Comprender la Ascensión

Jesús asciende, ascendamos con Él integralmente

¡Somos su casa!

Jesús asciende, ascendamos con Él integralmente
Infinitud

La Ascensión indica el punto de llegada hacia arriba y hacia adelante que debiera tener el ser humano

(Eugenio Pizarro Poblete).- «Jesús subió a los cielos para llenarlo todo con su presencia». (Efesios 4, 10) La cita de San Pablo viene a contradecir una cierta tendencia a considerar a un Jesús que partió, que nos ha dejado, que se ha quedado allá arriba, «encielado» mientras que nosotros nos quedamos «gimiendo y llorando en este valle de lágrimas». No. No es así. Tal vez, nos ayude a comprender la Ascensión, distinguiendo entre una «partida» y una «desaparición». Una partida implica una ausencia. Una desaparición indica una presencia oculta. Recordemos Evangelio del domingo pasado:

«Me voy, pero vengo a ustedes».

En la Ascensión, Jesús ni partió ni se ausentó; no nos dejó ni huérfanos ni solitarios. Jesús, se queda para siempre entre nosotros por su Espíritu Santo: en el cielo, en la tierra y en todo lugar. Y principalmente con nosotros y en cada uno de nosotros; no sólo está al lado de nuestro, sino también puede estar dentro de nosotros, «haciendo morada en nosotros».

Recordemos la vía de la alegría de la Resurrección, donde Jesús nos fue enseñando cómo encontrarnos con Él, y a estar con Él; nos encontramos y estamos con Él, en la «Palabra», en la «fracción del pan», en la «Eucaristía», compartiendo nuestra vida, como pan de vida para los demás; en el «Perdón Salvador», en el «servicio», preparando, como Jesús, un desayuno; en los «sacramentos», en el «prójimo», en la «misión evangelizadora y apostólica»; en la «construcción del Reino», desde aquí y ahora, en el mundo y en la sociedad temporal; haciendo fraternidad y justicia social, según «los signos de los tiempos», etc.

Cristo se ha quedado con nosotros hasta la consumación de los siglos. Por la Ascensión entró en la omnipotencia y omnipresencia del Padre. Ha sido plenamente glorificado, exaltado y espiritualizado en su humanidad. Y por este motivo está más que nunca en amistad profunda con nosotros.

Cuando se habla de que Jesús ahora está «sentado a la derecha del Padre», no se trata de que está en un lugar físico, sino que está en una situación y en un estado de glorificado; se trata de un crecimiento de su poder y de su gloria.
Se trata de que está con nosotros, y repito: dentro de nosotros, aquí en la tierra, para siempre:

«Si alguno me ama guardará mis palabras y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él».

Una morada significa bastante más que una presencia. Uno puede estar presente en su trabajo, en la calle, pero la morada: la habitación la tiene únicamente en su casa. Y Dios ha querido tener una morada y una habitación en nosotros: ¡Somos su casa!

Cristo ha alcanzado en la Ascensión una situación y un estado de infinitud que le permite llenarlo todo con su presencia definitiva, y para comunicarnos su divinidad. Por lo tanto, no se trata de una Ascensión hacia un lugar físico que lo alejaría del lado nuestro.

Así como Jesús no abandonó a su Padre para venir a la tierra para salvarnos, tampoco nos abandona a nosotros para volver a su Padre. Lo único que hace es restablecer y asegurar la comunicación.

Esto debe darnos una gran alegría, Jesús está aquí en la tierra junto a nosotros; su presencia espiritualizada alcanza una profundidad y una longitud que su presencia carnal no hubiera podido alcanzar. Así podemos encontrarlo en todas partes.

Pero hay otra verdad muy importante que encierra la Ascensión. Indica el punto de llegada hacia arriba y hacia adelante que debiera tener el ser humano. Es nuestra constante ascensión. Nosotros los creyentes vamos hacia Cristo Jesús, que nos muestra el punto de llegada en la glorificación de su cuerpo, como un adelanto del punto a donde debemos llegar nosotros y, con nosotros, la misma sociedad temporal.

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Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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