Reflexión sobre la integración de vocaciones extranjeras tras la polémica de las Mercedarias

Juan Rubio: «Urge la creación de una estructura coordinada por la CEE, Confer, congregaciones y diócesis»

"La Iglesia no puede cerrar los ojos y vivir de espaldas a las legislaciones en materia de Extranjeria"

Juan Rubio: "Urge la creación de una estructura coordinada por la CEE, Confer, congregaciones y diócesis"
Las monjas de clausura extranjeras, a debate

En muchos lugares se ha abierto la veda y se llenan los seminarios de jóvenes, y no tan jóvenes, de otras latitudes. Una cosa es la acogida respetuosa y fructífera y otra la que está falta de discernimiento y sensatez

(Juan Rubio Fernández).- La Iglesia no debería hacer oídos sordos a los titulares de prensa, algunos fuera de tono y escasos de rigor, que informan, como ha sucedido en un convento de Santiago de Compostela, sobre la decisión de algunas religiosas de clausura de abandonar su claustros, acusando a quienes las acogieron de tenerlas secuestradas.

No es fácil emitir juicio sobre estas situaciones, puesto que las razones se alojan en el fuero interno de cada una de ellas. Y en sobre las cosas de la conciencia, hay que andar con cuidado. Sin embargo, lo que si hay que reflexionar es sobre lo que concierne a un perfil concreto, que es el que presenta problema.

Y es el que presentan aquellas jóvenes que un día dejaron su tierra, su país y su continente y decidieron trasladarse a Europa para ingresar en conventos en donde creyeron podían seguir su vocacion. Pasado el tiempo, descubren que no es ese su lugar y deciden abandonar la comunidad. Esta opcion, por otra parte normal en cualquier aspirante que sea del país propio, se vuelve conflictiva, cuando quien abandona procede de otro país o continente. No es la primera vez que sucede lo que hemos sabido con motivo de este convento gallego. Tampoco será la ultima vez, pues el mapa conventual de muchos monasterios españoles tiene un alto indice de religiosas extranjeras, especialmente femeninas y de vida contemplativa.

Habria que dejar al margen lo anecdótico. Igualmente yo dejaría al margen la forma poco profesional con que se ha tratado el tema en algunos medios de comunicación. Lo que no hay que dejar es la urgente reflexión sobre esta realidad humana y eclesial que, de no abordarse debidamente, podría explotar mas tarde o mas temprano.

La Iglesia no puede cerrar los ojos y vivir de espaldas a las legislaciones que cada país tiene en materia de Extranjeria. Hay leyes y acuerdos internacionales que han de tenerse en cuenta. No vale con apelar al Derecho Canonico solamente, pues somos ciudadanos de un país, con sus leyes que hay que respetar y cumplir. El Derecho Canonico es atañe al régimen interno de la Iglesia, pero no puede entrar en colisión con las Legislacion, pues, como ha sucedido con el lamentable tema de la pederastia en el clero, habría choque de trenes y se podrían considerar delitos lo que para la Iglesia eran pecados.

 

 

No hay que olvidar que hubo una epoca, no hace mucho, quizás diez años atras, en que la crisis vocacional en la vieja Europa, la edad avanzada de muchas de las comunidades religiosas, el cierre de conventos y la escasez de vocaciones, hizo que con más prisa que discernimiento, se abrieran las puertas de conventos y seminarios a un excedente de vocaciones de otros países y de otros continentes. En algunas congregaciones y diócesis primaban mas las estadísticas que las personas . El lema de moda era, Pájaro que vuela, a la cazuela, dando cabida a todo el que llamaba a la puerta. Después, en algunos lugares, hubo que lamentarse y actuar con energia.

No se supo, y solo hay que recordar el episodio de las religiosas de Granada en 1907, que, en muchas ocasiones, la salida y la entrada en nuestro país, se hacia, vía Santa Sede, o vía Nunciatura, como si se tratara de ciudadanos del Vaticano. Hubo obispos que se quejaron en Roma, pero entonces, en la Congregación para la Vida religiosa, se apoyaba esta vía diplomática poco seria, y los obispos diocesanos ni se enteraban de las novicias que llegaban de otros paises, especialmente de America Latina, La India y Africa a sus diocesis.

Se olvidaba también en los conventos que las acogían, muchos de los aconsejados por directores espirituales aviesos y con exceso de celo apostolico, que la integración de estos joven en comunidades, especialmente mujeres y en conventos de clausura debía contemplar un proceso de aprendizaje, que no solo contemplara el aspecto linguistico, sino, fundamentalmente, el que se refería a la inculturacion y madurez afectiva, cultural y sociologica, teniendo en cuenta que , de no hacerlo asi, el choque podría ser fuerte, aunque sus efectos devastadores quedaran enterrados por el miedo propio del que se siente extranjero.

En muchas ocasiones el choque era terrible y se saldaba con la sumisión que acababa destruyendo en el silencio castrante a las aspirantes. Otras veces se saldaba con el abandono, viéndose en la callle, a la intemperie y sin ayuda. A otras, por lo menos, se les pagaba el billete de vuelta.

Es un tema complejo. No hay que cerrar las puertas a quienes desean ingresar en estos monasterios, procedan de donde procedan , pero tampoco hay que tener prisa. El discernimiento ha de primar y ha de hacerse con cautela. Urge la creación de una mínima estructura coordinada por una comisión compuesta por miembros de la Conferencia Episcopal, CONFER, Congregaciones Religiosas y diócesis, que ayuden, de una u otra forma, a la integración afectiva, intelectual, eclesial, cultural y social de quienes, aun teniendo todo el derecho del mundo a profesar en cualquier convento. lo hagan con las garantías necesarias para bien de todos.

 

 

Traigo aquí a colación un pequeño articulo que escribí en la revista Vida Nueva, el 15 de marzo de 2012 en la sección , cuyo nombre ha sido rescatado en esta sección de religión Digtal, A RAS DE SUELO. Decía yo entonces y me reitero ahora, ahondando en el tema que nos ocupa

No puede servir este viejo dicho del refranero español: «Pájaro que vuela, a la cazuela». En muchos lugares se ha abierto la veda y se llenan los seminarios de jóvenes, y no tan jóvenes, de otras latitudes. Una cosa es la acogida respetuosa y fructífera y otra la que está falta de discernimiento y sensatez. No todo vale.

Llenar los seminarios con criterios cuantitativos es un peligro. Hay grandes vocaciones forjadas en otras latitudes y que han cuajado aquí. Hay que respetarlas y asumirlas, pero también tener claro el proceso con las debidas informaciones y diálogo con las iglesias de origen.

Los equipos de formadores de los seminarios tienen en esto un reto. Abarca lo académico y lo humano, y no se pueden eludir. Son sacerdotes que han de servir a la diócesis. Otra cosa es la Vida Religiosa o las nuevas realidades eclesiales que comparten formación, pero no misión pastoral, en el futuro.

Las comunidades diocesanas pueden beneficiarse del ardor de estos jóvenes, pero no dejar todo al improvisado reclutamiento porque, al final, la prisa pasa factura y el ansia por llenar los viejos edificios hace que se caigan muchos de los proyectos. Un reto apasionante, pero también un reto cauteloso.

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Autor

Jesús Bastante

Escritor, periodista y maratoniano. Es subdirector de Religión Digital.

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