidores del nombramiento vitoriano son Omella, Blázquez y Sebastián. Puede ser que estos hayan pesado mucho. Habrá otros. Es un equipo distinto al que representaba Rouco, pero con la mínima diferencia que se puede exigir si Francisco significa lo que parece. En cuanto a la Iglesia española, no obstante y de momento, las decisiones romanas para impulsar un cambio en su articulación pastoral y social, son muy comedidas. Tal vez lo exija el cuidar los ritmos para llegar con los más posibles a momentos nuevos, no lo sé; valoro mucho la prudencia pero encuentro que en el caso de la iglesia española, podemos terminar en la condescendencia con el inmediato pasado. Espero que haya tiempo y me equivoque.

Y esto por una razón de fondo y discutida entre nosotros; dicen que el reto primero de la Iglesia española es la increencia y su expresión extrema, el laicismo (la CEE), y no la evangelización sin privilegios y la injusticia social. Yo pienso que el reto de la evangelización es el primero, y su sustancia social como justicia, imprescindible; que los pobres nos evangelizan, esta es la piedra angular en Cristo para entender el Evangelio. El laicismo es un gran problema, pero todavía no acertamos a diferenciarlo de la legítima laicidad sin privilegios. En la práctica pastoral de muchas voces episcopales, no. Tomamos fácilmente el pluralismo ideológico por relativismo nihilista. Sigue habiendo mucha confusión, con Rouco y después de Rouco.

En su carta de saludo el «nuevo Obispo» escribe que «desde el primer momento me gustaría… acompañar a todas las comunidades cristianas a seguir saliendo hacia las periferias que nos señala el Papa Francisco: los más pobres, la gente golpeada por la violencia, la increencia deshumanizadora y la desunión entre nosotros. Y todo ello desde la alegría contagiosa del Evangelio». Acogemos el reto con todas las ganas y lo tomamos también como lucha por justicia social. Mucha suerte a D. Juan Carlos Elizalde Espinal en Vitoria, nuestra iglesia local. Bienvenido.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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