Gregorio Delgado

El «infernamiento» político y social

"Aumenta el cabreo y el desprecio a la clase política"

El "infernamiento" político y social
Gregorio Delgado

Rajoy, a quien hicieron objeto de su antidemocrático veto personal, ha vuelto a ganarles por goleada

(Gregorio Delgado, catedrático).- Por mucho que se pretenda disimular o no se quiera hablar de ello, la realidad social es elocuente: muestra rasgos profundamente enquistados en su seno de una grave patología. Cada día es más obvio que la sociedad que formamos está profundamente dividida y separada, que parece que no tenemos ni tan siquiera un proyecto común que nos ilusione, que somos incapaces de un entendimiento mínimo entre nosotros, que propiciamos la intolerancia más absoluta del otro, que preferimos, como dijera Julián Marías, «descalificar, denigrar, difamar, destruir», aunque nos lleve a la nada.

Parece como si sólo supiéramos trabajar en favorecer el ‘infernamiento’ diario del entorno en que convivimos. Nos entretenemos con semejante juego destructivo. ¡Vaya irresponsabilidad! ¡Vaya espectáculo! ¡Vaya problema presente y futuro! ¿Cómo hemos podido llegar a tal estado de cosas?

La respuesta es muy sencilla: a base de persistir en el error, en la intolerancia, en el odio, en el desprecio y en la aniquilación del otro. Tan incomprensible e irresponsable actitud se viene fomentando desde hace mucho tiempo y de las más diversas formas y maneras. No sólo -aunque principalmente- por la clase política, maestra en tan negativos quehaceres. También por los medios de comunicación y por los creadores de opinión, que los secundan y sobredimensionan. Ya sé que estas valoraciones molestan a muchos. Pero, si no queremos errar de nuevo en el diagnóstico de los males que nos afectan y paralizan, debemos intentar ser rigurosos y llamar a la responsabilidad de todos. ¡Qué cada cual se mire a sí mismo!

Cuando en una sociedad se han fomentado y generalizado actitudes como las referidas -en España lo venimos haciendo intensamente desde los tiempos de ZP-, cuando se ha practicado, como en los anteriores procesos electorales, el postureo y el marketing mentirosos, cuando toda la acción política se ha cifrado en exagerar los defectos del adversario, todo se hace infinitamente más complicado y difícil a la hora, por ejemplo, de aceptar la derrota electoral propia y la victoria -oh, contradicción- del adversario vetado.

Se llega -como está ocurriendo ahora- a no saber aceptar el resultado electoral. Esto es lo que les pasa a muchos votantes de izquierda, a muchos hombres de la auto titulada Iglesia ‘progresista’, a Sánchez y a Rivera. Se muestran contrariados, indignados, enrabietados y cabreados ante los resultados del 26-J. Rajoy, a quien hicieron objeto de su antidemocrático veto personal, ha vuelto a ganarles por goleada. No lo entienden, pero es así. ¡Qué le vamos hacer!

Los jóvenes e inexpertos líderes del Psoe y de C’s están demostrando hasta la saciedad que no saben reaccionar y posicionarse con dignidad y talante democrático. Están cometiendo el gran pecado de ofender a la inteligencia del pueblo y de ir contra la realidad, que acabará por imponerse a pesar de ellos. ¡Grave error, propio de novatos! Vamos, qué Dios nos libre de semejantes de líderes. Siguen enrocados en el error, siguen en el pacto del 20-D, que fracasó con estrépito. Cual ‘niñatos’, se han instalado y juramentado para entorpecer la formación de un nuevo gobierno. Ellos mismos se están incapacitando como líderes de futuro.

Se lo ha dicho con claridad y visión de Estado el propio Felipe González: «no pueden decirle a la gente que se ha vuelto a equivocar». ¡Evidente! Los equivocados son ellos. España demanda el acuerdo para no perder la gran oportunidad de regenerar este país. ¿Por qué no quieren colaborar en tan ilusionante tarea? ¿Acaso no han dicho -por activa y por pasiva- que este país necesita reformarse? ¿Por qué, ahora, no quieren participar activamente y ofrecer sus soluciones? Lo tienen muy difícil de justificar.

Por último, creo que su actitud contribuye, de modo muy intenso, a «infernar» aún más a la sociedad. La gente no lo entiende. Aumenta el cabreo y el desprecio a la clase política. Es claro que, con su actitud actual, no hacen otra cosa que dividir y separar el cuerpo social. ¡Qué le vamos a hacer! Respeten la voluntad de la gente, el resultado electoral, y sean coherentes con la responsabilidad que les atañe. De lo contrario, el pueblo se lo demandará.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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